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Fallece a los 89 años el "abuelo coraje" de Xàbia: luchó por la vivienda y por la dignidad de los mayores

Durante todo un verano se plantó con una pancarta ante la inmobiliaria a la que le compró un piso que luego no le entregaba

Batalló en el juzgado hasta que le dieron la posesión del piso y luego se enfrentó a Hacienda y dio la cara por "los ciudadanos no digitalizados"

Le diagnosticaron hace meses un cáncer y no quiso que le dieran quimioterapia; reivindicó una muerte digna y donó su cuerpo a la ciencia

Manuel Mir Cruañes, en una protesta ante la Agencia Tributaria

Manuel Mir Cruañes, en una protesta ante la Agencia Tributaria / A. P. F.

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Luchó lo que no está escrito. Manuel Mir Cruañes, el "abuelo coraje" de Xàbia, ha fallecido a los 89 años de edad. Ateo convencido, acudió religiosamente todos los días de aquel bochornoso verano (principios de los 2000) a manifestarse con una pancarta ante la inmobiliaria que le había vendido un piso y no se lo entregaba. Lo compró sobre plano y lo tenía pagado. Su sueño era, al jubilarse (había trabajado en Barcelona), volver a su pueblo, Xàbia, vivir tranquilo y dedicarse a pintar (una de sus grandes pasiones) y escribir. Pero no tenía piso. Estaba en la calle. Protestaba a pleno sol. Tenaz como pocos. Y, tras el pleito y mil tribulaciones, logró que el juzgado le diera la posesión de la vivienda. Pero la finca estaba por terminar. Era ya de la Sareb. Comenzó otra batalla. Era el único vecino de una finca fantasma.

Manuel Mir ejemplificó la lucha por la dignidad de las personas mayores. También se enfrentó a Hacienda. Acudió a la delegación de Dénia y allí, ante los sorprendidos funcionarios, reclamó un trato más humano y amable para los ciudadanos que, como él, no estaban digitalizados. Otra batalla. Nada le doblegaba. Tras ganarle a una inmobiliaria, se enfrentó a otro gigante, la burocracia.

Los periodistas que le trataron de forma más cercana sabían que los llamarían y que Manuel les explicaría la nueva batalla en la que estaba metido. Y todas eran de una lógica aplastante: el derecho a la vivienda y la dignidad de las personas que, tras trabajar toda la vida, se jubilaban y se topaban con una administración y un sistema ciegos, los laberintos del mundo digital y los trámites absurdos a través de un ordenador o un móvil.

Muerte digna y donar el cuerpo a la ciencia

Hace unos meses Manuel volvió a llamar. Esta vez era para anunciar que le habían diagnosticado un cáncer y que esa sí era una batalla perdida. No quiso que le dieran quimioterapia. Reivindicó una muerte digna. Sabía que ese "trámite", el de morir, sí era inapelable. Su última voluntad fue donar el cuerpo a la ciencia. Manuel, el "abuelo coraje", un luchador al que muchos calificaban de cascarrabias, ha dado otra lección de convicción al morir. Tenía 89 años y deja un recuerdo muy quijotesco: luchó contra gigantes. No se achantó ante nada.

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