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Una mujer al mando de la patronal citrícola

El comercio naranjero elige por primera vez a una presidenta para el 'lobby' creado hace medio siglo. Representará los intereses de 120 grandes empresas y 25 organizaciones de productores que dan empleo a casi 200.000 trabajadores

Inmaculada Sanfeliu

Inmaculada Sanfeliu F. Bustamante

El Ministro de Agricultura, el valenciano Luis Planas, aseguraba recientemente en una entrevista con Levante-EMV que «el sector citrícola debe espabilar». También lo tiene claro la nueva presidenta del Comité de Gestión de Cítricos, Inmaculada Sanfeliu: «la citricultura española se juega su futuro» y en Europa disputa su 'champions league' porque allí coloca el 93 % de sus exportaciones. La nueva jefa de esta organización se mueve bien entre despachos y pasillos de Bruselas para seguir muy de cerca lo que se cocina en la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea. Ella mide el tiempo en campañas, no en años.

Hace tres décadas asumió su primer cargo de responsabilidad en la capital comunitaria del viejo continente, como técnico del área de Agricultura y Política Comercial en la oficina de la Comunitat Valenciana. Desde entonces y hasta 1996 simultaneó esta labor con la representación europea del propio Comité de Gestión y a partir de octubre de ese año pasó a trabajar para Intercitrus -la interprofesional del sector, ahora mortecina, sin recursos ni personal- con las mismas funciones en Bruselas. Eran otros tiempos. Aunque sigue operativa no tiene sede propia y su protagonismo es residual. «Intercitrus no ha dejado de trabajar, sigue reuniéndose y le une, por ejemplo, la defensa de los controles fitosanitarios. En esta campaña se está activando y trabaja en la homologación del contrato tipo de compra-venta de naranjas y mandarinas en fresco. También en buscar sede y financiación. El paso siguiente sería iniciar campañas de promoción», explica.

Desde el Comité de Gestión, entidad asociada a la CEOE y fundada en 1972 (aunque ya sin la presencia de las cooperativas agrarias valencianas), destacan que Sanfeliu es «una profunda conocedora del sector citrícola español, de su imparable proceso de internacionalización, de la Política Agrícola Común (PAC), de los tratados comerciales así como de la normativa comunitaria, nacional y autonómica vinculada a esta actividad». En sus primeras declaraciones a la prensa como presidenta del CGC, Sanfeliu habla de globalización y concentración. El campo español se ha convertido en el «nuevo objetivo de fondos de inversión por la atractiva rentabilidad que ofrece». Y eso continuará, según la nueva dirigente del Comité de Gestión. Grupo Atitlan, controlado por Roberto Centeno, yerno del presidente de Mercadona, Juan Roig, con gigantescos negocios agrarios en tierras de olivos y almendros, se estrenó en el ámbito naranjero con la compra de Frutas Romu y este verano caba de sellar una la alianza con Guillem Export. Antes, Miura Capital compró la murciana Frutas Esther. La familia Martinavarro creó entonces el gigante Cítrico Global (Citri&Go), junto a la onubense Río Tinto. Sin duda, el capital se mueve. «Los fondos de inversión hacen sus números y apuestan por el negocio agroalimentario, en concreto por el citrícola, porque reportan beneficios. Es atractivo. Puede haber más procesos de concentración y de entrada de capital foráneo en empresas familiares», indica Sanfeliu rodeada de papeles y gráficos sobre la evolución de las últimas campañas.

Ingeniera agrónoma por la Universidad Politécnica de València, es desde este mes la nueva presidenta de una patronal que representa los intereses de 120 grandes empresas y 25 organizaciones de productores. En medio de este mundo tan masculinizado, la primera mujer al frente del lobby con cuartel general en València se propone en estos tiempos difíciles de coronavirus y de competencia que arrecia desde otros países productores de agrios (Sudáfrica, Egipto, Marruecos?) impulsar el negocio de un colectivo que genera un negocio de 3.100 millones de euros entre exportación y mercado doméstico. Eso lo convierte en la entidad con mayor representatividad en el comercio mundial de cítricos en fresco. No así de zumos, que domina Brasil.

