Nuestro entorno digital genera un incesante volumen de datos. Intercambiamos diariamente 65.000 millones de mensajes en whatsApp, 100.000 millones en Facebook y unos 500 millones de tweets. Se estima que la «datosfera» a nivel mundial va a crecer desde los 50 zettabytes (50 billones de gigabytes) en 2020 hasta los 175 en 2025. La alternativa más prometedora a los sistemas de almacenamiento tradicionales (discos magnéticos, discos ópticos y memorias de estado sólido) viene de la mano del ADN. La información de interés (texto, imagen, vídeo), una vez codificada, se «escribe» o graba mediante un proceso de síntesis de ADN artificial, mientras que la «lectura» o recuperación se hace vía secuenciación de ADN. Entre los pioneros de esta tecnología se encuentra la Harvard University, que en 1988 logró integrar 35 bits de información en una bacteria E.coli y en 2012 consiguió codificar un libro de más de 50.000 palabras en fragmentos de cadenas de ADN.

Las ventajas más claras del ADN sintético como depósito de información son su elevadísima densidad de almacenamiento –se estima que 230 kilogramos de ADN podrían albergar toda la «datosfera» global actual– y su gran durabilidad y estabilidad, si se preserva en las condiciones adecuadas. Esta tecnología es todavía lenta, costosa y requiere equipamiento altamente especializado, dificultando su comercialización. La startup americana Catalog ha lanzado una plataforma de almacenamiento masivo de datos digitales basada en representar fragmentos de la información original mediante combinaciones de moléculas de ADN presintetizadas. La empresa ha codificado todo el texto en Inglés de la Wikipedia (16 gigabytes) y ofrece una «velocidad punta» de 125 gigabytes por día. La compañía Twist Bioscience integra el ADN artificial en una plataforma de silicio, incrementando el rendimiento y la escalabilidad de esta tecnología, y colabora con Netflix para el almacenamiento de un capítulo de su serie Biohackers en ADN sintético.

La conservación de información en ADN artificial parece apropiada para datos masivos que requieren un acceso poco frecuente y una custodia segura a largo plazo. Compañías como Applied DNA Sciences o Aanika Biosciences ofrecen servicios avanzados de etiquetado en productos o en el packaging para monitorizar la trazabilidad en las cadenas de suministro. Investigadores de la ETH Zürich pretenden convertir cualquier objeto cotidiano en una unidad de almacenamiento de datos («DNA of Things»). En un experimento imprimieron en 3D un conejo de plástico con sus propias instrucciones de fabricación almacenadas en ADN sintético dentro de microperlas de cristal. Esto les permitió clonar el conejo original durante cinco «generaciones» a partir del ADN almacenado en un fragmento diminuto. La posibilidad de recuperar información «oculta» sobre la composición, procedencia o instrucciones de fabricación de objetos puede convertirse en un recurso especialmente interesante.