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Xàbia cierra por los desprendimientos y el riesgo de despeñarse la cala de los saltos temerarios

Los carteles advierten de que todo el litoral del Tangó ha quedado clausurado; también se ha colocado una valla de madera para bloquear la senda

Cartel colocado en la cala más alejada, la de los imprudentes saltos al mar

Cartel colocado en la cala más alejada, la de los imprudentes saltos al mar / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Una cala con historia que, en los últimos veranos, era un parte casi diario de accidentes. Xàbia le ha echado el cerrojo a la cala de Tangó o del Pope. Un cartel en el mirador que se asoma a este litoral, situado en el arranque del dique de levante, advierte de que está prohibido ir más allá y adentrarse en esta abrupta costa. El cartel concreta que hay riesgo de desprendimientos. Ya no se puede llegar a las calas del cabo de Sant Antoni más próximas al puerto. Además, se ha colocado una valla de madera para bloquear la senda que llevaba a las calas más apartadas. Todo este tramo litoral queda clausurado. En las dos calitas más a mano, las más próximas al restaurante, el peligro son los desprendimientos. En las más alejadas, a las que se llega por una senda colgada del acantilado (senda de vértigo), el riesgo estriba en que los senderistas-bañistas pueden dar un traspié y despeñarse. Una caída puede ser fatal.

El cierre se venía venir. En la última cala, se instaló en 1899 una plataforma de salvamento de náufragos (el nombre de Tangó alude a "tangón", los botalones de las embarcaciones). La roca donde estuvo esa pasarela, de la que queda algún vestigio, se ha convertido en un trampolín para temerarios saltos. Los bañistas trepan por el acantilado, ganan altura y luego se lanzan al mar. Los accidentes en verano son frecuentes. Las malas caídas (fuertes impactos contra el mar) y los errores de cálculo (saltar donde hay poca profundidad) obligan a realizar complicados y angustiosos rescates. Estos saltos están prohibidos.

Una valla de madera bloquea la senda

Una valla de madera bloquea la senda / A. P. F.

El otro nombre, el del Pope, viene del sacerdote ortodoxo de luengas barbas que, huido de la revolución bolchevique, se refugió en Xàbia y se zambullía todos los días, tanto en invierno como en verano, en esta cala. A los vecinos les chocaba la imagen. El pope cumplía con escrupulosidad cenobítica el ritual del baño en el mar.

Pese al cierre de la senda, los bañistas seguían lanzándose este domingo desde el acantilado

Pese al cierre de la senda, los bañistas seguían lanzándose este domingo desde el acantilado / A. P. F.

En las calas más próximas al puerto, a esas que se llegaba por el paso casi imposible entre la terraza del restaurante y el mar, el riesgo son los desprendimientos. El acantilado está fracturado. Las rocas que se han desgajado, algunas de gran tamaño, penden precariamente de las rotas redes que hace años colocó la dirección general de Costas para tratar de contener la erosión. Las redes están hechas jirones.

Mirar y no entrar: en el mirador se ha colocado un cartel de prohibido el paso por riesgo de desprendimientos

Mirar y no entrar: en el mirador se ha colocado un cartel de prohibido el paso por riesgo de desprendimientos / A. P. F.

Invasión de kayaks

Pero los bañistas no solo llegan por tierra a estas calas ahora clausuradas. A la de los saltos temerarios acuden flotillas de kayaks. Los guías les animan a lanzarse al agua desde peñascos de poca altura. En la cala desembarcan de golpe decenas de turistas. Puede ocurrir aquí, en el Tangó, en la cala que fue la esperanza de los náufragos, lo que en Ambolo, playa que lleva la tira de años clausurada por desprendimientos, que por el mar siga llegando una tropa de turistas.

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