¡Qué verdes son mis montañas! El esplendor tras las lluvias en el Coll de la Garga de la Vall de Laguar
Benimaurell, el Poble de Dalt de la Vall de Laguar, es uno de los municipios que ha acumulado más precipitaciones este invierno y ahora, en la radiante primavera, esa sucesión de aguaceros se refleja en el paisaje

Los bancales han reverdecido tras las abundantes lluvias; al fondo, el Montgó / A. P. F.

El interior de la Marina Alta es otra película. "¡Qué verde era mi valle!", filme de 1941 de John Ford. Quienes suben hasta aquí arriba, al Coll de la Garga, por la carretera que deja atrás Benimaurell, el Poble de Dalt de la la Vall de la Laguar, exclaman "¡qué verde es mi montaña!". El paisaje ha cambiado una barbaridad. Esta primavera es esplendorosa. Las copiosas precipitaciones del invierno han calado a fondo en estas montañas. Y tanto. Benimaurell es uno de los pueblos de la Comunitat donde la pluviometría ha sido más elevada en los lluviosos meses de diciembre, enero, febrero y marzo. Las borrascas se encadenaron. Y, a cada nuevo episodio, Benimaurell aparecía en lo más alto. Y es que este pueblo está muy alto. Y, además, las montañas que lo rodean dan a las vertientes de los ríos más importantes de la comarca. Al sur, el Gorgos. Al norte, el Girona, aquí encañonado en el Barranc de l'Infern.

Las tierras altas de la Marina Alta, las montañas de la Vall de Laguar, muestran una intensa tonalidad verde / A. P. F.
Las abundantes lluvias han transformado el paisaje. Ahora, en la radiante primavera, el Coll de la Garga, la cima que se alcanza carretera arriba tras pasar Benimaurell, ha reverdecido. Sorprende el verdor de los bancales escalonados por muros de "pedra seca". Estas tierras altas, los "highlands" de la Marina Alta, coronan una geografía en la que se vislumbran los hitos de la comarca: el Montgó, Segària, el valle del Girona, la costa de Dénia...

Los ciclistas ascienden por la estrecha y empinada carretera que lleva a la Venta del Collao / A. P. F.
El gozo del paisaje
La carretera sube y sube. Y serpentea. Y cada vez está más empinada. Lleva hasta la Venta del Collao, a casi 800 metros sobre el nivel del mar. Esta cima es un gozo para los aficionados al ciclismo. Es un gozo para todos los admiradores del paisaje. A cada estación y cada año, hay un matiz diferente. Esta primavera la montaña ha reverdecido.

El zigzag de la parte final de la ruta del Barranc de l'Infern / A. P. F.
Y viene muy bien cambiar la perspectiva. Hay vida más allá de la costa y la playa. Desde aquí arriba todo se ve con más sosiego y amplitud de miras. También se atisba el último zigzag de la senda de la ruta de los 6.000 escalones del Barranc de l'Infern.

Los bancales están esplendorosos tras las copiosas lluvias del invierno / A. P. F.
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