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8 de la mañana, hora punta en las calas de Xàbia

Los tempraneros bañistas se arremolinan desde primerísima hora en los parquímetros de la Granadella y la Barraca

Se repite la rutina del madrugón de los últimos veranos, pero con algún cambio: los bañistas bajan cargados con neveras, hamacas y sombrillas y ahora añaden un cachivache "imprescindible" más, la tabla de paddle surf

Los bañistas llegan a primerísima hora a la Barrraca cargados con sus tablas de paddle surf

Los bañistas llegan a primerísima hora a la Barrraca cargados con sus tablas de paddle surf / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Aparcan, bajan del coche y se desperezan. A las 8 de la mañana, hay trajín de hora punta en las calas de Xàbia. Ya se sabe que son calas para madrugadores. El control del acceso, es decir, la barrera, que ya ahora se está bajando los fines de semana sobre las 9 o 9.30 horas, obliga a llegar a la Granadella y el Portitxol (la Barraca), dos de las calas de más tirón de la Comunitat Valenciana, casi sin quitarse las legañas. Los bañistas de las calas no son de remolonear en la cama.

Bañistas arremolinados en uno de los parquímetros de la Granadella

Bañistas arremolinados en uno de los parquímetros de la Granadella / A. P. F.

Este domingo, a las 8 de la mañana, ya se arremolinaban bañistas en los parquímetros de la Granadella y la Barraca. Es la primera faena que hacen tras aparcar. Sacan el tique. Es de 9 euros. El estacionamiento está regulado. Es una suerte de "tasa antimasificación". No hay fracciones ni tiempo. Es tarifa fija por aparcar un rato o todo el día.

Primera hora del día y los madrugadores bañistas ya han aparcado y bajan a la cala de la Granadella

Primera hora del día y los madrugadores bañistas ya han aparcado y bajan a la cala de la Granadella / A. P. F.

La siguiente faena, inflar la tabla de paddle surf. Resulta curioso cómo evolucionan los hábitos de los turistas de las calas. La tabla se ha convertido en imprescindible. Estos bañistas son de darse un garbeo a remo. Quieren explorar el escarpado litoral de acantilados. Los kayaks son más aparatosos. La tabla la hinchas en un momento. Estos turistas o son muy activos (nadar y remar) o son de repantingarse en la hamaca y abrir la nevera portátil y pasar el día a base de aperitivos, bocadillo, "tupperware", cervezas y refrescos. En realidad, el bañista tipo de las calas combina las dos cosas: un rato de tabla y un respiro de nevera.

A las 8 de la mañana, el acceso a estas calas ya es un hormiguear de turistas que van cargados con neveras, hamacas y sombrillas y que ahora todavía se echan más peso encima: llevan a la espalda el mochilón de la tabla de paddle surf (la inflarán en la orilla) o apencan ya con la tabla henchida de aire. Cuando llegan al mar, por temprano que sea, lo que más les llama es zambullirse directamente.

El "trenet" evitará el madrugón

Lo de este verano es lo de todos los veranos: madrugón en las calas. Quien llega tarde tiene que aparcar en el quinto pino y darse la paliza de bajar caminando. Cuando se ponga en marcha el "trenet" o guagua de la Granadella esto cambiará. El transporte público lo hace todo más fácil.

Quizá lo que ha alterado un poco la rutina de los últimos veranos es el furor de las tablas de paddle surf. Ahora, entre los bañistas de las calas, quien más y quien menos se agarra a su tabla. Pero ¡ojo con el viento y las olas! Remar con el viento en contra resulta agotador. Los socorristas ya llevan un puñado de rescates de aficionados al paddle surf que pensaban que la tabla se abría paso contra viento y marea. Y no.

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