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Vivir en Xàbia en dos habitaciones con cuatro hijos, el marido enfermo de cáncer y la amenaza del dueño de echarlos a la calle

"Claro que nos gustaría ir a una vivienda para nosotros solos y con intimidad, pero el alquiler es de 1.500 euros y te exigen pagar fianza y cinco o seis meses por adelantado; es imposible"

La asociación Madres Poderosas, una red de apoyo a las familias, reúne a mujeres que hablan abiertamente del drama insoportable de la vivienda: "Vivo en un piso con mis dos hijos y el dueño alquila la otra habitación y entran personas que son auténticos desconocidos"

Laura Governa, de Madres Poderosas, a la derecha, junto a las mujeres que han dado el paso de hacer público el drama de la vivienda en Xàbia

Laura Governa, de Madres Poderosas, a la derecha, junto a las mujeres que han dado el paso de hacer público el drama de la vivienda en Xàbia / A. P. F.

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Estas mujeres han dado el paso. Hay que hablar abiertamente del drama insoportable de la vivienda en Xàbia. Las convoca la asociación Madres Poderosas, una red de apoyo a las familias. Hablan de vivir cada día con la angustia de verse en la calle. Y algunas de ellas ni siquiera habitan un piso. Están en habitaciones, en viviendas compartidas con extraños. La precariedad y la falta de intimidad se apoderan de su día a día. Trabajan. Son esenciales para que la ciudad turística que es Xàbia mantenga el pulso diario. Pero ese pueblo en el que quieren construirse un futuro les cierra de un portazo las puertas de una vivienda digna. Glendys y Laura, de Mares Poderosas, las reúnen en el parque Montaner, en un lugar tranquilo en el que puedan exponer el miedo a que los dueños les suban de golpe alquileres que ya son elevadísimos (y eso que pagan habitaciones) o que quieran echarlas ahora que llega la primavera y empieza la temporada turística.

"Tenemos cuatro hijos, el mayor de 14 años y el pequeño de 9, y Andrés, mi pareja, está enfermo de cáncer. Sufre un tumor de colon en estadio T3, es decir, bastante avanzado. Vivimos en dos habitaciones y pagamos 500 euros por una y 300 por otra. Pagamos sin problemas. Yo tengo, por suerte, un empleo estable. Pero el propietario insiste e insiste en que nos tenemos que ir ya", relata Carolina Marín Soto, una mujer que trabaja en hostelería y que da infinitas gracias a sus jefes por lo que confían en ella y por darle estabilidad laboral. "Estoy desesperada y ahora mismo mi trabajo es una vía de escape". Esta vecina le responde al dueño de las habitaciones, que vive en la planta baja de la misma casa, con una pregunta: "¿Y ahora adónde nos vamos a ir?"

Esta familia paga el alquiler. "Le digo al dueño que me iría si encontrara un piso. Ahora que mi pareja está en tratamiento de quimioterapia a él también le vendría bien tener más intimidad. Y nuestros hijos se hacen adolescentes y quieren tener su espacio y no compartir los cuatro una habitación. Pero lo más barato que encontramos son alquileres de 1.500 euros. No podemos pagarlos. Imposible. Gran parte de mi sueldo se va en esos 800 euros de las dos habitaciones", explica Carolina.

Y las otras mujeres convocadas advierten de que las inmobiliarias y los dueños no solo exigen alquileres por las nubes. Los inquilinos deben pagar una fianza y avanzar en garantía cinco o seis meses. Les obligan a aportar nómina. "Si no tienes 10.000 euros no puedes acceder a nada. Ahora pagamos ya alquileres elevados, pero los dueños quieren subirlos todavía más o hacer las viviendas de alquiler turístico", añade Leidy Villalba, quien vive con su pareja, dos hijos y la novia de uno de sus hijos. Paga 1.000 euros. "El propietario quiere que desalojemos la casa en mayo".

Glendis y Laura, de Madres Poderosas, lamentan que en Xàbia no haya viviendas sociales y de alquileres asequibles. Afirman que es urgente que se cree una bolsa de pisos cuyos dueños reciban incentivos del ayuntamiento por cederlos para alquiler social. Las viviendas de protección pública (la primera promoción desde 2010 se está impulsando ahora, pero hay dudas de que los precios de venta sean realmente asequibles) no se construyen de la noche a la mañana. Y el drama de la vivienda es tremendamente acuciante. Los precios de alquiler son abusivos.

Carolina Villamizar vive con sus dos hijos de 17 y 14 años en la habitación de un pequeño piso de la zona del Arenal. En la otra habitación, estaban la nuera del propietario y la hija de esta chica. La convivencia era buena. Pero se fueron y el dueño alquiló el cuarto a una persona de 60 años y a su hijo de 30. "A veces también traen a otro familiar o a amigos. Dormimos en colchones en el suelo. El piso es muy pequeño y llegamos a vivir seis y siete personas. Son desconocidos para nosotros. Mis hijos son adolescentes y se sienten mal y muy incómodos. Pago 300 euros por la habitación y el uso del baño y la cocina. No puedo permitirme otra cosa".

Los dueños no quieren niños ni inmigrantes

"Cuando buscas vivienda de alquiler, tienes la sensación de que los dueños lo que quieren es que entre un matrimonio de jubilados europeos. Prefieren alquilar a parejas con perros que a familias con hijos. No quieren niños en los pisos y también nos ponen muchas pegas a los inmigrantes", advierte Juliethe Grisales. "Nosotros somos una familia de cuatro miembros, mi esposo, mi suegro y mi hija de 7 años. Nunca hemos dado ningún problema. Nunca hemos dejado de pagar el alquiler. Trabajamos mi marido y yo. El jefe de mi esposo nos respalda y da la cara por nosotros. Pero quieren que nos vayamos, que dejemos el piso libre".

Estas mujeres se han decidido a hablar sin miedo de la precariedad y el drama de la vivienda en Xàbia. "Buscamos alquiler y tenemos la sensación de que nos someten a un "casting", que los dueños quieren a jubilados con elevadas pensiones y que a nosotros, a los trabajadores inmigrantes, nos cierran la puerta", añade Leidy.

Y la realidad es esa. Las camareras, cocineras, limpiadoras y cuidadoras de personas mayores (o sus parejas, que trabajan también en la hostelería o en la obra) sostienen esa boyante ciudad turística que es Xàbia. Pero viven en habitaciones o en pisos precarios y se enfrentan cada día a la angustia de verse en la calle. Es un drama insoportable.

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