Cierra tras casi 40 años otra tienda tradicional de Xàbia: "Nos hemos dejado la piel, pero es imposible competir con las grandes superficies"
Pajarería Doménech nació de la afición de José Juan Pons Pedrós a criar canarios, pero pronto vendió piensos y también frutas y verduras de temporada y del terreno
"Nos hubiera gustado seguir, este negocio es nuestra vida, pero ya no sacábamos el jornal y no podía dormir de pensar en qué hacer para continuar abiertos"

La calle ha perdido vida tras el cierre de la tienda de piensos y frutas y verduras del terreno / A. P. F.

Cierra otro comercio tradicional de Xàbia. Pajarería Doménech ha bajado la persiana tras casi 40 años. En la puerta hay un cartel en el que los dueños dan las gracias a sus clientes. Apuntan que han cerrado por jubilación. Técnicamente, es así. Sin embargo, su titular José Juan Pons Pedrós, que acaba de cumplir 65 años y quien llevaba la tienda junto a su mujer, aclara que les hubiera gustado seguir abiertos. "Este negocio forma parte de nuestras vidas. Nos hemos dejado la piel, pero llega un momento en el que ya no puedes más. Es imposible competir con las grandes superficies. Así que, cuando he podido jubilarme, lo he hecho y con mucho pesar hemos cerrado la tienda".
Juan José era carpintero (oficial de primera). Su gran afición a criar canarios le decidió a abrir la pajarería, que llevaba su esposa. Vendían también piensos. Y en 2011, "nos reinventamos y empezamos a vender frutas y verduras del terreno y de temporada". Dos años antes, la calle Sant Vicent, que es donde está este local, sufrió una riada. Se desbordó el barranco. Los daños en las viviendas y los locales fueron cuantiosos. En la Pajerería el agua llegó a los 70 centímetros. El ayuntamiento abrió la calle en canal para colocar las tuberías que encauzaban el barranco. Las obras se prolongaron durante año y medio. Los pájaros y los piensos ya no dejaban beneficios. Un poco de casualidad, introdujeron la fruta y verdura de proximidad. Juan José recuerda que un amigo que tenía un bancal en la Vall de Laguar le propuso vender cerezas en la pajarería. Las cerezas volaron y, dado que los clientes pedían más producto del terreno, empezaron a vender fruta y verdura de temporada.
"Nos iba bien, pero ya llevábamos unos ocho años en los que no podíamos competir con las grandes superficies. Sí, nuestro producto es de temporada y del terreno, pero los clientes se decantan por el precio. Algunos nos decían que en el supermercado compraban más barato y eso te desmoraliza. Sabes todo el esfuerzo que se hace en la tierra para tener producto de temporada y de proximidad", explica Juan José.

El cartel colocado por los dueños en la puerta del local / A. P. F.
El titular de la tienda afirma que llegó un momento en el que los pagos ya superaban a los ingresos y que resultaba muy difícil mantener el negocio. "Hemos luchado por seguir abiertos. No podía ya dormir de pensar en qué podíamos hacer para volver a reinventarnos".
La calle pierde vida
Cerraron hace un mes. La calle ha perdido vida. Las cajas de frutas y verduras que estaban en la puerta invitaban a entrar. La calidad, insuperable. Pero para los clientes sigue contando más el precio. "Nosotros, los pequeños comercios, no podemos hacer nada ante las grandes superficies. Nos hacen un mal tremendo. No podíamos ya sacar un jornal".
El periodista le pregunta a José Juan sobre el vacío que deja su "histórico negocio". Y él apostilla: "Histórico es mucho decir. Sí era una tienda tradicional, familiar y de pueblo. Además, formaba parte de nuestras vidas. Por una parte, nos duele haber cerrado. Pero, después de dejarnos la piel, también es un alivio poder cerrar y asumir que los tiempos no son buenos para el pequeño comercio. Nos han quedado también muchas historias bonitas y la estrecha relación que hemos tenido con los clientes".
El cartel colocado en la puerta a modo de despedida subraya que los dueños de esta tienda "agradecen de corazón" la cofianza de los vecinos que sabían que comprar aquí era más que llevarse un excelente producto a casa. Suponía también apoyar el comercio que hace barrio y pueblo. Cierran las tiendas y dejan un vacío enorme. El cariño que se expresa en el cartel es el ejemplo de que estas tiendas son insustituibles y que comprar en las grandes superficies, una experiencia anodina y maquinal, es todo lo contrario a charlar y dejarse aconsejar por los comerciantes que dan la cara todos los días por sus productos y su negocio.
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