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Lluvia de flores amarillas en Dénia y de vainas y lentejas en Xàbia

Las tipuanas, acacias y jacarandas dan color a las ciudades de la Marina Alta y, con el verano, las flores se marchitan, caen y alfombran las calles

Una acera de Dénia tapizada de amarillo

Una acera de Dénia tapizada de amarillo / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Dénia

Dénia se pone amarilla en primavera. Abundan las tipuanas. En Xàbia, hay más afición a la jacaranda. Su flor es lila. Pero llega el verano, que todo lo marchita. Empieza la lluvia de flores. Los árboles urbanos colorean las aceras. Los coches que se aparcan debajo de estos árboles se llenan de flores. Basta un rato para que el vehículo quede cubierto de pétalos carnosos y que desprenden un aceitillo bastante pegajoso.

Un coche enviscado de flores amarillas en Dénia

Un coche enviscado de flores amarillas en Dénia / A. P. F.

Xàbia también hay muchas acacias. Y ahora, en el final de la primavera y el inicio del verano, lo que cae no son precisamente flores. Es una "lluvia" de vainas y lentejas secas. Los peatones pisan ese crujiente manto vegetal.

Vainas secas caídas de las acacias en Xàbia

Vainas secas caídas de las acacias en Xàbia / A. P. F.

Los árboles ornamentales dan color y vida a las calles. Las floraciones, los caída de las hojas, el remolino de flores marchitas funcionan como un reloj de las estaciones. Son frondosos y su sombra es fresquísima. Un árbol es un refugio en estos tiempos de cambio climático. Que los coches amanezcan embadurnados de flores es una anécdota.

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