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Xàbia baja la barrera en sus calas: comienza la romería de las chanclas, el bañador y los cachivaches de playa

El control de acceso que evita el colapso de coches en la Granadella y la Barraca se aplica durante este mes de julio los viernes, sábados y domingos

Los bañistas se topan con la barrera, buscan aparcamiento y bajan a pie a la cala de la Barraca

Los bañistas se topan con la barrera, buscan aparcamiento y bajan a pie a la cala de la Barraca / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Romería de bañistas. No les duele caminar. Xàbia le ha echado la barrera a sus calas de la Barraca (Portitxol) y la Granadella. Este pasado fin de semana fue el segundo en el que funcionó el control de acceso. También está ya en marcha el aparcamiento controlado, la llamada tasa antimasificación (9 euros por estacionar). Durante este mes, la barrera se baja los fines de semanas, que es cuando llega la avalancha de turistas. En julio y agosto la barrera se baja cada día. Este pasado fin de semana la barrera de la Barraca, cala en la que solo hay 59 plazas de aparcamiento, se bajó a las 9 de la mañana. En la Granadella, con 150 plazas (las del zigzag de la calle Pic Tort), se cerró el acceso en coche poco antes de las 10 horas. A todos los turistas que llegaron después se le indicó que las calas estaban ya a tope de coches y que buscaran aparcamiento en otro lugar y bajaran a patita.

El controlador desvía a los coches en el inicio de la carretera que baja a la Granadella

El controlador desvía a los coches en el inicio de la carretera que baja a la Granadella / A. P. F.

Y comenzó la romería. Los bañistas, hasta que empiece a funcionar el trenet (o guagua) turístico de la Granadella, se resignan a caminar un buen trecho. En la Barraca, es bajar a pie sí o sí durante todo el verano. No hay alternativa de transporte público. Este fin de semana ya se repitió esa imagen tan característica de los últimos veranos en Xàbia: los turistas, cargados con neveras portátiles, hamacas, sombrillas y hasta tablas de paddle surf, caminan casi en fila india. Es una peregrinación en toda regla. Peregrinación de chanclas y bañador. Casi un "via crucis". Algunos tienen que parar para descansar los brazos y la espalda. Se echan encima mucha carga, la de todos los cachivaches necesarios para pasar un día de playa. Luego, al volver, los controladores suelen compadecerse y dejan que baje uno de los bañistas con el coche para cargar el equipaje playero.

Imagen de este domingo de la cala de la Granadella

Imagen de este domingo de la cala de la Granadella / A. P. F.

La barrera ha aliviado la saturación que ya estaban sufriendo las calas incluso en los fines de semana de mayo. Si no se controla el acceso, los coches colapsan las estrechas calles. También hay barrera en Ambolo, cala a la que no se debería acudir de ninguna de las maneras (está clausurada por desprendimientos), pero, de momento, no se ha bajado. Si alguien piensa que los carteles que avisan del peligro de caída de piedras y de que la cala está cerrada, así como de la gran cancela de hierro que bloquea el paso, son suficientes para disuadir a los bañistas, está muy equivocado. Siguen bajando. Buscan un hueco para el coche (huecos arrimados al acantilado) y luego saltan la cancela.

Paliza de kilómetros

Así las cosas, la costa más abrupta de Xàbia, la de las recoletas calas, vuelve a ser un verano más el territorio de los peregrinos de playa. Cargados como mulas, se dan la caminata. Antes han hecho muchos kilómetros con el coche. Hay turistas que vienen de Albacete y hasta de Zaragoza para pasar un día de "calitas". Después de semejante paliza de coche, no van a volverse sin más al toparse con una barrera. Aparcan bien o mal donde pueden y estiran las piernas. Las calles que llevan a las calas se convierten en un hormiguear de bañistas. Curiosa y sudorosa romería en chanclas y bañador.

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