Análisis
Nadie quiere en Benissa que se construya en la costa virgen y, sin embargo...
El alcalde insiste en que no tiene una "varita mágica" para salvar los 55.000 metros cuadrados del Tossal de l'Asprar y desliza que si deniega la licencia el ayuntamiento podría enfrentarse a una indemnización de 35 millones
La oposición no logra sacar adelante la moción para que la conselleria de Medio Ambiente entre en los terrenos y compruebe si la tala de 300 pinos ha causado daños en la flora endémica y protegida

La protesta del pasado domingo contra la destrucción de la costa virgen de Benissa / A. P. F.

Este conflicto se las trae: normativa urbanística de los tiempos de Maricastaña versus conciencia ambiental. Benissa, entre la espada y la pared. Y la espada tiene mucho filo: el promotor que quiere a todas todas construir un resort "exclusivo" y villas de lujo en el Tossal de l'Asprar, un tramo de costa virgen en Benissa, amenaza con darle al ayuntamiento un sablazo descomunal.
Mientras, el alcalde, Arturo Poquet, del PP, llega incluso a admitir cierta frustración por estar atado de pies y manos, por no poder actuar en conciencia y salvar del hormigón un paraje de gran valor natural y paisajístico. Dice que no puede hipotecar al ayuntamiento y desliza que, de denegar la licencia ("las licencias son un acto reglado", repite), Benissa podría precipitarse en el mismo abismo que Benidorm con Serra Gelada. No dio la cifra del roto que podría suponerle al pueblo, pero dijo que basta con hacer una regla de tres y que, si Benidorm tiene que apoquinar 350 millones cuando la superficie de Serra Gelada es de unos 500.000 metros cuadrados, pues a Benissa le tocaría el equivalente para un terreno de 55.000 m2. No concretó. Pero la cantidad que le ronda por la cabeza es de unos 35 millones de euros.
Claro que la otra hipoteca también es terrible (incluso más). El portavoz de Reiniciem Benissa, Juan Carlos Mut, advirtió de que lo que se pierde sí vale un potosí. La riqueza genuina, eso que no tiene precio, está en el paisaje, la naturaleza y la posibilidad de rescatar el uso público de un litoral vallado desde que lo comprara hace décadas la familia británica Patmore, aristócratas que toman el té con la realeza de los Windsor.
Dilema entre conciencia ambiental y un plan parcial de 1978, el que declara suelo urbano el Tossal de l'Asprar. Si los alcaldes y concejales votan en conciencia cuando defienden sus "firmes" convicciones ideológicas, ¿por qué no pueden hacerlo cuando está en juego salvar un paraje natural? Hoy en día la conciencia más acuciante es la ecológica. El cambio climático y sus derivadas de pobreza y desigualdad climáticas (los ricos, al resort y los pobres, a pleno sol) sí son una factura gorda: hipotecas que asfixian de verdad.

Alfons Padilla
Y así están en Benissa. Atrapados. La normativa del año catapum es una trampa. El alcalde afirmó en el pleno de este martes, atosigado por la oposición, que a él tampoco le hace ni pizca de gracia que una promotora (Benissa Natura, S. L.) construya en ese paraje un hotel y villas de lujo. "Ojalá tuviera una varita mágica". Dijo que ahí, en el Tossal de l'Asprar, hay una zona verde de 9.000 metros cuadrados que ningún alcalde se ha atrevido a expropiar ya que todos saben que cuesta un riñón.
Y le recriminó al portavoz del Cibe, Isidor Mollá, que en la anterior legislatura, cuando era concejal de Estrategia territorial (gobernaba con el PP), no firmara la licitación para hacer una modificación puntual y proteger los terrenos. Poquet sugirió que Mollá se hizo el longuis y ya firmó ese trámite tras las elecciones y cuando no tenía potestad para hacerlo. El alcalde dio a entender que Mollá se curaba en salud y quería salir de rositas de las denuncias y pleitos por responsabilidad patrimonial. En suma, insinuó que el portavoz de Cibe sobreactúa.
Reiniciem Benissa, Compromís y Cibe le exigen al alcalde que rechace la licencia y dé carpetazo por la vía rápida a este embrollo del Patmore. Insistieron en el pleno en que, tras el plan parcial del 78, llegaron el PGOU de 1982, todavía en vigor, y el plan especial de protección de la franja litoral, de 1998 (era alcalde Isidor Mollá), y que esa normativa ya da munición legal y urbanística para denegar el permiso de obras.
Mollá respondió a Poquet que su firma sí estaba en el trámite para iniciar la modificación puntual y proteger los terrenos y que bastaba con que el alcalde pusiera su firma al lado y se iniciara ese camino para salvar el Tossal de l'Asprar. El portavoz de Cibe y exalcalde reiteró que él si tuvo la valentía en 1998 de aprobar el plan especial de protección de la franja costera y no se dejó amedrentar por las amenazas. Mollá llamó a Poquet "político mediocre".
Mientras, el PP hizo valer su mayoría para que se quedara sobre la mesa una moción presentada por Reiniciem, Compromís y Cibe que reclamaba que la conselleria de Medio Ambiente entrara en estos terrenos y comprobara los posibles estragos de la tala de unos 300 pinos. Juan Carlos Mut aseguró que desde afuera se ve perfectamente que estos trabajos han causado daños en la flora endémica protegida "Helianthemum caput felis" (jarilla cabeza de gato). La oposición también insiste en que la tala se ha llevado a cabo sin permiso pese a que el plan especial de protección del litoral lo exigiría.
El alcalde dijo que esa inspección la realizarán los técnicos municipales. Avanzó que, si detectan que a la empresa se la ha ido la mano, sí se aprobará la moción que pide que intervenga el personal experto en botánica de la conselleria. Pero ya adelantó que han estado encima de la tala el guarda rural y los técnicos y consideran que se ha ceñido a los pinos que estaban infectados de "Tomicus destruens".
Un dilema de "naturaleza" casi casi moral
La disyuntiva es de aúpa. Nadie en Benissa quiere que se construya en el Tossal de l'Asprar y, sin embargo... Un pueblo que ha sido la envidia de todos por su paseo ecológico litoral (recuperó el uso público de la primera línea), está atrapado en un dilema que trasciende el urbanismo. Es un dilema de conciencia ambiental y de hipotecas económicas y de naturaleza (sí, la cosa va de naturaleza) casi casi moral.
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