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Restaurados y absueltos de la carcoma de los pecados: los confesionarios de Xàbia, como nuevos

El experto Vicent Català ha realizado una gran labor y ha recuperado un patrimonio artístico y religioso que estaba muy deteriorado

Estado del confesionario antes de la restauración: los estragos de la carcoma

Estado del confesionario antes de la restauración: los estragos de la carcoma / Parroquia de Sant Bertomeu

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Los pecados (la mayoría pecadillos veniales) son insectos xilófagos que carcomen la conciencia. Podría pensarse que eso de los remordimientos es una cosa abstracta y que se queda en "un sótano más negro que mi reputación" ("Contra Jaime Gil de Biedma"). Pero la culpa es poderosa y roe poco a poco. Es una carcoma que hace estragos. En Xàbia, en la iglesia gótica de Sant Bertomeu, los confesionarios, artefactos de la redención y la absolución, estaban muy deteriorados. Los voraces xilófagos se habían dado un festín. A los confesionarios, los tres de Sant Bertomeu, les ha llegado el momento del "ego te absolvo". Se han quitado el "rrum, rrum" de la carcoma, ese susurro devorador que reconcome.

Un restaurado y flamante confesionario

Un restaurado y flamante confesionario / Parroquia de Sant Bertomeu

El experto Vicent Català, restaurador habitual del patrimonio de la iglesia, está recuperando los castigados confesionarios. Su labor es magnífica. Los restaura a conciencia. Quedan como nuevos. Quedan liberados de la carga acumulada de tantas y tantas pequeñas faltas.

Pecadillos de pueblo, carcoma invisible

Los confesionarios de la parroquia de Sant Bertomeu, redimidos. Ya están listos para guardar tras el barniz de la lustrosa madera otra colección de secretos "inconfesables", de pecadillos de pueblo. Cambian los tiempos, pero los deslices y flaquezas siguen siendo veniales, una carcoma casi invisible.

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