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GRAN CONCIERTO

Luar Na Lubre emociona en Dénia con una noche de raíces, belleza y futuro

La histórica formación gallega celebró el Día de Galicia en el Castillo de Dénia con nueve músicos sobre el escenario, un público entregado y un mensaje lleno de esperanza: la tradición sigue viva cuando sabe evolucionar sin perder su alma

Los músicos de Luar Na Lubre devuelven al público al gran aplauso del final del concierto

Los músicos de Luar Na Lubre devuelven al público al gran aplauso del final del concierto / Levante-EMV

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Elena Catalá Ortuño

Dénia

Hay conciertos que entretienen. Y hay conciertos que emocionan porque forman parte de nuestra propia historia. Para quienes descubrimos a Luar Na Lubre hace décadas en las ondas de Radio 3 de Ramón Trecet, escuchar sus primeras notas supone regresar a aquellos años en los que la radio era uno de los pocos medios capaces de transportarnos a otros mundos. Y sigue siéndolo. Bastaba cerrar los ojos para viajar a una Galicia de bosques sagrados, leyendas celtas y horizontes atlánticos sin movernos de casa.

Aquellas melodías procedentes de Galicia llegaban cargadas de misterio. Sonaban a bosques antiguos, a leyendas celtas, a peregrinos, a marineros y a historias transmitidas de generación en generación. Había algo magnético en aquellas canciones que lograban que quien las escuchaba imaginara paisajes cubiertos por la niebla y una cultura ancestral todavía viva.

Y anoche volvió a suceder.

La mágica noche de Luar Na Lubre en el Castell de Dénia

Redacción Levante-EMV

Luar Na Lubre nació en A Coruña en 1985 de la mano de Bieito Romero, músico, compositor y alma de una formación que con el paso de los años se convertiría en una de las grandes referencias de la música folk europea. El propio nombre del grupo resume buena parte de su universo simbólico: Luar significa «resplandor de la luna» y Lubre puede traducirse como «bosque sagrado donde los druidas celtas realizaban sus rituales». Y, de alguna manera, anoche el significado del nombre cobró vida. La luna acompañó gran parte del concierto y los pinos que rodean el Castillo de Dénia se transformaron en ese bosque mágico y ancestral que la música de Luar Na Lubre evoca desde hace cuatro décadas.

Coincidiendo con el Día de Galicia, celebrado cada 25 de julio, el castillo de Dénia acogió dentro de la programación de Música al Castell uno de esos conciertos que permanecen en la memoria mucho después de que se apaguen los aplausos. Las murallas centenarias, iluminadas bajo la noche mediterránea, parecían creadas para recibir a una formación que lleva cuarenta años difundiendo la cultura gallega a través de la música.

Luar Na Lubre actuó por primera vez en Dénia y sus músicos se declararon maravillados por la belleza e historia del castillo y la ciudad

Luar Na Lubre actuó por primera vez en Dénia y sus músicos se declararon maravillados por la belleza e historia del castillo y la ciudad / Levante-EMV

Luar Na Lubre celebró sus cuarenta años de trayectoria con la gira de Lubre–40 Aniversario, un proyecto concebido como disco y audiolibro que reúne nuevas composiciones, imágenes, recuerdos y testimonios que recorren toda una vida dedicada a la música. Más que una publicación, es una celebración de la memoria y de la identidad cultural.

Más tarde, durante la entrevista, Bieito Romero reconoció lo especial que había sido el encuentro musical. Habló de una conexión extraordinaria con el público y de la emoción de celebrar el Día de Galicia a orillas del Mediterráneo. Con humor comentó que el calor dianense «les seca los huesos» a quienes llegan desde tierras gallegas, pero también confesó sentirse como en casa. «Somos hermanos», explicó, refiriéndose a los pueblos del Atlántico y del Mediterráneo, cada uno en una punta de la Península, unidos por el mar y por una forma muy parecida de entender la vida. También destacó la maravillosa sonoridad del Castillo de Dénia, un escenario que les impresionó especialmente y donde únicamente temían la fuerza del viento.

