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OPINIÓN

El grupo municipal socialista de Calp, sobre Ceuta: "Cuando el dolor de una ciudad se manipula"

"La solidaridad que sirve se convierte en recursos, no en consignas"

La concentración en solidaridad con Ceuta que tuvo lugar en Calp

La concentración en solidaridad con Ceuta que tuvo lugar en Calp / Levante-EMV

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Grupo municipal socialista de Calp

Calp

Hoy, Día de Ceuta, la ciudad autónoma celebra su fecha más señalada en las circunstancias más difíciles que ha conocido en décadas. Más de un mes después de la entrada masiva del 30 de julio, miles de familias ceutíes conviven con una situación que no eligieron y con unos servicios públicos —sanidad, educación, policía, servicios sociales— trabajando muy por encima de su capacidad.

𝐄𝐥 𝐆𝐫𝐮𝐩𝐨 𝐌𝐮𝐧𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐥 𝐒𝐨𝐜𝐢𝐚𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐥𝐩 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫𝐥𝐨 𝐬𝐢𝐧 𝐦𝐚𝐭𝐢𝐜𝐞𝐬: 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐂𝐞𝐮𝐭𝐚. Con sus vecinos y vecinas y con quienes sostienen sus servicios públicos. Los ceutíes no están solos ni lo van a estar. Y lo decimos sin renunciar a lo que somos: la solidaridad con Ceuta no es incompatible con el respeto a la dignidad de toda persona ni con la confianza en el Estado de derecho, que es exactamente lo que separa a una democracia de un altercado.

Los concejales del grupo municipal socialista de Calp

Los concejales del grupo municipal socialista de Calp / Levante-EMV

Miembros de este grupo acudieron esta tarde a la concentración de Calp desde la prudencia y la empatía, sin siglas y sin pancartas, con la única intención de acompañar. Se marcharon, avergonzados, cuando padres y madres de familia corearon insultos hirientes contra los máximos representantes institucionales delante de sus propios hijos, y después de escuchar cómo se abucheaba a la alcaldesa mientras leía un manifiesto que, en teoría, todos los presentes compartían.

No cuestionamos a quien acudió de buena fe: miles de personas han salido hoy a la calle en toda España movidas por un sentimiento legítimo y sincero que merece respeto. Cuestionamos la forma. Un movimiento cívico no puede articularse sobre el insulto. Cuando la consigna sustituye al argumento, cuando se abuchea a quien lee un texto de consenso y cuando el dolor de una ciudad se convierte en munición contra un adversario político, lo convocado ya no es un acto de apoyo: es otra cosa. Se puede discrepar de un gobierno —de cualquier color— con toda la contundencia democrática del mundo. Lo que no se puede es enseñar a un niño de ocho años que así es como se discrepa en España.

𝐈𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐏𝐫𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞

Hay un experimento del genetista William Muir que hoy explica nuestra política mejor que muchos análisis. Buscando animales más productivos, seleccionó generación tras generación a los mejores especímenes individuales; en paralelo, seleccionó también a los grupos enteros más productivos. El segundo grupo prosperó. En el primero, el de los campeones individuales, casi todos habían muerto: sin querer, había seleccionado a los más agresivos, a los que producían más porque impedían producir al resto.

Si premiamos a quien solo destaca atacando, el sistema colapsa. El volumen no es eficacia. Y cuando quienes forman parte de una institución gastan su energía peleando entre ellos, la factura la paga siempre la ciudadanía.

La solidaridad que sirve es la que se convierte en recursos, en 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐞𝐣𝐞𝐫𝐜𝐢𝐝𝐚𝐬 𝐲 𝐞𝐧 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐞𝐥𝐭𝐨𝐬. Por eso pedimos coordinación leal y suficiente entre todas las administraciones para reforzar los medios que Ceuta necesita; que las comunidades autónomas, y en particular la Generalitat Valenciana, asuman las competencias que la ley les atribuye en servicios sociales, infancia y acogida en lugar de descargarlas sobre los ayuntamientos; una financiación municipal suficiente, estable y puntual, porque los consistorios son la puerta de entrada al sistema y no pueden seguir adelantando recursos propios; y que las instituciones de representación local recuperen el consenso como método: los manifiestos que hablan en nombre de todos los ayuntamientos de España deben acordarse con todos ellos.

No vamos a competir en decibelios. Vamos a seguir presentando mociones, exigiendo financiación y resolviendo expedientes. Porque el ruido pasa y los problemas, si nadie los trabaja, se quedan.

𝐇𝐨𝐲, 𝐲 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐢́𝐚𝐬: 𝐜𝐨𝐧 𝐂𝐞𝐮𝐭𝐚.

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