31 de marzo de 2014
31.03.2014
Infraestructuras

El coste de no invertir

Las carencias financieras han reducido drásticamente los presupuestos de las Administraciones Públicas para inversión y conservación de infraestructuras

31.03.2014 | 16:50
Cauce del barranco del Carraixet.

Los recortes pueden tener sentido en proyectos de tipo emblemático con efectos económicos más intangibles, pero tienen consecuencias negativas para la sociedad cuando se trata de carreteras, vías de comunicación, educación, sanidad o medio ambiente. España está a la cola de Europa en gasto en inversión en obras públicas, por detrás de países rescatados como Irlanda o Portugal.

El sector del transporte por carretera español tiene una reivindicación desde hace años que cada vez tiene más cerca de alcanzar. Quiere una modificación de la normativa que permita un mayor peso por eje en los vehículos de carga con la intención de poder elevar el volumen de mercancías. Sin duda se trata de un cambio que, de producirse, tendrá a largo plazo efectos sobre los centenares de miles de kilómetros de carreteras españolas y valencianas, en particular. El tipo y cantidad de pavimento asfáltico que se aplicar sobre las carreteras se calcula en función de estimaciones de pasos de eje. A mayor peso, se requiere mayor espesor del pavimento. Si esto no se hace, la carretera tardará menos en deteriorarse, exigirá reposiciones más frecuentes y, por tanto, mayor gasto en conservación.

¿Están las Administraciones Públicas preparadas para estas u otras contingencias? A tenor del análisis de los presupuestos de los últimos años y de los aprobados para 2014 la respuesta no sólo debe ser negativa, sino también preocupante. Las partidas para conservación y mantenimiento de infraestructuras viarias han caído alrededor de un 30 % anual en el caso de la Generalitat valenciana y el Estado. El desplome ha ido en paralelo al de otros apartados del capítulo de inversiones en infraestructuras desde el inicio de la crisis. Las obras públicas han sido víctimas propiciatorias de los recortes presupuestarios en la batalla contra el déficit y el hundimiento de los ingresos. Tras más de casi cuatro décadas de democracia construyendo a destajo autovías, puentes, viaductos, líneas de ferrocarril, estaciones, rotondas, hospitales, colegios e institutos, etc, la máquina inversora se ha frenado de golpe. España está a la cola en inversión en infraestructuras en Europa, con un 1,4 del Producto Interior Bruto previsto para 2014. Sólo Austria destina menos recursos. La media de la UE de los 18 es del 2 %, porcentaje que se eleva al 2,3 % en la Unión de los 28, con gran parte de los países de la antigua Europa del Este recibiendo importantes cantidades en fondos estructurales comunitarios. Países rescatados por su elevado endeudamiento y déficit como Irlanda o Portugal superan a España en gasto relativo en inversiones públicas, con un 2,7 % y un 1,7 % sobre el PIB respectivamente, según explicaba esta semana José Luis Santa Isabel, presidente de la Federación de Contratistas de la Comunitat Valenciana (Fecoval), una entidad que agrupa a las 15 principales empresas valencianas de obra civil.

Santa Isabel explica que actualmente se han reducido mucho tareas básicas de mantenimiento como la limpieza de drenajes de carreteras. «En esta zona llueve poco, pero cuando lo hace es de golpe y mucho, y puede haber problemas de inundaciones y cortes de carreteras», dice. El recorte del 30 % en los presupuestos de mantenimiento se nota. Los reasfaltados se alargan y se reponen más tarde elementos dañados en algunas carreteras como medianas o señalizaciones.

El Banco Mundial recomienda destinar a la conservación de vías el 2 % de su valor patrimonial. En 2013, las cuentas del Gobierno central apenas reservaron un 1 % a esta tarea, según la Asociación de Empresas de Conservación y Explotación de la Carretera (ACEX), que cifra en 85.000 millones el valor patrimonial de la red de carreteras del Estado.

La falta de celo en el mantenimiento ya hace tiempo que se deja notar. Un informe de 2012 de la Asociación Española de la Carretera advertía que tanto las vías del Estado como de las autonomías y diputaciones estaban de forma general en una situación «deficiente». Reposición de señales, pintura de marcas viales o recomposición de firmes, pavimentos y asfaltados son las asignaturas pendientes. Ya en 2012, el trabajo de esta asociación sostenía que la situación de los viales en España era la peor en 25 años.

El problema ya no es que se haga menos cómoda la conducción y el transporte, sino que se pongan en juego la seguridad vial. No hay conclusiones claras sobre la relación entre conservación y siniestralidad, pues el factor humano es el que más veces sirve para explicar un accidente de tráfico. Sin embargo, el año pasado el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC) lanzó un estudio en que relacionaba accidentes y costes para el erario público por gastos en servicios de emergencia, médicos, reposición de materiales, etc. La Dirección General de Tráfico estima que un muerto en carretera tiene un coste medio para el Estado y la economía española de 1,4 millones de euros y un herido, 219.000 euros.

El estudio del RACC señaló que el tramo de carretera más costoso por la concentración de accidentes y su gestión fue el que discurre por el término municipal de Silla de la V-31, lo que se conoce como Pista de Silla. También incluye la N-340 a su paso por Benicarló, la A-23 a la altura de Navajas y la N-332 en Gandia. De los diez tramos de carretera con mayor coste de accidentalidad por kilómetro, cuatro se encuentran en la Comunitat Valenciana.

Todas las anteriores son carreteras del Estado. Sin embargo, el debate sobre los efectos de los recortes en la conservación e inversión en infraestructuras no se precisamente ajeno a la Generalitat valenciana. El gasto medio del Consell entre 2002 y 2010 en infraestructuras de promoción económica, medio ambiente, cultura, etc, es de 895 euros por habitante, apenas un 55 % de la media de las autonomías españolas, que se sitúa en 1.525 euros por habitante. Según la Cámara de Contratistas de la Comunitat Valenciana, la Conselleria de Infraestructuras ha reducido su presupuesto de inversión un 83,59 % entre 2009 y 2013, es decir, los años de mayor incidencia de la crisis económica. El sector cree que la Generalitat apenas licitará 30 millones de euros en obras nuevas en 2014, más de un 70 % menos que el año pasado.

Lo recortes no alcanzan sólo a proyectos de infraestructuras básicas nuevas que se han quedado en el cajón. También alcanzan a los contratos de conservación y mantenimiento de elementos ya realizados. Santa Isabel no quiere mostrarse alarmista pero advierte, por ejemplo que Ferrocarrils de la Generalitat (FGV) no cuenta con un programa consolidado de mantenimiento de las vías de cercanías y metros. «No se batea ni se realínea. Las curvas de las vías sufren y al final darán problemas», afirma. También sostiene que es escaso el presupuesto para la conservación de las estaciones. «Había un proyecto experimental de conservación que ahora está congelado».

También los recortes en medio ambiente pueden tener efectos perjudiciales. El Ministerio apenas cuenta con 240.000 euros para la Comunitat Valenciana en inversiones. Santa Isabel recuerda la conveniencia de destinar fondos a la limpieza de cauces, fundamental a la hora de evitar mayores daños económicos por riadas y desbordamientos.

En definitiva, los recortes en inversión y mantenimiento de infraestructuras en la Comunitat Valenciana repercuten en su valor patrimonial. «La Comunitat se va a empobrecer; eso es lo que va a pasar», dice el presidente de los contratistas valencianos.

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