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"Poquet, poquet", casi nada: la casa Poquet Beltrán del casco antiguo de Calp ya es escombros

La demolición ya está prácticamente terminada y ahora hay que retirar la montaña de cascotes

La casa Poquet Beltrán del casco antiguo de Calp ya es escombros

La casa Poquet Beltrán del casco antiguo de Calp ya es escombros / Levante-EMV

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Calp

"Poquet, poquet", casi nada. La casa Poquet Beltrán de casco antiguo de Calp, reducida a escombros. La empresa retomó el lunes las obras de demolición. Le ha cundido. Tampoco es que este inmueble, al que los expertos no le adivinaban valor arquitectónico (no era muy antigua; tendría unos 60 años), fuera de recios muros. Las paredes han ofrecido poca resistencia a los zarpazos de la máquina. Las interiores eran tabiques "de papel". Las exteriores sí tenían más consistencia.

Pared lateral que todavía en la tarde de ayer seguía medio en pie

Pared lateral que todavía en la tarde de ayer seguía medio en pie / Levante-EMV

Este miércoles el derribo estaba avanzadísimo. Se terminará presumiblemente hoy. El viernes hay que retirar los escombros a toda prisa. La parcela, despejada para construir el Museu Fester (rabiosamente de vanguardia y con vocación de "hito" arquitectónico), debe estar vallada y "limpia" para las procesiones de esta Semana Santa.

La demolición ha generado una montaña de escombros. La máquina estaba ayer "subida" sobre los cascotes. De la casa solo quedaba el arranque de las paredes laterales. La piqueta ha borrado del mapa, del mapa del casco antiguo de Calp, en pocos días una casa que llevaba décadas formando parte de la trama urbana y del imaginario de esos vecinos que han visto, resignados (llegaron a manifestarse contra el derribo), como la casa Poquet Beltrán quedaba hecha añicos, convertida en cascotes.

Puerta que seguía ayer en pie en un extremo de la casa demolida

Puerta que seguía ayer en pie en un extremo de la casa demolida / Levante-EMV

Sencillez y belleza espectral

Y ahora quizá sí se intuye que la gracia arquitectónica de esta casa radicaba en su sencillez, en sus líneas absolutamente modestas. En un lateral, la humilde puerta, el zócalo y el balcón que ahora cuelga sin sentido, ofrecen una belleza espectral, de últimas horas, de espacio habitado en su día que desaparece sin más. La piqueta remueve los fantasmas.

Además, estas aparatosas demoliciones siempre dejan imágenes impactantes. La de ayer, al dar por acabada la empresa la jornada, con la máquina subida en la montaña de cascotes y con la torre de la iglesia al fondo, era muy llamativa.

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