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Bienvenido Mister Bezos

Sea por el destino por el azar o por la providencia, de vez en cuando se dan insólitas coincidencias. ¿Qué puede ser más insólito que Siero y Nueva York se vean en la misma tesitura? Las dos ciudades se han enfrentado al mismo debate estas últimas semanas: Dar facilidades a la multinacional Amazon para que se instale en sus territorios o darle con la puerta en las narices. El resultado ha sido bien distinto en uno y otro lugar. Mientras la asturiana decidía acoger el centro logístico, Nueva York ponía tantas trabas que la macroempresa del magnate Jeff Bezos renunciaba a instalar su segunda sede en el distrito de Queens.

La diferencia de las dimensiones de uno y otro proyecto es abismal. Mientras que el campus de Nueva York iba a proporcionar unos 25.000 empleos, el almacén entre Meres y Granda creará entre 20 y 30. Mientras que Amazon pedía a Nueva York 3.000 millones en incentivos públicos, sólo sabemos que Siero le dio a la empresa de Bezos «las máximas facilidades cumpliendo la ley» (desgraciadamente, el alcalde polesu no fue más explícito).

En los dos casos, ha habido una oposición -más o menos radical- al proyecto. La de Nueva York gozó de gran glamour al estar liderada por la política de moda, la representante más joven de la historia de los Estados Unidos, la hispana Alexandria Ocasio-Cortez. La oposición en Siero ha sido más de andar por casa. Que si habían puesto una alfombra a Bezos en forma de «paraíso fiscal», que si se trata de «una empresa destructora de empleo neto», que si «menos servilismo a las grandes empresas y más apoyo al pequeño comercio». Los americanos fueron un poco más allá y también se quejaron de las políticas antisindicales de la compañía; de que la llegada de nuevos ejecutivos dispararía la gentrificación en el barrio, y la consiguiente subida de la vivienda.

La reacción de los sectores más liberales -en sentido económico- no se hizo esperar. La que mejor lo resume es la del consultor Shelly Palmer. «América -escribió en su blog- ha elegido un mal momento para que ser estúpido sea algo cool. No Amazon, no money. Tan simple como eso». Igual resulta un poco rudo y materialista, pero lo cierto es que el 70% de los neoyorquinos pensaban igual, pero la decisión la tomó una ruidosa minoría política.

España se enfrenta a un apasionante y decisivo debate que -aún salvando las distancias- es igual en Nueva York que en Siero. Tenemos que decidir si nos encerramos en nosotros mismos o si nos abrimos, si cogemos el tren del futuro o lo dejamos pasar de largo. Probablemente Nueva York se pueda permitir la vida sin Bezos, pero aquí está más difícil. Así que bienvenido, míster Bezos, pero por favor no se olvide de pagar sus impuestos aquí. Tampoco es tanto pedir.

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