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El agua tiene memoria: un tramo del paleocauce del Gorgos en Xàbia, inundado

Este camino está ahora cortado por obras y, tras las últimas lluvias, ha quedado totalmente anegado

El tramo que ha quedado inundado del paleocauce del río Gorgos

El tramo que ha quedado inundado del paleocauce del río Gorgos / A. P. F.

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

El agua tiene memoria. El río Gorgos desemboca en Xàbia entre el núcleo de Duanes (el puerto) y el arranque del Primer Muntanyar. Pero de eso hace "cuatro días". Es un decir. Se desvió. Antes desembocaba en lo que ahora es la avenida Jaume I, en pleno centro de Duanes. Y antes, pero que mucho antes, el río corría hacia el sur. El paleocauce, la antiquísima salida natural al mar, partía por la mitad el Pla agrícola, iba por lo que ahora es el Camí de la Fontana y terminaba en lo que hoy es el canal de la Fontana, la marina de amarre de embarcaciones deportivas. La desembocadura estaba, por tanto, en el extremo norte de la playa del Arenal.

Pero eso es de los tiempos de María Castaña. Lo que pasa es que el agua tiene memoria y el paleocauce vuelve a ser cauce con todas las de la ley cuando llueve a mares y el Gorgos se desborda. El caudal busca el camino ancestral. El camino de la Fontana se convierte en barranco, en aliviadero de la crecida del río. Ocurrió en la riada de octubre de 2007. Tal fue la fuerza del agua que el puente sobre el canal de la Fontana se convirtió en una colosal trituradora. Las embarcaciones, arrancadas de los amarres, acabaron estrelladas contra el puente y destrozadas.

El camino funciona como un barranco y aliviadero cuando el Gorgos se desborda

El camino funciona como un barranco y aliviadero cuando el Gorgos se desborda / A. P. F.

Ahora ha caído un chaparrón. Nada del otro jueves. Pero un tramo del paleocauce, en concreto el que engancha el Camí de la Fontana y la calle Florencia, cerca del varadero del canal de la Fontana, ha quedado inundado. "Parece un río", ha comentado algún paseante. Y no es que parece, es que es un paleorío. Cuando las precipitaciones sí son intensas y esta hondonada está libre de obras, la policía local lo primero que hace es colocar vallas y cerrarla al tráfico. Se sabe por experiencia que el agua no olvida. Se la encauza y se la dirige, pero, tarde o temprano, vuelve a sus antiguos derroteros.

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