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Francesc Colomer: "Decir que saldremos mejores es presuntuoso, pero hay que intentarlo"

Francesc Colomer,
secretario autonómico
de Turismo.  germán caballero

Francesc Colomer, secretario autonómico de Turismo. germán caballero

El secretario autonómico de Turismo, Francesc Colomer, se ha posicionado en las últimas semanas a favor del sector de la hostelería y el ocio nocturno en el conflicto por las restricciones sanitarias. «Acataremos con disciplina los dictámenes de Sanidad», señala, pero añade: «Mi primera lealtad siempre va a ser con el sector turístico, lo que no es una contradicción con el espíritu de este Gobierno. [...] En el sector turístico sólo he visto gestos altruistas», reafirma.

En anteriores entrevistas hablábamos de la saturación, de la turismofobia. Supongo que no sabrá si reír o llorar.

Cuando cae el turismo, la ciudad tiembla. Una ciudad sin turismo es una ciudad deprimida. Yo creo que esta pandemia nos tiene que hacer reflexionar en muchas direcciones: la fragilidad de la condición humana, la necesidad de una enorme cura de humildad, también una nueva mirada hacia lo que significa el turismo, el turismo controlado, sin llegar a límites que rompan costuras. Pero hasta ese punto, el turismo genera un círculo más virtuoso que otra cosa. No era una mirada acertada, el turismo no era el problema.

¿Qué reflexiones hizo el Colomer filósofo cuando el mundo se nos vino encima?

La enorme fragilidad de la condición humana y de la propia sociedad, y de todas nuestras planificaciones, estrategias … Es como si todas las mayúsculas se cayeran del teclado. La vida es fútbol. En la salida del vestuario rival del estadio del Liverpool pone aquello de ‘This is Anfield’. Esto es muy antiguo. En Roma estaba el ‘recuerda que eres mortal’. Esta pandemia nos ha golpeado como un ladrillo en la cabeza. Pero también pienso que no hay que regalarle ni un minuto a la melancolía, a la tristeza, porque las personas tristes, las sociedades tristes -hablando de turismo, los destinos tristes- no ganan batallas, no compiten. Hay que recuperar más que nunca esa narrativa optimista y reconstruir la esperanza. Yo creo que la gran lección será la valoración de la vida, la valoración del tiempo, vivir la vida de otra forma, con otra intensidad. Y yo ahí veo la economía del ocio, la industria de la felicidad y creo que se nos abre una gran oportunidad. Y esto ya no es solo filosofía, ya es business. También es generar oportunidades de empleo, que nos interesa muchísimo.

Ha habido fallos en el sistema: rotura de stocks, cierre de fronteras… que muchos han leído como una enmienda a la globalización. ¿Qué libro nos sacará de esta? ¿Las viejas recetas socialdemócratas?

Del libro viejo perdura lo esencial, los valores de la Revolución Francesa, de la Ilustración, de la modernidad -la modernidad también para lo bueno-, la libertad, la igualdad, la fraternidad/justicia social/solidaridad/estado del bienestar. Esto es la derivada del concepto varias veces centenario de la fraternidad. Los grandes principios perduran, y siguen siendo el gran salvoconducto, porque la humanidad no ha inventado nada mejor.

Tras un verano dramático y con el turismo y el ocio en el centro del debate, Colomer sostiene que los ERTE deben «cronificarse» y anuncia que el bono turístico y las ayudas directas seguirán en 2021

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Hablábamos de salir siendo mejores, y de repente el Galileo Galilei...

Que saldremos mejores y más fuertes sería presuntuoso. Lo que sería imperdonable es no intentarlo. La gente saldrá sin padre, sin madre, sin empleo... cuidado. Lo que no podemos es capitular, no debemos claudicar, no podemos salir acurrucados. Lo del colegio este muestra que somos éticamente bifrontes, capaces de lo mejor y de lo peor. A veces escuchamos, y es cierto, que la juventud es la más formada de la historia, la juventud, la vanguardia y después, capaces de protagonizar episodios de irresponsabilidad. Las mismas personas. No voy a culpar a nadie. Pero estructuralmente el ocio nocturno puede que sea un cierto dique de contención, tal vez al último contra esto.

Lleva meses pidiendo los semáforos regionales para evitar que los malos datos de un estado condenen a todos los destinos turísticos. ¿Qué ha pasado con la UE? ¿Es el fracaso definitivo?

Lo de los semáforos no es una metáfora. Es una metodología y una operativa muy interesante. Ahora Bélgica ha roto un poquito el guión y llevamos mucho tiempo trabajando por demostrar que la mirada superficial de las cifras del Estado nación no vale. Que hay que regionalizar y que hay que establecer esos corredores. Esa es una oportunidad. ¿Por qué? Porque mira, después de lo de Bélgica se ha notado en el pulso de los aeropuertos. Hay mercado, hay ganas de venir. La gente necesita hacer turismo, viajar.

¿Qué espera del bono que impulsa el Consell?

Hemos querido dotarlo de forma generosa. Es importante cubrir la necesidad social del viaje pero para nosotros hay algo todavía más importante, que es dinamizar la economía turística, inyectar en vena en el sistema recursos y ejemplo y emitir un mensaje. Las cifras epidemiológicas nos acompañan en este tramo de año. Es un mensaje de confianza, de credibilidad, de continuar construyendo marca y reputación, de que la vida sigue con muchas cautelas. El bono, que seguirá en 2021, y las ayudas directas son las dos grandes claves de nuestro presupuesto para 2021. Ayudar al tejido productivo a resistir este viacrucis y el bono, que es ayudarlo de otra manera.

¿Qué va a ocurrir cuando desaparezcan los ERTE? Tenemos un mercado de trabajo dimensionado a un turismo que tardará en volver.

Yo creo que los ERTE deben tener la suficiente flexibilidad y capacidad de cronificarse hasta que el mercado recupere su tamaño. Somos el 14% del PIB. Yo apuesto por esa herramienta de protección de los trabajadores y de la empresa, flexibles, adaptados a los cambios normativos, que haga falta y hasta que el mercado se recupere. Ese es nuestro deseo. De momento hay otros países que los han establecido hasta el final de 2021.

¿Qué cambiaría del futuro del turismo si esto supone un ‘reseteo’?

Sería presuntuoso hablar de la ley de Turismo, que es bien reciente, como una aventura premonitoria, pero en todo lo que significa sostenibilidad, transformación digital, creación del sistema de conocimiento e inteligencia, formar a las personas, código ético, responsabilidad, la hospitalidad como buque insignia... de alguna manera lo que los gurús señalan como las tendencias del futuro, creo sinceramente que nosotros estamos ahí. ¿Que hay que hacer? Acelerar la transformación digital y enfatizar la seguridad, que ya lo hemos hecho en el plan estratégico que en plena pandemia hemos culminado con el sector. La seguridad es un valor importante para España: seguridad ciudadana, pública, seguridad sanitaria.

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