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Un bosque sumergido en el Auditorio de Teulada: el fascinante arte orgánico de Ximo Canet

El artista traslada el fondo del mar a la gran sala de paredes de hormigón del edificio diseñado por el arquitecto Francisco Mangado; las telas recrean perfectamente las praderas de posidonia

El bosque sumergido de Ximo Canet

El bosque sumergido de Ximo Canet / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Teulada Moraira

Ximo Canet lo ha hecho grande. Grande en intención. Grande en proporción. Era todo un reto. A esta enorme sala no se le termina de adivinar el aire marino. Domina el hormigón. Otros espacios de este gran auditorio de Teulada Moraira, diseñado por el arquitecto Francisco Mangado, sí evocan el Mediterráneo (las cerámicas de intenso azul de la fachada que mira a mediodía), pero la sala de exposiciones es otro mundo. Ximo Canet ha logrado meter el mar en las tripas de hormigón del auditorio.

El artista junto a varias espectadoras y ante una de las obras

El artista junto a varias espectadoras y ante una de las obras / A. P. F.

El efecto es poderosísimo. Se bajan las escaleras y casi hay que contener la respiración. Sería un guiño divertido que al espectador le dieran unas gafas de snorkel. La sensación es esa, la de sumergirse. La exposición está compuesta de tres espacios. El del bosque sumergido, con telas que se mecen casi como lo hacen las praderas de posidonia oceánica, sugiere el fondo marino. Más que sugerirlo lo recrea. El arte orgánico de Ximo Canet alcanza una sorprendente naturalidad. Las criaturas marinas nadan a sus anchas. Las ha plasmado en finas láminas con la técnica tradicional del gyotaku. Parecen vivas. Esta sala de hormigón se transforma en un acuario. El fondo marino y la pradera de posidonia y toda su vida (ecosistemas riquísimos) inundan el auditorio.

Lienzos de tierra y mar

Otra de las intervenciones es de lienzos sotenidos por un armazón de cañizo. Teulada Moraira aúna dos tradiciones, la pesquera y la agrícola. Están conectadas. Los lienzos son de tierra, pámpanos de viñas y hojas de posidonia. Esa amalgama de tierra y mar con sus colores ocres y amarillos representa el territorio en el que fermenta la tradición de la viña, el moscatel y el vino.

La exposición es magnífica. Los espectadores caminan entre las telas y se sumergen en ese bosque marino que el artista ha acertado a trasladar a esta sala del gran auditoiro de Teulada Moraira.

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