Sobre el escenario aparecieron nueve músicos vestidos de negro, con una elegancia sobria y atemporal que parece formar parte de su propia esencia. No necesitaron artificios. Bastó la fuerza de la música. Las gaitas, las flautas, el bodhrán irlandés, el djembé, los acordeones, el violín, las guitarras y las percusiones tradicionales fueron construyendo un universo sonoro capaz de trasladar al público desde el Mediterráneo hasta la Galicia más legendaria.

Uno de los momentos más comentados de la noche llegó cuando el viento comenzó a soplar con fuerza sobre la fortaleza dianense. El flautista tuvo incluso que tocar de espaldas en algunos momentos para proteger el sonido de su instrumento frente a las ráfagas que llegaban desde el mar.

Más tarde, con el humor que desplegó durante toda la actuación, Bieito Romero —auténtico maestro de ceremonias de la banda— explicó la situación bromeando con que había enviado a sus músicos «a luchar contra los elementos». Lejos de tratarse de una extravagancia escénica, era simplemente la mejor forma de que la flauta sonara correctamente. «La veteranía ayuda», comentaba después. Cuatro décadas de escenarios enseñan a convivir con el viento, la lluvia, el calor y cualquier otro imprevisto.

La anécdota adquiría además un significado especial si pensamos que O Son do Ar, probablemente la composición más emblemática de Luar Na Lubre, hace referencia precisamente al sonido del aire, al mismo aire que atraviesa gaitas y flautas para dar vida a la música. Aquella composición marcaría un antes y un después en la historia del grupo cuando Mike Oldfield realizó una versión que incorporó a su álbum Voyager en 1996 e invitó posteriormente a la banda gallega a participar en su gira internacional. Aquella colaboración abrió definitivamente las puertas de la proyección internacional de Luar Na Lubre. Según recordaba Bieito durante la entrevista, fue también una de las canciones que permitió que muchos oyentes descubrieran al grupo gracias a Ramón Trecet y a aquellos inolvidables programas de Radio 3.

Especialmente simbólica resultó la convivencia entre experiencia y juventud. La presencia de músicos jóvenes dentro de la formación representa la continuidad natural de un proyecto que no mira al pasado con nostalgia, sino con gratitud. Tradición y modernidad convivieron con absoluta naturalidad en una propuesta artística que ha sabido evolucionar sin perder jamás sus raíces.

Y después estaba la voz.

Una voz femenina de extraordinaria sensibilidad, delicada y poderosa al mismo tiempo, que parecía surgir directamente del corazón de las leyendas atlánticas. Por momentos se elevaba sobre los instrumentos y llenaba el castillo de una emoción difícil de describir. Hubo instantes en los que el público dejó de estar en Dénia para encontrarse imaginariamente entre bosques mágicos, montañas cubiertas por la niebla y antiguos caminos convertidos en canción.

Pero si algo conquistó definitivamente a los asistentes fue la enorme cercanía de los músicos. Lejos de cualquier solemnidad, se mostraron afables, cómplices y profundamente agradecidos durante toda la velada. Presentaron muchas de las canciones explicando sus historias, hablaron del Castillo de Dénia, de la belleza del Mediterráneo y del privilegio de celebrar el Día de Galicia en un escenario tan especial.

La participación fue constante. Invitaron a cantar, a acompañar melodías y a formar parte activa del espectáculo. Y esa complicidad fue precisamente una de las claves de la noche.

Una entrevista llena de entusiasmo y esperanza

A pesar de que al terminar el concierto la banda emprendía viaje hacia Ourense para actuar al día siguiente, nos dedicaron unos minutos de conversación con la misma amabilidad y cercanía que habían mostrado sobre el escenario.

La entrevista posterior confirmó las sensaciones transmitidas durante toda la velada. Bieito Romero se mostró cercano, cordial y extraordinariamente entusiasta. Lejos de instalarse en la nostalgia de una trayectoria de cuarenta años, habló constantemente del futuro, de la evolución y de la necesidad de que la música tradicional siga creciendo.

Otro momento del concierto de "Música al Castell"

Otro momento del concierto de "Música al Castell" / Levante-EMV

Defendió una idea que atravesó toda la conversación: las músicas tradicionales no pertenecen al pasado. Son músicas del presente y del futuro. Son nuestras raíces. Son la madre de todas las músicas. Sin ellas no existirían el folk, el jazz, el rock ni buena parte de las expresiones musicales contemporáneas.

