Paisaje, esencia y familia: un colosal y precioso mural redime una pared de hormigón de una nave comercial en Xàbia
El artista vasco Víctor Goikoetxea ha creado una gran obra que enlaza con la que pintó Joaquín Sorolla, artista seducido también por la luz de Xàbia, para la Hispanic Society de Nueva York
El artista destaca la libertad que le ha dado el arquitecto Vicente Castelló en un mural de 300 metros cuadrados con una lectura íntima y otra de pueblo y tradición agrícola

El extraordinario mural creado por Víctor Goikoetxea / A. P. F.

La enorme pared no decía nada. Anodina a más no poder. Una mancha de hormigón en la perspectiva del Montgó, el Pla agrícola y la estribación del cabo de Sant Antoni. Pero el arte redime. Ha salvado un muro. Lo ha convertido en un colosal lienzo. El arquitecto de Xàbia Vicente Castelló acertó de pleno cuando le planteó al artista vasco Víctor Goikoetxea pintar un gran mural en esta nave comercial de la carretera del Pla o del Cap de la Nau. Por aquí pasan cada día cientos de personas.
La pared deviene, salvada por el arte (su poder transformador es asombroso), un horizonte. El artista aplica las últimas pinceladas. Los colores centellean. "Había que darle color y vida. Este muro está orientado a sur y la luz incide con fuerza. Había que aprovecharla para reforzar la expresión del conjunto", confiesa Víctor mientras "baña" el "lienzo" con barniz Lascaux fabricado en Suiza y de excelente calidad, como todos los materiales utilizados en este deslumbrante mural.
"Records". Así se llamará. Hay una historia. En realidad, hay muchas historias. El principio. Vicente Castelló, el dueño de esta nave de reciente construcción, sabe que Xàbia es paisaje, paisaje íntimo (las historias familiares) y paisaje colectivo (la historia de un pueblo). Le disgustaba el muro. Contactó con Víctor Goikoetxea, el artista que ha creado en Xàbia los murales de la Teuleria, que evoca el viejo oficio del barro, y el de los pescadores, un homenaje a la tradición marinera.

El artista aplica barniz en la obra ya acabada / A. P. F.
El artista de Hernani acababa de terminar la reforma integral del hotel María Cristina de San Sebastián, un desafío enorme, un primoroso trabajo de investigación y artesanía, una labor sutil, casi de orfebre. Al mismo tiempo, Goikoetxea camina hacia un arte más orgánico y experimenta con la luz y la materia. Llevaba dos años sin enfrentarse a la pintura figurativa.
Vicente Castelló le mostró fotografías familiares y de los huertos de naranjos del fertilísimo Pla de Xàbia. El arquitecto tenía una idea clara: expresar la transición del secano al regadío, la democratización del naranjo (cada familia local tenía su bancal) y recuperar la historia de sus padres y su hermana. Pero también quería que esos trazos familiares, tan esenciales para él, resultaran reconocibles para todos los xabiencs, que cada vecino que observara el mural pensara: "Podrían ser mis padres, mis abuelos, mis tíos, mi familia".

