Benitatxell cambia el paso y sustituye el eslogan por el SOS: el turismo es el Titanic y nosotros somos el iceberg
El pueblo que le ha dado calabazas a Fitur se toma muy en serio lo de evitar que el negocio, la masificación y la banalización borren la identidad y condenen a la población local a la precariedad laboral y de vivienda

El concejal de Turismo, Víctor Bisquert, al inicio de la jornada "SOS Turisme" / A. P. F.

Del eslogan turístico a la introspección, la reflexión y el código morse (el SOS de socorro). El Poble Nou de Benitatxell le cambia el paso al turismo. Los visitantes pierden el resuello al subir a pie la empinadísima cuesta de la cala del Moraig. Nueva perspectiva: nada de sofocarse. "Turisme per a respirar". Benitatxell pone a meditar a los turistas. Y les da un manual del valencià ("On està la platja?"). Este pueblo le cambia la perspectiva y el acento al turismo. Además, le ha dado calabazas a la feria de las vanidades que es Fitur. Un posible lema de este año hubiera sido "Benitatxell te cautiva" (escenas de la película "El cautivo", de Amenábar, se rodaron en la Cova dels Arcs). Pero no. Hay que superar las fórmulas huecas. Benitatxell lanza un "SOS Turisme". Ese fue el título de la jornada de reflexión de este sábado. Interesantísima. El turismo es un transatlántico, un Titanic de rumbo fijo y que se nos viene encima. La población local es el iceberg. ¿Por qué nadie contó la historia desde la otra orilla? ¿El iceberg solo fue un colosal y funesto bloque de hielo a la deriva? Megalomanía frente a la imprevisible naturaleza. Hoy ya no se puede soslayar el cambio climático. Y tampoco otras emergencias, como la de la vivienda.
El Poble Nou va a contracorriente. Se baja del transatlántico. La jornada, dirigida por Cèsar Palazuelos, de Salabre, y la técnica de turismo Benita Breiter, empezó con un sainete que reflejaba el choque cultural del turista y los "indígenas". "Ni queremos correr ni queremos perder el ritmo", afirmaba el personaje del "llaurador" que se lleva al turista a "esmorzar". Quizá esa es la clave. No acabar arrollados por el turismo, pero tampoco perder el tren. Y Benitatxell sufre este dilema. Está en el camino entre Xàbia y Moraira, dos potencias turísticas. Los coches colapsan el pueblo y los turistas pasan de largo. Y luego las redes sociales han puesto en el mapa y masificado las calas del Moraig, Llebeig y dels Testos.

El oceanógrafo Pep Bolufer / A. P. F.
El concejal de Turismo, Víctor Bisquert, defendió la tasa turística y recordó que ellos han sido pioneros en ordenar y limitar la afluencia a las calas (tasa de 15 euros por aparcar). También gravan la actividad de las viviendas de alquiler turístico. Un signo de implicación fue que a la jornada acudieron el alcalde, Miguel Ángel García, y todos los concejales del gobierno local. Están convencidos de que hay que repensar el modelo. Bisquert subrayó que el Poble Nou de Benitatxell está trabajando para reapropiarse del mensaje turístico, para definirlo desde la reflexión y que no venga impuesto desde fuera. Desde el punto de vista simbólico, hay mucho por hacer. El callejero retrata cómo es un pueblo (el reto es ahora borrar el machismo y bautizar calles con nombres de mujeres). Pues bien, en Benitatxell y otros pueblos de la Marina Alta los "evangelistas" del urbanismo han bautizado las urbanizaciones con nombres vacíos: Cumbre del Sol (el topónimo de esa montaña litoral es bellísimo, el Puig de la Llorença), Montecala o Pueblo Panorama. Más anodinos, imposible. No es renegar. Es reafirmar. No es renegar del turismo, sino reafirmar la identidad. Y uno de los primeros pasos es recuperar la identidad del territorio: los topónimos.
Todos los participantes coincidieron en que hay que rescatar el imaginario y hacer pueblo en todos los sentidos (comunidad, comercio local, agricultura o pedagogía en los colegios). Un tejido social potente refuerza la autoestima y el orgullo y evita la banalización del turismo.

El teatro del turismo: preservar la identidad y evitar que el pueblo se convierta en mero decorado turístico / A. P. F.
También se planteó que urge que la Marina Alta planifique el turismo de forma conjunta. Cada pueblo hace la guerra por su cuenta. Y problemas como el de la falta de vivienda asequible (alquileres por las nubes y precios de compra inflados por la especulación) provocan un efecto dominó. Las familias expulsadas de Xàbia, Dénia o Moraira buscan casa en Benitatxell, Gata o Pedreguer y la espiral inflacionista va conquistando toda la comarca.
Y se abordó la urgencia de poner freno a la construcción. El Poble Nou de Benitatxell no está desarrollando nuevos sectores urbanísticos. El territorio, coincidieron los participantes, tiene un límite y ya no se puede seguir creciendo a troche y moche. Esa fue una conclusión clarísima: no hay que construir más, sino rehabilitar y hacerlo para crear vivienda social y de alquiler asequible. La industria del turismo es industria pesada: impacto en recursos naturales finitos como la naturaleza, el paisaje o el agua.
La palabra "turismofobia" no surgió ni una sola vez. Fue una reflexión sensata y que dejó claro que la sociedad local y los ayuntamientos no deben abominar del turismo ni caer en la trampa del elitismo (turismo de calidad y de alto poder adquisitivo). El bolsillo no mide la actitud responsable y respetuosa del turista.
La precariedad laboral
Quizá se echó en falta escuchar a los trabajadores precarios del turismo, a las limpiadoras de chalés y apartamentos, a las cuidadoras de personas mayores (trabajos feminizados), a los albañiles, electricistas o fontaneros que cada mañana llegan en furgonetas desde incluso otras comarcas (aquí la vivienda es un lujo), a los camareros... Urge escuchar al "proletariado" que sostiene el negocio turístico.
El Poble Nou de Benitatxell cambia el paso. Busca otro turismo, un turismo que no avasalle. Y va por el buen camino. Se olvida de eslóganes y elige reflexionar y repensar. La jornada "SOS Turisme" revisa la perspectiva y saca a flote el iceberg, la realidad local que emerge frente al Titanic.
En la jornada intervinieron Luis Silvestre, gerente de Melicatesen (tienda de productos de la tierra) y de la Ruta dels Riuraus; el oceanógrafo Pep Bolufer, gran defensor de la posidonia oceánica ("los arribazones no deberían retirarse nunca de las playas") y Juan Cardona, de Creama y Pacte'MA (Acuerdo comarcal en materia de empleo y desarrollo local).
Otra reflexión: antes, de alguien instruido, se decía que era "muy cultivado" (el valor de la agricultura). Ahora se destaca que está "muy viajado" (el triunfo del turismo). Parece que quien no aprovecha sus vacaciones para ver mundo es un ceporro (el menosprecio de la agricultura). Las palabras dan pistas.
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