Olivos, cerezos, perelloners y amapolas por doquier: esplendor primaveral en Beniaia, en el confín de la Marina Alta
Las copiosas lluvias del invierno y del inicio de la primavera han hecho reverdecer un paisaje que deja atrás, poco a poco, el estrago del gran incendio de 2022

La floración de las amapolas y, arriba, el pueblo de Beniaia / A. P. F.

Rojo en las ramas y rojo en la tierra. Cerezas y amapolas. Los bancales agrícolas de Beniaia, pequeño pueblo de la Vall d'Alcalà (Beniaia y Alcalà de la Jovada suman 159 habitantes), están moteados de rojo. Pasan ciclistas, motoristas, viajeros que buscan los confines y agricultores. Pero esta carretera en zigzag que sube hasta Beniaia y luego sigue cuesta arriba hasta el puerto de Tollos (830 metros de altitud y ya en la comarca del Comtat) es solitaria. Puede transcurrir un rato largo sin que transite nadie. Una maravilla. Este límite oeste de la Marina Alta contrasta con la franja este, la costera, donde es imposible aislarse del mundo.

El herbazal moteado del rojo de las amapolas / A. P. F.
Los bancales son de olivos, cerezos y perelloners. Ahora están salpicados de amapolas. Las copiosas lluvias del invierno y la primavera han avivado esta esplendorosa floración. Aquí, en la Vall d'Alcalà, que es donde nace el río Girona (en el barranco de la Fontblanca), las lluvias han sido muy abundantes.
Picelada en el paisaje agrícola
No hay que apartarse mucho de la carretera para admirar estos bellos campos de amapolas. Han brotado por doquier. Dan una pincelada de color al bellísimo paisaje agrícola. Aquí se respira una ruralidad tranquila. De tanto en tanto, pasa un agricultor en un coche de otro tiempo: un "Dos Caballos" (Citroën 2 CV), por ejemplo, un vehículo con una suspensión perfecta para moverse por estos caminos.

El bello paisaje agrícola de las montañas de la Marina Alta / A. P. F.
El estrago del incendio que en 2022 (lo originó un rayo en la Vall d'Ebo) devastó más de 12.000 hectáreas de las montañas de la Marina Alta y el Comtat se ve, sí. Hay pinos cortados y apilados. Pero en los terrenos agrícolas, un cortafuegos natural, sí se ha borrado la huella del fuego. La lluvia ha dado brío a la regeneración. El paisaje reverdece. Brotan las amapolas. Lo hacen en estos bancales que están en la ladera de Beniaia, en el confín de la Marina Alta, en la frontera con el Comtat.
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