Especialmente reveladora resultó la conversación sobre el relevo generacional. Romero defendió con pasión la necesidad de conectar con las raíces para caminar hacia el futuro y se preguntó en voz alta si la juventud está redescubriendo precisamente aquello que durante años pareció alejarse de ella.

En Luar Na Lubre esa filosofía se vive también sobre el escenario. Junto a los músicos veteranos conviven nuevas generaciones que aportan energía, vitalidad y nuevas perspectivas. El propio Bieito habló con orgullo de la incorporación de su hijo como gaiteiro de la formación, así como de Nuria, la violinista, y de Cris, la nueva vocalista.

«Nosotros formamos parte del pasado y del presente; ellos forman parte del presente y del futuro», explicó. Y añadió una frase que resume perfectamente el espíritu de la banda: «Los más viejos somos los más modernos».

Porque evolucionar, lejos de significar renunciar a las raíces, consiste precisamente en permitir que sigan creciendo.

También nos habló de algunos de los pequeños rituales que acompañan al grupo en los conciertos. Entre ellos, una singular estructura elaborada a partir de un cuerno de corzo encontrado en el monte y transformado posteriormente en una especie de talismán escénico. Un objeto cargado de simbolismo, adornado incluso con pequeñas luces, que refleja esa mezcla de naturaleza, imaginación y sentido del humor que impregna el universo de Luar Na Lubre.

Una fantástica atalayha musical. El público se emocionó con la música de Luar Na Lubre

Una fantástica atalayha musical. El público se emocionó con la música de Luar Na Lubre / Levante-EMV

A lo largo de toda la conversación quedó claro que la emoción no depende del tamaño del escenario. Les conmueve tanto un concierto multitudinario como uno íntimo. Lo importante son los latidos compartidos, esa conexión invisible que se crea entre músicos y espectadores.

El significado de Tu Gitana

Uno de los momentos más bellos de la entrevista llegó al hablar de Tu Gitana, la canción elegida para cerrar el concierto.

Bieito la definió como una especie de talismán, una profecía convertida en canción, una letanía de buenos deseos que se repite una y otra vez para acompañar a quien la escucha.

«Tu gitana que adivinhas, me lo digas pues no lo sé, si saldré desta aventura o si nela moriré...»

Explicó que la aventura de la que habla la canción es la propia vida.

Y lo más importante para afrontarla es la salud. «A través de la salud viene todo lo demás».

También evocó la influencia de José Afonso, figura esencial de la música portuguesa y una de las referencias que inspiraron los primeros pasos de Luar Na Lubre.

La interpretación de esta canción se convirtió en una despedida profundamente emotiva. Una voz angelical envolvió el Castillo de Dénia mientras los músicos deseaban salud, esperanza y buena vida para todos los presentes.

Antes de abandonar el escenario pidieron al público que encendiera las luces de sus teléfonos móviles. Los antiguos mecheros de los conciertos se habían transformado en pequeñas estrellas digitales. Tradición y modernidad unidas una vez más, exactamente igual que ocurre en la propuesta artística de Luar Na Lubre.

En pocos segundos, el castillo de Dénia se convirtió en un inmenso cielo estrellado.

Desde el escenario agradecieron la presencia, el cariño y la participación de los asistentes, poniendo el broche perfecto a una noche difícil de olvidar.

Personalmente, seguí sintiendo la misma emoción que cuando los escuché por primera vez siendo adolescente. Quizá porque algunas músicas no envejecen. Quizá porque canciones como O Son do Ar forman ya parte del imaginario sentimental de varias generaciones. O quizá porque Luar Na Lubre nos recuerda que la cultura, cuando es auténtica, tiene la capacidad de atravesar el tiempo.

Anoche el Castillo de Dénia no acogió únicamente un concierto. Acogió memoria, identidad, emoción, renovación y belleza compartida.

Y quienes tuvimos la suerte de estar allí volvimos a experimentar una sensación cada vez más difícil de encontrar: la de viajar muy lejos sin movernos del sitio.

Porque las raíces, como demostró Luar Na Lubre en Dénia, no sirven para quedarse quietos. Sirven para seguir creciendo.

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