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La piqueta despeja suelo para otro chalé de lujo en la costa más cotizada de Xàbia

Las obras se desarrollan en el Carrer l'Illa, en el Portitxol, donde se han construido en los últimos años impresionantes y premiados chalés y donde sigue sin abrirse la senda de la Llobatera, que debe ceder el dueño de una de esas nuevas casas

Las obras que se están llevando a cabo en el Carrer de l'Illa del litoral del Portitxol

Las obras que se están llevando a cabo en el Carrer de l'Illa del litoral del Portitxol / A. P. F.

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

El suelo está en Xàbia debajo de las piedras. Literal. Debajo de las piedras de chalés de los años 70 y 80 que las promotoras compran ahora para demolerlos y levantar casoplones de arquitectura de vanguardia y de precios por las nubes. Incluso allí donde ya parece que no queda ni un resquicio de suelo, se hace sitio. La piqueta trabaja de lo lindo en la costa de Xàbia. Casi se le adivina un impulso anarquista, de cuando Bakunin decía aquello de que el "deseo destructivo es también un deseo creativo". Aquí se echa abajo. Se reduce lo que había a escombros. Y luego, vía libre para seguir construyendo.

El Carrer l'Illa, en la costa del Portitxol, se ha convertido en un pedestal de la nueva arquitectura. Se han levantado chalés de impresión. Han recibido premios. Han servido de plató para series y anuncios. Esta calle se asoma (se asomaría si el frente litoral no estuviera ocupado por los chalés) al acantilado de la Llobatera y de la Cala de la Sardinera. Y aquí se ha demolido ahora un antiguo chalé para despejar suelo para edificar otro de rabiosa y moderna arquitectura.

La tipología de las casas con tejados de tejas y porche con arcos de tosca desaparece a toda prisa. Se imponen el hormigón, las líneas rectas y las grandes cristaleras. Los códigos cambian. La estética se hace uniforme y pierde referencias. No evoca el "canon Xàbia".

Recuperar suelo público

Esta calle debe abrirse al mar. Abrise en sentido público. Para cumplir la Ley de Costas, que obliga a dejar expeditos accesos a la costa, es obligatorio que se retire cuanto antes la valla que cierra la nueva senda de la Llobatera. Pero no hay forma. El dueño de un nuevo chalé de lujo debe cederla. Pasa el tiempo y no hay forma de recuperar el suelo público. Sigue el cerrojazo. La pasada Navidad la senda estuvo abierta unos días. Un espejismo. El propietario del chalé le echó de nuevo el candado. También debe ceder 7.300 metros cuadrados de zona verde.

Así las cosas, en el Carrer l'Illa, cotizadísimo, el urbanismo de lujo no tiene fin. Las promotoras encuentran suelo debajo de las piedras. Mientras, lo que sí se atasca es lograr que los vecinos disfruten de una nueva zona verde y de la senda que abre camino en un acantilado privatizado.

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