El mural ha salvado una pared anodina. Es un retazo de paisaje en el horizonte del Montgó y el Pla agrícola de Xàbia / A. P. F.
Primeros bocetos. El muro es colosal: 300 metros cuadrados. Víctor confiesa que lo ha concebido también mientras pedaleaba. "He hecho entre 800 y 1.000 kilómetros en bicicleta mientras le daba vueltas". La composición la definieron cliente y artista. El esbozo era precioso. Pero se intuía que sería complicado trasladarlo a la gran pared de hormigón. Víctor Goikoetxea ha terminado el mural en mes y medio. Día tras día, subido a la grúa. Primero realizó los dibujos. Trazos sobre el muro. Luego le dio color. ¡Y qué color! Quizá esa es la clave. El artista ha estudiado la radiante y poderosa luz. "He trabajado con colores muy vivos y saturados. Xàbia tiene esa tradición de luz y de vida. Joaquín Sorolla, los Lambert o Soler Blasco reflejaron esa luz tan singular y mediterránea", confiesa el artista. Y se adivina la influencia del Sorolla de las obras de gran formato, de aquellos grandes lienzos que pintó para la Hispanic Society de Nueva York. La pincelada, viva, muy sueltas, de trazo expresionista, es muy parecida.
Un retazo de paisaje
"Este mural hay que observarlo a 25 metros de distancia", dice Goikoetxea. Y sí, cuando se gana esa perspectiva, cuando se contempla la obra de arte en el conjunto del paisaje, se tiene plena conciencia de su fuerza, de cómo ha redimido un muro feo y anodino y lo ha transformado en un retazo de historia familiar, local y universal. Quienes poco saben de Xàbia lo miran y lo bautizan: "El mural de las naranjas". Y es acertado. Adivinan una tradición agrícola, la de los cítricos, y atisban un paisaje que declina: el mar verde acharolado de los árboles moteado de intenso naranja.

Así era la pared cuando el artista empezó a "enfrentarse" a ella / Levante-EMV
El artista aplicó primero una pintura de silicato mineral. Luego utilizó pintura acrílica de gran calidad e intensísima. "El color empuja la mirada. La atrae. Le imprime mucha fuerza a este mural". Víctor Goikoetxea, un artista de solidísima formación, un artista que domina a la perfección la técnica y los rudimentos del oficio, ha ordenado perfectamente los planos. Las hileras de naranjos dan profundidad de campo. Al fondo, en "sfumato", emerge el perfil del casco antiguo de Xàbia. Hay elementos pintados con precisión: los rostros, la báscula de pesar las naranjas o el caballete que revela la afición a la pintura de la madre de Vicente Castelló. La hermana del arquitecto, que adoraba las flores y la naturaleza de la huerta, porta verduras en el regazo. A sus pies, un campo de flores silvestres. El "casup" agrícola refleja la arquitectura rural de Xàbia.
"Hay varios cuadros en la composición. Vicente me aportó mucha información. Quería que hubiera una narración, que se pudiera "leer" esa historia de la agricultura del regadío y la naranja en Xàbia y que se vislumbrara también el cariño de la familia". El gesto de la madre agarrada del brazo del padre es de una ternura conmovedora. "Mucha gente que ha pasado me dice que estas figuras le recuerdan también a sus padres. Esa era también la intención, que surgiera esa identificación con una obra promovida por un particular, sí, pero que expresa el espíritu de un pueblo".

El artista, encaramado en la grúa / Levante-EMV
El artista agradece la confianza de Vicente Castelló. Destaca que le ha dejado trabajar con total libertad. "Me ha puntualizado detalles que yo no conocía sobre la evolución de la agricultura de Xàbia. Es normal. Eran aspectos que a mí se me escapaban. Pero, a nivel creativo, me ha dado una libertad absoluta. Es el mejor cliente que un artista puede tener. Me dijo: 'Disfruta y pinta a tu ritmo, sin prisa'. Agradeces muchísimo que hoy, en estos tiempos de urgencias, te dejen crear sin agobios". Víctor Goikoetxea afirma que ha saboreado la experiencia, que se ha sentido a sus anchas al reencontrarse con el arte figurativo. Se ha enfrentado al muro. Y lo ha transformado. Ahora vuelve a San Sebastián. Asume otro desafío: revestir de arte las cuatro principales paradas de metro de la ciudad.
El artista da las últimas pinceladas. Desvela a Levante-EMV que a pie de obra escribirá una dedicatoria: "Para Vicente Castelló y su familia. Bihotzez". Esta última palabra significa "de corazón". Y se ve claro. Cliente y artista han puesto corazón en "Records", un mural repleto de historias y que demuestra el extraordinario poder transformador del arte.
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