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El budismo también ilumina la Marina Alta: el cine de Xàbia, lleno "de gom a gom" en el estreno de "El camino del peregrino"

El Lama Rinchen Gyaltsen, del centro budista de Pedreguer, le entrega a Elena Català Ortuño, nieta de los fundadores del cine Jayan y psiquiatra, un "thangka" (tela sagrada) del Buda de la Medicina, una suerte de bendición a los profesionales de la salud mental

Elena y Elisa Català Ortuño, junto al Lama Rinchen y los monjes budistas protagonistas del documental "El camino del Peregrino"

Elena y Elisa Català Ortuño, junto al Lama Rinchen y los monjes budistas protagonistas del documental "El camino del Peregrino" / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Llueve a cántaros en la radiante (esta mañana no, que el cielo está negrísimo) Marina Alta. Contrastes. "Todo era misterioso y mágico. Y, en medio de todo esto, Siddhartha, despierto ya, se ponía en marcha hacia sí mismo ("Siddhartha", de Hermann Hesse). Se viaja lejos para llegar cerca. Se viaja cerca para llegar muy lejos. Contradicciones. Estas cosillas dialécticas (contrastes y contradicciones) iluminan. Estimulan la tolerancia. Este viaje lleva lejos, a India y Nepal, nada menos. Es, como todos los viajes, transformador. Por tanto, lleva cerca: al propio conocimiento, al yo. El cine está en el pueblo, cerca, cerquísima. El Jayan es el cine de Xàbia y de la Marina Alta. Es el cine de la familia Català Ortuño. Ir al cine es viajar lejos, lejísimos.

Y esta mañana de tormenta, de rayos, truenos y centellas, el cine está de "gom a gom", llenísimo. Lo de "gom" es un juego. Suena el gong, profundo, vibrante. Los espectadores viajan. Acompañan al Lama Rinchen Gyaltsen y a sus cuatro discípulos en su peregrinaje, en su búsqueda. El documental "El camino del peregrino", dirigido por Francisco Cauterucci y producido por la fundación Sakya del centro budista de Pedreguer, es un periplo por los lugares sagrados del budismo. Los templos, el barullo de las calles, la vida y la muerte en las orillas del Ganges, los árboles del bodhi (copas frondosas y poderosas raíces), los monasterios, las ceremonias con la "lluvia" de flores amarillas y las salmodias... todo es fascinante. A los espectadores de la Marina Alta, devotos del cine Jayan, les maravillan estos viajes. Pero entienden que la fuerza del documental reside en el viaje interior de sus protagonistas, en la emoción y las dudas (se preguntan, claro, sí han elegido el camino correcto en el intrincado laberinto de la vida). Dan un paso trascendente: se ordenan monjes budistas. Mientras, su maestro, el Lama Rinchen Gyaltsen, recibe en el mismo viaje el rango de Khenpo, se convierte en abad, en "doctor" (por expresarlo en términos académicos) de filosofía budista. Y lo acepta con una humildad que aquí, en el occidente de las vanidades, sorprende muchísimo.

El coloquio que se llevó a cabo tras la proyección de "El camino del peregrino"

El coloquio que se llevó a cabo tras la proyección de "El camino del peregrino" / Levante-EMV

La última imagen del documental es la del Lama Rinchen Gyaltsen y los cuatro monjes en el centro budista de Pedreguer. Se construyó e inauguró en 2006. Está en una ladera de la montaña de la Sella. Se asoma al Montgó y al mar de Dénia y les Marines. En Pedreguer, en el corazón de la Marina Alta, el budismo ha arraigado como el ficus religiosa, la higuera sagrada o árbol del bodhi.

La vida, con filosofía

Acaba la proyección. Preguntas. Los espectadores quieran saber más del viaje. Los peregrinos reflexionan sobre la búsqueda de la paz interior, sobre el "conócete a ti mismo" que, por otra parte, es tan mediterráneo (inscripción en el templo de Apolo en Delfos). El mundo, claro, iría mucho mejor si todos meditaran y se tomaran la vida con filosofía, una asignatura orillada en los institutos.

Los monjes budistas, en la entrada al cine Jayan

Los monjes budistas, en la entrada al cine Jayan / Levante-EMV

El Lama Rinchen le entrega a Elena Català Ortuño, la nieta de los fundadores del cine Jayan, que es psiquiatra y jefa del servicio de Salud Mental en Dénia, un "thangka" (una tela sagrada pintada a mano) del Buda de la Medicina. Es un gran regalo. Una suerte de bendición. La salud mental necesita de todos los apoyos posibles, los materiales (inversiones) y los espirituales.

El Lama Rinchen Gyaltsen, director del centro budista de Pedreguer, durante el coloquio

El Lama Rinchen Gyaltsen, director del centro budista de Pedreguer, durante el coloquio / Levante-EMV

Elena recuerda la historia de este maravilloso cine, fundado hace 70 años por sus abuelos y una de las pocas salas de pueblo, de pantalla grande y de genuina comunidad cinéfila, que resiste. Es también un cine de familia. "Y creemos en el cine como una herramienta poderosa: un espacio donde emocionarnos, cuestionarnos y reconocernos en las historias de otros". Elena también reflexiona sobre la función de los psiquiatras y la vocación y el compromiso de "aliviar el sufrimiento y acompañar a las personas en procesos humanos complejos". Agradece a la fundación Sakya del centro budista de Pedreguer que les ofreciera en la unidad de salud mental una jornada de meditación. "Fue una experiencia muy enriquecedora y de autocuidado del cuidador. Les estamos profundamente agradecidos".

Elena Català Ortuño muestra en "Thangka" tibetano del Buda de la Medicina

Elena Català Ortuño muestra en "Thangka" tibetano del Buda de la Medicina / Levante-EMV

Y terminan la proyección y el coloquio. Los monjes, vestidos con sus modestos hábitos azafranados, prodigan sonrisas beatíficas. Son amabilísimos. Se fotografían con todos. En el tumulto y rodeados de carteles de estrenos ("Michael", el biopic de Michael Jakson, por ejemplo), mantienen una envidiable serenidad. Y afuera sigue lloviendo a cántaros.

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