Tragedia en Xàbia: un barrio con el corazón roto
El incendio con dos fallecidos ha sacado a la luz la fuerte paradoja de la vivienda en Xàbia: minipisos de 35 m2 y viviendas precarias en plantas bajas junto a nuevas promociones en las que los apartamentos de lujo se venden por más de medio millón de euros

Los vecinos de Jávea Park desalojados el jueves, el día del incendio / A. P. F.

En la Xàbia dispersa de chalés y urbanizaciones, hay cuatro barrios con conciencia "proletaria" (diremos "trabajadora" dado que en esa laboriosa clase social también hay autónomos, pequeños empresarios). El barrio de Duanes de la Mar, de humilde origen marinero, es el más antiguo. Luego están el Freginal y Thiviers, donde en los años 70 se construyeron viviendas de protección oficial. Y el cuarto barrio es Jávea Park, en el Arenal. Allí han convivido desde 1974, el año que se levantaron las fincas de seis plantas y ático, una rareza en la Xàbia que no quiso ser Benidorm, familias trabajadoras y turistas. El Freginal, Thiviers y Jávea Park acogieron a los inmigrantes andaluces, extremeños y manchegos que llegaron a partir de finales de los 60 a levantar la boyante Xàbia del turismo. Este último barrio, situado en la playa del Arenal de Xàbia, fue desde el primer día un crisol de culturas. También llegaron jóvenes familias trabajadoras británicas. Y ahora residen allí muchos ciudadanos de Latinoamérica que han aportado una mano de obra (son más que mano de obra; también han enriquecido la cultura local) imprescindible para el municipio. De hecho, la hostelería de la playa del Arenal no podría sostenerse sin estos trabajadores.
Un rasgo que demuestra que Jávea Park es un barrio de manual: mantiene dos ferreterías y un quiosco de prensa, el histórico Humpty Dumpty, que vende diarios españoles e internacionales. También irrumpen nuevos negocios, claro, como un comercio de alquiler de bicicletas u otro de venta de patinetes eléctricos. El renovado parque infantil, de juegos y deporte de Jávea Park (se abrió el pasado verano) ha rehabilitado un barrio de familias y turismo al que injustamente se ha menospreciado siempre en Xàbia (se repetía que era una zona degradada). Sí que es cierto que ha habido fuertes paradojas. En los años 80 e incluso en los 90, se hacía misa los domingos en la plazoleta de Jávea Park y había locales y pisos de prostitución tolerada. La prostitución sigue siendo una lacra social, pero se ha "deslocalizado". Ahora el intolerable prostíbulo está en las redes sociales.

La finca de Jávea Park, el barrio del Arenal de Xàbia / A. P. F.
Este singular barrio con cierta conciencia de clase, barrio trabajador y turístico, tiene el corazón roto. El incendio del pasado jueves, en el que murieron dos vecinos, Arantza, de 70 años, y Gerson, de 42, ha conmocionado a los vecinos. Los 40 desalojados de la finca del fuego empezaron ayer a volver a sus pisos (todos, excepto los de la segunda planta, la de la vivienda donde se originó el fuego y que quedó devastada). Desde el jueves hasta ayer, el día del regreso, quienes han estado allí, acompañando y charlando con los desalojados, han podido descubrir los fuertes contrastes sociales de Jávea Park, donde residen familias muy humildes y que salen adelante con empleos precarios y también turistas y jubilados que han reformado sus viviendas y las han convertido en apartamentos de lujo. El piso que ardió, el de Arantza, era un estudio de 35 metros cuadrados. Esa tipología existe en Xàbia. Los minipisos no son una novedad. Y tampoco es nuevo que las plantas bajas se conviertan en viviendas. También son estrechas, de pocos metros cuadrados, y allí viven familias. Y están de alquiler y temen que llegue un día en el que los dueños les pidan que se busquen otra cosa ya que han decidido destinar el minipiso o estudio a alquiler turístico.
Gerson, el vecino de 42 años que murió asfixiado por el humo cuando trataba de salvar a sus vecinos, llegó a Xàbia hace 7 años con su familia. Son de Cali, en el Valle de Cauca (Colombia). Al desatarse el incendio, puso a salvo a sus dos hijos. Luego subió a golpear las puertas y avisar a sus vecinos. Y, cuando supo que una familia con menores estaba atrapada en un rellano, subió las escaleras de la finca, inundadas de humo, convertidas en una negra y tóxica chimenea, y se asfixió. A esa familia (se tiraron al suelo para evitar tragar el humo) la salvó un policía local. A Gerson, al que el ayuntamiento distinguirá a título póstumo por su valentía y generosidad, lo despidió ayer su familia, amigos y vecinos en un emotivo funeral en el tanatorio de Dénia. La familia repatriará el cadáver a Colombia, donde le darán sepultura. El consistorio ayudará a sufragar los gastos.

La alcaldesa atiende a los vecinos de la finca del incendio / A. P. F.
La heroicidad de este vecino revela, por otra parte, que los residentes no saben muy bien cómo actuar cuando se desata un incendio. En este concreto, ha quedado totalmente calcinada, destruida, la vivienda donde comenzó el fuego. La escalera y los rellanos están ennegrecidos. No obstante, en el resto de viviendas no hay daños importantes (sí se ha desprendido en algunos pisos el yeso del techo). A quienes se confinaron, que fue la primera instrucción que dieron las autoridades, los bomberos los sacaron de sus casas con plena seguridad y cuando ya no había peligro de que se intoxicaran con el humo. Este incendio ha dejado claro que hace falta formación en las comunidades de vecinos para saber cómo actuar cuando se declara un fuego.
Apartamentos de lujo de 515.000 euros
Las contradicciones de la vivienda saltan a la vista. Junto a Jávea Park, en terrenos que hasta hace poco se usaban como aparcamiento público, se han colocado carteles que anuncian nuevas promociones inmobiliarias. Son apartamentos de lujo. Se venden a partir de 515.000 euros. La gentrificación avanza en Jávea Park. Los inversores y los residentes de alto poder adquisitivo van sustituyendo a las familias trabajadoras. Este barrio de la playa del Arenal de Xàbia, siempre peculiar por esa convivencia de las familias humildes y el turismo, también está atrapado en la espiral de perder su heterogénea y diversa identidad. En estos días de angustia, de estar con vecinos que temían que el fuego hubiera arrasado el piso cuyo alquiler pueden pagar a duras penas (una vivienda de dos dormitorios no baja de los 1.100 euros al mes), la emergencia habitacional y los desvelos por asegurarse un techo dejan de ser estadísticas. Las familias tenían el corazón roto por la muerte de dos vecinos y expresaban la inquietud y temor de perder la vivienda. Y el regreso a casa tampoco es fácil: en la escalera y los rellanos tienen que llevar mascarillas, ya que el olor a humo es muy penetrante, y comienza el tortuoso camino de los seguros y las reparaciones.
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