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Vecinos de Xàbia avisan de que pinadas de la Granadella que se salvaron del gran incendio están repletas de pinos muertos y son "un polvorín"

Temen que el paraje vuelva a sufrir diez años después otro fuego y urgen a retirar los árboles secos y caídos en el bosque que está entre la torre de vigilancia y el mirador de la montaña pública

Las pinadas que se salvaron del fuego han reverdecido tras las lluvias de esta primavera, pero están repletas de pinos muertos y desplomados

Las pinadas que se salvaron del fuego han reverdecido tras las lluvias de esta primavera, pero están repletas de pinos muertos y desplomados / Levante-EMV

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

El incendio arrasó la Granadella de Xàbia a toda prisa. Ardieron más de 800 hectáreas (689 de terrenos públicos). Los vecinos, antes de que los desalojaran, escuchaban, alarmados, el crepitar de las llamas. De aquel devastador incendio se cumplirán en septiembre diez años. El desastre natural que ha venido después ha sido más silencioso. La sequía y la plaga del Tomicus destruens han acabado con miles de pinos en la Marina Alta. No hay pueblo que se libre de ese estrago forestal.

Vecinos de Xàbia que acostumbran a pasear por una de las pinadas de la Granadella que se salvó del gran incendio de 2016, pinada que está entre la torre de vigilancia y el mirador del parque forestal, han advertido a este diario de que ese bosquecito está repleto de pinos muertos. Advierten de que es "un polvorín" y que puede "arder en cualquier momento". Es una masa forestal que está pegada a la urbanización del Tosalet.

Los pinos secos y muertos abundan también en la Granadella

Los pinos secos y muertos abundan también en la Granadella / Levante-EMV

Allí sobreviven pinos de buen porte. "Pero también hay pinos muertos, muchos de ellos caídos, lo que convierte la zona en una especie de almacén pirotécnico", apuntan estos vecinos. Piden que se retiren esos árboles secos y desplomados y que se haga todo lo posible para evitar que la Granadella vuelva a arder.

Diez años del incendio

La montaña, tras aquel gran incendio de hace una década, se ha regenerado bastante bien. Se restauraron muros de "pedra seca" para contener la erosión que se produce tras los grandes fuegos. En las laderas y los acantilados, brotaron a los pocos meses lentiscos, coscojas, aladiernos y espinos blancos, todos arbustos autóctonos. También se actuó al principio para evitar que se produjera una explosión de pinos (son una especie pirófila) que generara un bosque impenetrable y muy proclive al fuego. El nuevo bosque, más resistente a los incendios, debía ser de "ullastres" (acebuches), algarrobos y carrascas.

Pero pasó lo de siempre, que tras el primer impulso, la montaña pública de la Granadella se dejó a su suerte. Ahora los vecinos insisten en que este paraje tampoco se ha librado de la catástrofe lenta y silenciosa de los pinos secos y muertos. Temen que, diez años después, esta montaña pública, que destaca por su gran valor natural y paisajístico, vuelva a prenderse fuego.

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