No hagan caso a Spielberg y liberen al tiburón
Los pescadores de las barcas de 'bou' de Xàbia asisten a un curso de concienciación y técnicas para liberar escualos capturados por accidente, un 'arte' en el que Amadeu Ros y el Cap Prim II tienen mucho oficio

Un ejemplar de 'Xata', en cubierta del Cap Prim II a punto de ser devuelto al mar. / Vicent Català

El cine setentero de la saga ‘Star Wars’ o ‘Fiebre del sábado noche’ causó un daño irreparable en el sentido de la estética de varias generaciones. El traje cortina de la Princesa Leia, la chupa de cuero o el pantalón retro ‘pata de elefante’ de Travolta… Más dañina incluso resultó ‘Tiburón’, la película de Steven Spielberg, de cuyo estreno se cumplen ahora 50 años. Aquel filme de suspense provocó estragos en el medio ambiente, en la medida en que inoculó un miedo atroz a los escualos, que desde entonces fueron consagrados en el imaginario colectivo como asesinos del mar, siempre al acecho y dispuestos a arrancarle de un bocado la pierna o la cabeza a un bañista despistado.
Nada que ver con la realidad. El tiburón peregrino, por ejemplo, tiene unos dientes muy diminutos que utiliza para el filtrado de agua ya que se alimenta de plancton. Cada año, con todo, suenan las alarmas en las playas cuando se avista la aleta de una tintorera u otro tipo de tiburón. Para concienciar sobre la importancia de proteger a estos peces majestuosos, dada su importancia medioambiental en la cadena trófica marina, se acaba de celebrar el taller participativo ‘Del mar a la cofradía, mejorando juntos la liberación de tiburones y rayas’ en el Pòsit de Xàbia. Una jornada organizada por el Instituto Español Oceanográfico (IEO) y en el marco del programa Tirraqui de conservación de las especies, dirigida especialmente a los profesionales de las cinco barcas de arrastre que faenan desde este puerto de la Marina Alta.

El proceso de desenredar a los escualos es complicado. / Vicent Català
Vecinos de la 'gamba roja'
En ese curso se dieron pautas sobre cómo manejar a estas capturas involuntarias que caen atrapadas en las redes de quienes salen al Canal de Eivissa a pescar por ejemplo la ‘gamba roja’, que habita profundidades de entre 500 y 800 metros. Y en esas aguas o incluso más hacia abajo, pueden atrapar de vez en cuando a un tiburón. “No es nada raro ni extraordinario, sucede 6 o 7 veces al año, y normalmente son ejemplares de ‘Xata’, que en castellano se conoce como cañabota y científicamente ‘hexanchus griseus’”. El comentario es de Amadeu Ros, una auténtica autoridad tanto en la pesca como en el conservacionismo de los ecosistemas marinos. En realidad, entiende ambos aspectos como el anverso y reverso de la misma moneda, porque nadie debería estar más interesado en preservar el medio marino que aquellos que se ganan la vida en el mar.

Participantes en el curso del IEO, en el programa Tirraqui. / Levante-EMV
Ros ha sido patrón del Cap Prim II, una barca de ‘bou’ (arrastre) ahora capitaneada por su hermano Batit Ros, y ha ejercido 37 años como marinero hasta que se jubiló. Del día a día, pero no de su militancia pescadora y ecologista, que lo llevó a luchar hace casi veinte años, con Greenpeace, contra las redes de deriva de los palangreros italianos y marroquíes en el Mediterráneo. Un sistema que era un cementerio para delfines, tortugas, peces luna o cualquier especie que se cayera en esa red que formaba una barrera de 30 metros de altura y varios kilómetros de longitud, que había sido prohibida en España pero era usada por barcos foráneos.

