Turismo de sol de invierno: las caravanas encuentran su espacio en Xàbia
Unas 50 "roulottes" estacionan en una calle entre el pueblo y el puerto urbanizada pero sin edificios donde no generan molestias ni tapan el paisaje

Caravanas estacionadas en Xàbia / A. P. F.

Quizá el turismo más auténtico es el que se olvida de la patraña del paraíso y se conforma con bien poco: el tibio sol de invierno. Más que turistas son viajeros. Los caravanistas siguen rutas "migratorias". Buscan el sur (el sol) en invierno. En verano, "vuelan" al norte. Es un turismo templado. Y va a más. Es innegable. En Xàbia, las "roulottes" han encontrado por fin su espacio (también, claro, cuentan con dos campings).
Los turistas de caravanas van a la suya. Es turismo de márgenes. Carol Dunlop y Julio Cortázar plasmaron en "Los autonautas de la cosmopista" un viaje subversivo. Recorrieron en 33 días en una furgoneta roja Wolkswagen (eso que ahora se llama camper) la autopista entre París y Marsella. Paraban a comer y a dormir en los aparcamientos. Los coches pasaban raudos. Aceleraban hacia el mar y las vacaciones. Los dos escritores se recreaban en el viaje y hacían vida en ese "no lugar" que es una autopista.
Los "no lugares" son el territorio de las caravanas. En la Marina Alta, con ese invento de las "puertas anticaravana", se les ha cerrado el paso a la primera línea (el Muntanyar en Xàbia o la playa de l'Ampolla en Moraira). Los "turistas turistas" se quejaban. Las "roulottes" les tapaban la vista. Invadían la postal turística. Para estos viajeros era un lujazo (quizá demasiado lujazo) estacionar junto al mar y sacar las hamacas y las sillas y mesas plegables y empacharse de sol y paisaje.
Pero es imposible poner puertas al campo. Este "turismo migratorio" se guía por el sol. Las suaves temperaturas de enero y febrero en la Marina Alta atraen a los caravanistas. La mayoría son jubilados europeos que se han echado la casa a cuestas. Viajeros tranquilos. No generan molestias. Es un turismo al que no se le puede dar la espalda. Están los campings, claro. Pero hay caravanistas que prefieren ir por libre. Llevan la casa a cuestas y buscan "no lugares", ni campo abierto ni ciudad cerrada.
Un "no lugar", el pueblo por hacer
En Xàbia, han encontrado, definitivamente, un espacio en el que no molestan a nadie y que está entre el pueblo y el núcleo del puerto. Estos días las caravanas estacionan en las calles Vall d'Ebo y Vall de Pop. Son calles urbanizadas. Cuentan con aceras. Pero todavía no hay edificios. Es pueblo por hacer. Y los supermercados y los núcleos urbanos están a la vuelta de la esquina.
Estos turistas no son de fiesta. Se retiran temprano. En estas dos calles, aparcan en estos días de invierno unas 50 "roulottes". Los caravanistas se agrupan. Siguen parecidas rutas. Comparten a través de las redes sociales los lugares (o "no lugares") en los que pueden hacer parada. Es un turismo de estaciones, migratorio. Un turismo atemperado que busca el sol de invierno. Más que turistas son viajeros. Una forma de vida: ir de aquí para allá con la casa sobre ruedas.
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