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El perfil | Leif Ferreira

Enamorado de las criptomonedas

Bit2Me es la primera plataforma española de compra y venta de ´bitcoins´, la criptomoneda que nació como un juego de ´frikis´ de la informática pero entraña una auténtica revolución financiera. En 2015, Bit2Me aspiraba a mercadear 100.000 euros al año en ´bitcoins´. Ahora mueve millón y medio al mes. Y subiendo.

Enamorado de las criptomonedas

Enamorado de las criptomonedas

Leif Ferreira parece el icono de Anonymus. Pelo negro, rostro pálido, raya al medio, bigote, perilla. Debe su nombre de pila a la pasión que su madre sentía por Leif Garrett, protagonista de la serie juvenil Tres en la carretera, que se emitió en España en 1975. Y se confiesa «un enamorado» de las criptomonedas, una pasión que le ha llevado a conocerlas, especializarse y llegar a poner en marcha en España la primera plataforma que cambia bitcoins por fiatmonedas, como el euro, por ejemplo.

Bit2Me, la empresa de Ferreira, nació en enero de 2015. «Hasta entonces solo se podían comprar bitcoins a empresas americanas que nunca contestaban al teléfono y que te pedían que depositaras el dinero en un banco de Estonia. Tardaban varios días en responder. Ahora puedes llamar a un teléfono donde te atienden en español, te resuelven todas las dudas que tengas sobre las criptomonedas y, además, tu dinero lo depositas en CaixaBanc».

La empresa estimaba que compraría y vendería bitcoins por un valor en torno a los 100.000 euros al año. A día de hoy tiene 35.000 clientes que compran y venden bitcoins por valor de un millón y medio de euros al mes. Y el negocio no deja de crecer.

Ferreira, residente en Castelló, nunca concluyó sus estudios y se dedicó a programar desde muy joven. Tiene doce años de experiencia. Y el contacto con las criptomonedas cambió su vida. De hacer páginas web pasó a diseñar una aplicación de tecnología financiera que fue aclamada por 40o ejecutivos de banca estadounidenses en Miami, Florida, en 2015. «Buscaban una tecnología para optimizar las remesas internacionales de divisas», explica, «eramos cuatro finalistas de India, Chile, Perú y España. Nosotros les propusimos una tecnología que permite hacer banca sin bancos, que permite resolver persona a persona (P2P) cualquier producto bancario, y nos dieron el premio America´s Fintech 2015».

Lo cuenta divertido, como un anarquista infiltrado entre ejecutivos de Wall Street, como cuando recuerda que recibió una llamada de CaixaBank. «Creíamos que nos iban a cerrar la cuenta porque usábamos bitcoins, pero nos dieron el premio a la mejor start-up del año».

Ferreira ha diseñado un sistema que permite a cualquiera sacar euros de los cajeros automáticos de ocho bancos españoles; Bankinter, Abanca, Cajamar, Caja Laboral, Banco Popular, ING Direct, EVO Bank y Bankia. Sólo hay que enviar unos bitcoins a la dirección de Bit2Me y, en unos minutos, se pueden obtener euros en miles de cajeros automáticos. No hacen falta ni tarjetas de crédito. Basta con el teléfono.

Y es divertido porque, después de todo, bitcoin nació como un juego entre frikis informáticos. De hecho, el creador de la primera criptomoneda es un personaje de «la nave del misterio», dice Ferreira. Se llama Satoshi Nakamoto, pero nadie sabe de su existencia. Tal vez sea un grupo de expertos. Lo que sí está claro es que su juego alcanza en estos momentos una capitalización de unos 100.000 millones de dólares. «Cada bitcoin vale hoy unos 6.000 euros», comenta Ferreira, «en enero se vendían por 1.000 euros».tEl joven programador, tiene 31 años, explica a borbotones las claves de blockchain, el origen de la primera cripotmoneda y sus implicaciones para el conjunto del sistema financiero.

Los bitcoins son el producto de una comunidad de usuarios que validan las transacciones entre direcciones y que aceptan las reglas diseñadas por Satoshi Nakamoto. Los testigos de las transacciones juegan a adivinar, cada diez minutos, una cadena que representa todos los movimientos registrados entre direcciones de usuarios de bitcoins en la red.

Cada cadena es un número que es resultado de un cálculo computacional «relativamente sencillo», según Ferreira. Cuando cuatro usuarios intercambiaban bitcoins entre ellos era bastante fácil dar con el número en cuestión. El testigo capaz de cifrar el número obtiene bitcoins como recompensa. Y ese número se incorpora a una cadena, un libro mayor, un libro de contabilidad.