Después de dos décadas como técnico en el organigrama profesional del Comité de Cítricos y como directora general desde 2017, al reemplazar a otro histórico, José Martínez, esta dama de hierro considera que su papel es dar continuidad al trabajo desarrollado en estas últimas campañas. «La entidad tiene un papel institucional y de lobby para defender los intereses del comercio privado ante todas las administraciones públicas, en Valencia, Madrid o Bruselas», apunta. Por eso lamenta que todavía no exista una persona trabajando «específicamente» desde la capital burocrática del viejo continente para defender los intereses del sector y de la agricultura en general, tal como anunció el año pasado el presidente de la Generalitat, Ximo Puig.

Efectos 'positivos' de la pandemia

«Europa acapara el 93 % de nuestras exportaciones. Por tanto, es nuestro mercado principal y ahí la citricultura española se juega su futuro», puntualiza. Prefiere que los cítricos de Sudáfrica entren por España, en lugar de por otros recintos europeos, porque los controles fitosanitarios son más estrictos. Pese a una «campaña corta en producción», como la que acaba de terminar, Sanfeliu reconoce que el estado de alarma ha mejorado el negocio del sector porque ha disparado el consumo. «La pandemia ha tenido un efecto de aceleración de las ventas porque el consumidor ha identificado la vitamina C a un efecto preventivo. Hemos de conseguir que ese recuerdo no se pierda», comenta. Respecto a las tractoradas y grandes manifestaciones de principios de 2020 reconoce que existen «motivos objetivos» para que exista «malestar» en los agricultores por la caída de las rentas. España produce alrededor de 7,5 millones de toneladas durante una campaña normal, con un valor medio de 4.300 millones de euros. Alrededor de tres de cada cuatro naranjas, mandarinas o limones comercializados en fresco es recolectado, manipulado y confeccionado por las empresas que integran el Comité de Gestión. De hecho, sus compañías dan empleo a la mayor parte de los alrededor de 200.000 trabajadores (143.000 recolectores y 57.000 operarios de almacenes de confección) que viven de esta actividad. Esta patronal tiene mucho que decir, tanto en el aspecto comercial como, cada vez más, por su vertiente como grandes productores.

En el negocio naranjero es clave prolongar la campaña al máximo y obtener nuevas variedades para desestacionalizar una producción demasiado concentrada entre noviembre y enero. «Queremos alargar las temporadas, tanto al comienzo como al final, sobre todo con variedades de mandarinas tardías porque en naranjas creo que el objetivo ya se ha logrado. Se seguirá desarrollando la citricultura a base de híbridos de mandarina tardía», agrega.

Esperanzas para crecer en China

¿El futuro? «Hay que invertir más en I+D+i. Si el sector no obtiene esas variedades aquí, en España, tendrá que buscarlas donde sea. Tendrá que adquirir sus derechos para la comercialización. No podemos ser líderes mundiales en exportación en frescos y permitir que nuestros países competidores tengan mejor producción que nosotros. En cuanto dejas hueco viene la competencia», objeta. Reconoce que abrir nuevos mercados es complicado. «Se nos cerró Rusia en el verano de 2014 y abrir nuevos no resultada nada fácil. Se han depositado muchas esperanzas en China aunque esta campaña que concluye ha caído por los problemas derivados del coronavirus». Y un serio conflicto a superar es el 'brexit': «Nos puede hacer daño porque no habrá un acuerdo preferencial de comercio con la UE para el sector agrario, se aplicarán aranceles y se deberán cumplir con las formalidades aduaneras. Salvo que antes se pacte. Con una situación de no-deal nos dejarían casi fuera del mercado porque un arancel del 16% y otro del 10% para las naranjas haría poco competitiva nuestra oferta, cuyas ventas se elevaron la pasada campaña a 330.000 toneladas. Eso es tanto o más que las exportaciones a los países no comunitarios. ¿Dónde podríamos encontrar mercados de calidad para colocar esa producción? Complicado», responde la presidenta de la patronal naranjera.

Y un problema más. Lamenta la «laxitud» en el de control de plagas vegetales por parte de la UE. «Plagas devastadoras como el HLB o greening, que acaba con el arbolado; así como la llamada 'mancha negra', que altera gravemente el aspecto de la fruta o la 'falsa polilla o el 'cotonet', acechan a nuestra citricultura. Prefiero que los cítricos de Sudáfrica entren en Europa a través de puertos de España que por otros países. Aquí hay mejores controles fitosanitarios y evitamos importar plagas», concluye.

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