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Xàbia, obligada a precintar los extremos de la calle de salida de la cala del Portitxol para evitar la invasión de coches aparcados y el colapso

Los bañistas hacían caso omiso a los bolardos y metían sus coches en la margen de este estrecho y virado vial

El estrechamiento dificultaba incluso que pudieran pasar los vehículos de emergencia

La Policía Local se ha visto obligada a precintar los dos extremos del vial de salida de la cala de la Barraca

La Policía Local se ha visto obligada a precintar los dos extremos del vial de salida de la cala de la Barraca / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

La presión turística en las calas de Xàbia es tan colosal que la Policía Local se ve obligada a tomar medidas drásticas y a poner precintos allí donde nadie se podía imaginar que los bañistas terminarían embutiendo sus coches. La estrecha, virada y empinada calle Truita, que es la de salida de la cala del Portitxol (la Barraca), tiene bolardos de plástico colocados en sus extremos. Primero se pintó la línea amarilla de prohibido aparcar. No fue suficiente. Luego se colocaron los bolardos. Y tampoco ha bastado. En las últimas semanas, numerosos conductores que se topaban con la barrera bajada (está en el inicio del vial que baja a la cala) y que estaban abocados a salir por la calle Truita (los viales son aquí estrechos y de una sola dirección) no se iban muy lejos a aparcar. Metían el coche entre los bolardos. Son de plástico y flexibles. La presión turística arrambla con estos obstáculos elásticos y frágiles.

Los extremos de la calle Truita estaban invadidos de coches. Y los vehículos que salían de la cala pasaban a duras penas. El estrechamiento del vial podía provocar que las ambulancias, camiones de bomberos o coches policiales, en caso de que tuvieran que acudir a una emergencia, quedaran bloqueados.

A las 8 de la mañana ya hay cola para pagar los 9 euros de aparcar en una de las escasas plazas de la Barraca

A las 8 de la mañana ya hay cola para pagar los 9 euros de aparcar en una de las escasas plazas de la Barraca / A. P. F.

La Policía Local ha echado mano del precinto. Ha precintado los extremos de esta calle. Ahora ya queda más que claro que aquí no se puede aparcar. Además, hay varias pegatinas de aviso a conductores de que su coche se lo ha llevado la grúa. Les ha tocado rascarse el bolsillo.

Saturación turística

Al final, la saturación es tan fuerte que no basta con colocar una barrera y restringir el acceso a la cala. Cuando se cierra una calle, los bañistas buscan aparcamiento en lugares "imposibles" y prohibidos. No les importa luego caminar un buen trecho para llegar a la cala anhelada. La presión turística se expande como una mancha de aceite. Además, en el caso de esta cala del Portitxol, que la calle Truita se llenara de coches aparcados a ambos lados suponía un riesgo claro de seguridad. Esta cala tiene muy mala salida. Solo hay una calle para "escapar". Y es estrecha, de muchas curvas y de fuerte pendiente. Que quede libre es vital.

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