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Septiembre y las calas de Xàbia se liberan: "Ha cambiado hasta el acento; ha vuelto la gente de la 'terreta'"

Baja drásticamente el número de coches que se topan en el Portitxol con la barrera bajada: de una media de 350 al día en agosto a un centenar en el primer día del nuevo mes

Imagen de la barrera del acceso a la cala del Portitxol (la Barraca) tomada este martes 1 de septiembre

Imagen de la barrera del acceso a la cala del Portitxol (la Barraca) tomada este martes 1 de septiembre / A. P. F.

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Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Las calas de Xàbia empiezan a respirar. Se medio liberan. Ha sido otro verano de presión extrema. Los controladores que bajan la barrera cuando no hay ni un resquicio para aparcar en las calas del Portitxol (la Barraca) y la Granadella aseguran que el cambio este 1 de septiembre ha sido drástico. "Hay hasta otro acento. La gente que ahora viene ya habla valenciano. Es de por aquí, de la 'terreta'. Regresan a las calas ahora que saben que ya no están tan saturadas como en julio y agosto", comenta a Levante-EMV uno de los controladores. Y sí, hay otro acento. Incluso los vecinos de Xàbia que rehúyen en temporada alta las calas vuelven ahora. Septiembre es el mes de recuperar los paisajes propios, paisajes escamoteados por la muchedumbre turística.

La barrera, en la Barraca, se bajaba en julio y agosto entre las 9 y las 9.30 horas. Desde primera hora de la mañana, las plazas de aparcamiento de la cala estaban copadas. A partir de esa hora, todos los coches que llegaban se topaban con la barrera y tenían que salir calle arriba. En esos días de enorme presión turística llegaban al acceso a esta cala más de 550 coches al día. Una barbaridad. Y unos 350 no podían pasar. La estrecha calle de salida, calle de fuerte pendiente, registraba un tráfico intenso. No paraban de pasar coches. Sus ocupantes los aparcaban allá arriba, a un buen trecho de la cala. Bajaban andando. La calle de la Barraca era un hormiguear de bañistas que iban cargados con neveras y hasta tablas de paddle surf.

Parece claro que hay que ir un paso más allá en el control del acceso a las calas. Ya no basta con bajar la barrera y que no pasen los coches. La propia alcaldesa, Rosa Cardona, ha avanzado que hay que establecer un aforo, un cupo máximo de bañistas que pueden acceder cada día a las calas del Portitxol y la Granadella.

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Alfons Padilla

Este martes, 1 de septiembre, las calas son otra historia. En la Barraca, la barrera se bajó a las 11.15 horas. Durante todo el día, unos cien turismos tuvieron que seguir calle arriba y no pudieron llegar a la cala dado que no había aparcamiento. Algunos conductores tenían la suerte de que, justo al alcanzar la barrera, abajo, en la cala, se había despejado alguna plaza de estacionamiento. Podían pasar. Esa lotería no toca en pleno verano. Sí se veía a bañistas que descendían andando, pero ya no era lo de agosto, cuando esta calle de la Barraca tiene aire de concurrida avenida de ciudad.

Repunte los fines de semana

Los controladores son conscientes de que el viernes y el fin de semana se dará un repunte de llegada de coches. El control diario se mantiene hasta el 13 de septiembre. Luego ya se realizará los fines de semana hasta final de mes. Los controladores insisten en que el Portitxol ha recuperado el acento propio. "En los meses fuertes de verano llegan muchos holandeses, británicos, alemanes y belgas. Ahora los turistas son más de València, del terreno". Esa impresión confirma que los xabiencs y los vecinos de la Marina Alta no quieren saber nada de las masificadas calas en verano. Es en este mes de septiembre, cuando estos parajes litorales empiezan a liberarse de la saturación, cuando los "indígenas" (palabra que expresa resiliencia) regresan a la tierra prometida.

El Portitxol es una cala sumamente pintoresca. Abajo, en la orilla, las modestísimas casitas de pescadores (encaladas y con las puertas y las ventanas azules) evocan la esencia marinera de Xàbia. Mientras, la ladera está copada por los chaletazos de lujo. Xàbia y sus contrastes.

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