«Las cadenas representan el historial de transacciones que han ocurrido entre direcciones de usuarios de bitcoin. Sólo existe una cadena que se establece como oficial que representa todos los cambios de propiedad de unidades de bitcoin en un gran libro de contabilidad. Cuando yo te envío un bitcoin de mi monedero al tuyo, los mineros la reciben, la analizan, la meten en un bloque y ese bloque se incorpora a la cadena». De ahí, la tecnología blockchain, cadena de bloques.

Más interesante: «No hay forma de falsificar un bitcoin por el tipo de criptografía que utiliza, muy superior a la que utiliza todo el sistema financiero hoy en día, de hecho, todo el sistema financiero mundial está observando la tecnología de bitcoin para ver cómo pueden mejorar. ¡Todos!».

El volumen de transacciones ha crecido de forma exponencial desde que Nakamoto activó el juego en 2008. Y la cosa se ha ido complicando. Cifrar el código de una cadena requiere ahora «fuerza bruta», en palabras de Ferreria. «Los mineros son testigos que hacen una labor de cálculo computacional que cuesta dinero. Ese cálculo se podía hacer con un ordenador al principio. Ahora se hace en granjas, naves industriales llenas de cacharritos que se llaman Asics, que son como ordenadores pero diseñados a nivel de componentes de hardware para hacer el cálculo computacional que requiere bitcoin a golpe de reloj, pueden ser millones de veces más rápidos que un ordenador. Como prima la rapidez, los mineros procuran tener la mejor infraestructura». Y se instalan en lugares donde la energía es barata, porque la computación «genera un residuo: calor». Hay que refrigerar las granjas. Y eso consume mucha energía. Las mayores granjas funcionan en Asia. Pero Ferreira sabe que ya se están montando granjas en Barcelona y Madrid. «La industria se diversifica», comenta.

El juego está diseñado para que no se puedan generar más de 21 millones de bitcoins. Los mineros que «descubren» los códigos correctos reciben en la actualidad 12,5 bitcoins por cada bloque. Pero el sistema es «deflacionario». «Nakamoto ideó una curva de emisión de modo que la recompensa de los mineros se reduce a la mitad cada cuatro años. De 50 a 25, de 25 a 12,5 desde julio de 2016». La emisión se debería completar en 2140.

Ferreira celebra que esa emisión tasada en inicio impide que cualquier banco central pueda intervenir sobre los bitcoins. «El iluminado que apoya el botón de la impresora para fabricar billetes lo tenemos en todas partes, lo tenemos en Venezuela, que se supone que es de izquierdas, y lo tenemos aquí, donde somos capitalistas o de derechas. ¿Qué va hacer el iluminado que está frente al botón? Lo va a apretar y va a decir: yo creo en la política de generar inflación, yo creo que es mejor mandar a Grecia a la crisis. Pero en bitcoin nadie puede generar políticas a partir de la emisión, la emisión está preestablecida, nadie va a poder hablar de ese libro de contabilidad para falsearlo porque ya está distribuido».

Mineros, testigos y usuarios habituales de bitcoin provocan otro efecto. Es imposible detener el juego. «La cadena compartida ha eliminado el punto vulnerable, el punto dónde atacar. El sistema swift, la red de compensación bancaria internacional ha sido atacado multitud de veces en lo que va de año, no estoy hablando de las crisis financieras que han demostrado el fracaso del sistema capitalista muchísimas veces en lo que va de siglo, sino de la parte tecnológica, que ha sido atacada de forma virtual para bloquearla. Pero también se puede atacar de modo físico. Bitcoin, no».

El juego sólo se puede parar si se apaga internet. Y la criptomoneda se presta a las analogías. «Bitcoin es al dinero lo que internet,a la información. La información antes estaba centralizada y contralada, ahora cualquiera puede acceder a ella».

Sólo los mineros pueden obtener bitcoins, pero, al menos en teoría, las criptomonedas ponen en solfa al conjunto del sistema financiero. «Bitcoin pone sobre la mesa la posibilidad de que millones de personas puedan coordinarse para sustituir al sistema financiero mundial que ha regido nuestra sociedad desde hace 200 años de forma sólida, de toda la vida, desde que existen los billetes. Bitcoin es el ecosistema perfecto para que la gente colabore, que tenga un incentivo para no falsear las cuentas y que esté resolviendo a nivel mundial un problema épico».

Ferreira está convencido de que «la tecnología permite eliminar intermediarios que no tienen sentido que, en ese caso, serían los bancos». «La gente ya no quiere una vajilla a final de mes, a los jóvenes no les gustan los bancos, esas instituciones que socializan las pérdidas y privatizan los beneficios», defiende. Y vaticina: «Puede que el sistema financiero siga vivo dentro de diez años, pero es seguro que todos usaremos bitcoins».

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