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La cumbre del eclipse en la Marina Alta: más de 3.000 personas convierten el Puig de la Llorença de Benitatxell en una fiesta astronómica

El dispositivo de seguridad se había calculado para esa multitud y ha funcionado perfectamente

Vecinos y turistas contemplan el eclipse desde el Puig de la Llorença; a la izquierda, el Montgó

Vecinos y turistas contemplan el eclipse desde el Puig de la Llorença; a la izquierda, el Montgó / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

El Poble Nou de Benitatxell

La cumbre del eclipse. La cima del Puig de la Llorença, en el Poble Nou de Benitatxell, situada a algo más de 400 metros sobre el nivel del mar, es un insuperable observatorio. Al sur, el Penyal d'Ifac. Al norte, el Montgó. Enfrente, la Serra de Bèrnia y la cadena de montañas del interior de la Marina Alta. Un escenario tan abrupto, de dientes de sierra, acrecienta el interés del eclipse. De ahí que muchísimos vecinos y turistas de la Marina Alta se hayan decantado por el Puig. Ha sido la cumbre del eclipse en la comarca.

Y el espectáculo ha resultado grandioso. Más de 3.000 personas han subido a la cima o se han apostado en el mirador y en el extremo de la carretera. La Policía Local ya había previsto que acudiría una multitud. Ha coordinado junto a Protección Civil, bomberos forestales y los sanitarios de la Generalitat, un dispositivo que ha funcionado perfectamente. Se ha ido dirigiendo a los coches a las zonas donde podían estacionar. No se han formado grandes retenciones. Luego, al acabar, sí ha habido alguna cola, pero llevadera. Además, muchos espectadores del eclipse han alargado la fiestas astronómica y se han quedado a ver las fugaces perseidas.

La cima del Puig de la Llorença, en Benitatxell, tomada por la eclipsemanía (vídeo)

Alfons Padilla

Un eclipse de pícnic

Lo del eclipse ha sido casi una excusa para una tarde de campo y playa, de pícnic, vamos. Han subido amigos y familias. El eclipse hace "colla".

Por un momento, parecía que una nube se interponía y velaba el espectáculo. Pero el cielo se ha comportado. Y los asistentes han disfrutado plenamente del eclipse. Ha oscurecido: penumbra. Pero en la Marina Alta, no ha llegado a hacerse de noche. Ha quedado un hilo de luz. Y luego ha clareado ligeramente. Y ha llegado un crepúsculo muy teatral, pelín dramático, de matices rojos. Espectáculo total. Y si las perseidas dibujan esta noche líneas fugaces, pues ya habrá sido un día celestial, completo. Más no se puede pedir.

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