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El Coll de Rates pone una pica en Flandes: una cima de la Marina convertida en hito del ciclismo internacional

Las hazañas de los profesionales, con el cuatro veces ganador del Tour Tadej Pogacar a la cabeza, ponen en el foco una ascensión que atrae cada invierno a miles de aficionados a la bicicleta

Avituallamiento montado en la cima del Coll de Rates

Avituallamiento montado en la cima del Coll de Rates / A. P. F.

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Parcent

Una pica en Flandes, sí. La expresión tiene connotaciones de conquista, de lograr una proeza. Y así, de entrada, el Coll de Rates ha conseguido algo increíble. No es una ascensión especialmente complicada. Las rampas son tendidas. Para los ciclistas profesionales es una tachuela y no llega a tener entidad de gran puerto. En una Vuelta a España, estaría catalogado como puerto de tercera categoría. Pero tiene algo especial. Sus algo más de 6 kilómetros, su ancha carretera y su desnivel medio del 5,5 % (lejos de los míticos muros ciclistas) lo convierten en un excelente banco de pruebas. Los ciclistas profesionales lo suben a escape, como una exhalación. Hacen series. Afinan la forma. Trabajan la potencia y la agilidad del pedaleo. Es ideal para entrenar. Y, aunque la cara norte, la de Parcent, suele ser húmeda (el asfalto suele estar empapado con un fino relente), si el día es radiante (lo normal en el invierno ciclista de la Marina Alta), se rompe a sudar y sobra la ropa térmica.

Sí, una pica en Flandes. Y es así dado que la temporada ciclista comienza con los tiempos de Strava (una aplicación en la que los ciclistas hacen públicos sus entrenamientos) que se marcan las figuras del pelotón internacional. Y la figura del momento es el esloveno Tadej Pogacar, el cuatro veces ganador del Tour de Francia, campeón del mundo, ganador también del Giro de Italia y campeón imbatible en todos los terrenos. Este mes de diciembre ha vuelto a destrozar su récord en la ascensión al Coll de Rates. Mete miedo desde el primer día. Marca terreno a sus rivales. Subió en 11 minutos y 57 segundos. Eso es volar. Su media superó ligeramente los 32 km/h. Los aficionados que ese día coincidieron con el esloveno lo vieron pasar como una flecha, al principio a rueda de sus gregarios y luego desencadenado y en solitario. Pogacar asusta de cara a su debú en la temporada. Va a por las grandes clásicas, la Milán-San Remo (su gran asignatura pendiente), el Tour de Flandes, que ya ha ganado dos veces, o la París-Roubaix, donde desafía a los especialistas en pavés, a los grandes rodadores.

Empresas especializadas en turismo ciclista

El Coll de Rates se ha convertido en un hito ciclista. Los equipos profesionales colocan en la cuneta carteles que señalan los segmentos en los que los corredores hacen series. Los aficionados y globeros siguen la estela de sus ídolos. Hay ya empresas especializadas en turismo ciclista que organizan estancias en la Marina Alta y la Marina Baixa de forofos de la bicicleta. Les acompañan con un coche de apoyo en las rutas. En la cima del Coll de Rates, despliegan avituallamientos. Los ciclistas llegan con la lengua fuera. Paran, respiran y reponen fuerzas.

Esta montaña está entre Parcent, la Marina Alta, y Tàrbena, la Marina Baixa. Hay una variante con rampas terribles, la cima del Carrascar. Tiene un aire al mítico Anglirú asturiano. Cuando se hace cima en el Coll de Rates se puede encadenar con esta torturante subida. La cumbre está a 928 metros de altitud. En los días despejados, la vista es espectacular. Se domina toda la Marina Alta y, al fondo, asoma el mar. El firme es rugoso, de hormigón. La rampa más dura alcanza el 21 % de desnivel. Aquí todos los ciclistas, los profesionales y los aficionados, se retuercen sobre su bicicleta.

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