Tripulantes en plena faena para liberar al tiburón de las redes de pesca. / V. Català
La clave: actuar rápido
Desde los años 80, Amadeu Ros habrá atrapado sin querer unos 80 o 90 tiburones. Su máxima es clara: “Siempre hay que devolverlos al mar para preservar la especie”. Vivos, se entiende. Hay que actuar rápidamente cuando el animal llega a cubierta. “Se dijo en este curso y es obvio: cuanto menor sea el tiempo que esté fuera del agua, más probabilidades de que sea devuelto con éxito. Nosotros solemos ser rápidos, unos cinco minutos, entre otras razones porque tenemos la suerte de contar con una grúa”, explica Ros.

Un tiburón es elevado con la grúa del Cap Prim II para devolverlo al mar. / V. C.
Este veterano del mar admite que otras barcas de arrastre no pueden actuar tan deprisa porque no disponen de esta ayuda mecanizada. A veces, esperan a acabar de faenar con la gamba para solucionar el problema del escualo. Y puede que sea tarde. Pero también hay casos en los que se opta directamente por “matarlo y devolverlo muerto al agua. Llegan ‘Xates’ muertas a la orilla con un corte de cuchillo en el pescuezo, y esa es una mala práctica”, lamenta.
Una bestia en vez del oro rojo con bigote
Cuando uno espera que el botín de la red sea unos cuantos kilos de la cotizada ‘gamba roja’ (que, como es sabido, no es Dénia) y en su lugar aparece un bicho de 300, 500 o 2000 kg sin valor comercial, es obvio que el bolsillo invita a liquidar a esta captura indeseada sin contemplaciones. “Por supuesto que se pierde tiempo, a veces te rompen la red o la tienes que cortar para liberarlos y eso siempre supone pérdidas, pero es una cuestión de conciencia y de cómo entiendas este oficio y la vida misma”, apostilla Ros, quien en sus últimos años al frente de su barco pescó un tiburón peregrino de más de 2000 kilos (“tuvimos que coger un gran cuchillo y romper el final de la red”) y varias 'Xates', una de ellas hembra de más de 300 kilos en el noroeste del Canal de Eivissa.

Maniobra con la grúa para retornar el animal al mar. / V. C.
Inmóviles en cubierta
¿Y en toda su trayectoria de casi 40 años alguna vez ha visto morder a uno de estos escualos? “Las ‘Xates’ ni se mueven cuando las subes a cubierta, cuando le atas la cola para remontarla con la grúa para devolverla al mar se mueve algo y abre la boca”, explica el marinero ahora en tierra. En cambio, admite, “las tintoreras son más peligrosas, aunque normalmente no se capturan accidentalmente en las barcas de arrastre”. En el curso se ha recomendado manejar a los tiburones con guantes especiales. Un consejo del que tomaron nota, entre otros, Vicent ‘Campa’ Català o Marc Ros, hijo de Amadeu Ros, y tripulantes ambos del Cap Prim II.
En su dilatado currículum, este marinero ecologista tiene entre otros hitos la captura de una bomba de la II Guerra Mundial o un submarino. Sí, un submarino. Sucedió en 1989. En los caladeros ibicencos de Es Vedrà. El barco fue parándose y, a continuación, empezó a ir marcha atrás. A la media hora, comprobaron cuál era el misterio. El submarino ‘Galerna’, de la Armada española, se había enganchado a uno de los cables de la red del barco. Es solo una de tantas historias que jalonan la vida de este lobo de mar.
- Llíber multa en una mañana a una multitud de ciclistas por saltarse tres direcciones prohibidas
- De las balas (perdigonazos) a los balidos: las cabras vuelven al Montgó y ya pasturan en el antiguo campo de tiro de Xàbia
- Un nuevo turismo en Xàbia que levanta polvaredas
- El hospital de Dénia 'pierde' a una paciente de 68 años: sus hijos denunciaron la desaparición y la buscaron durante más de 20 horas
- Condenan a la aseguradora del hospital de Dénia a indemnizar con 483.000 euros a un paciente al que amputaron una pierna por un diagnóstico erróneo
- Agua residual a borbollones: nuevos vertidos contaminan el río Gorgos en Xàbia
- La gamba roja de Dénia, a 235 euros
- Géiser y sacudida: así ha sido la explosión controlada de un obús de la Guerra Civil en una playa de Dénia