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La transformación energética de la Comunitat Valenciana

la transformación energética de la comunitat valenciana

la transformación energética de la comunitat valenciana

Actualmente existe un consenso generalizado acerca de la necesidad de transformar el modelo energético actual hacia un modelo de desarrollo sostenible. El concepto de sostenibilidad descansa sobre tres pilares: el medioambiental, el económico y el social. Sin renunciar al crecimiento económico, la vertiente medioambiental del modelo energético exige cambios importantes tanto del lado de la generación como del lado del consumo para evitar consecuencias inasumibles para el entorno. La vertiente económica se relaciona con factores como la competitividad industrial, la eficiencia energética y unos niveles de precio capaces de lanzar las señales adecuadas a consumidores y potenciales inversores. Por último, la vertiente social tiene que ver con el convencimiento de llevar a cabo una transición justa, identificando y protegiendo a los consumidores vulnerables y propiciando el acceso generalizado a la energía y la garantía de suministro.

Para avanzar en el proceso de transición energética se plantean objetivos a diferentes niveles (europeo, estatal y autonómico) que giran en torno a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, hasta alcanzar una economía neutra en carbono en el horizonte 2050, a la mejora de la eficiencia energética y a la promoción de las energías renovables. Por su situación geográfica, la Comunitat Valenciana se considera un territorio muy vulnerable al cambio climático, tal como se indica en la Estrategia Valenciana de Cambio Climático y Clima 2030, sometido al aumento general de las temperaturas, desertificación del territorio por la disminución de las precipitaciones, aumento del nivel del mar, aumento de las temperaturas extremas o aparición de nuevas especies invasoras y enfermedades. Sin embargo, también cuenta con recursos importantísimos que son fuentes de generación renovables y se sitúa en la vanguardia del desarrollo y la innovación tecnológica de componentes electrónicos capaces de crear valor añadido, potenciar el empleo de calidad y exportar.

Por tanto, los desafíos o retos de la transición deben verse en la Comunitat Valenciana como oportunidades de crecimiento económico y bienestar social. ¿Cuáles son los retos de futuro? ¿Qué se puede hacer?

De acuerdo con el informe La transformación energética de la Comunitat Valenciana. Lecciones de la experiencia internacional (IvieLAB), elaborado por los autores de esta Tribuna, la Comunitat Valenciana se enfrenta al reto de ser autosuficiente e incluso podría llegar a ser exportadora neta de electricidad a otras comunidades autónomas. De forma global, se vislumbra un cambio de paradigma en el sector eléctrico desde un sistema de generación centralizada hacia un sistema de generación distribuida. En un futuro inmediato, el autoconsumo, las redes inteligentes o la gestión activa de la demanda jugarán un papel clave.

De forma específica, abordamos el reto de la sustitución de Cofrentes, pues dos tercios de la generación de electricidad en la Comunitat Valenciana ha sido libre de emisiones de CO2, pero aproximadamente la mitad ha provenido de la central nuclear. Este desafío coincide con la infrautilización evidente de la potencia instalada hidráulica y de bombeo, pero también con la existencia de grandes expectativas de crecimiento en energía solar fotovoltaica y eólica.

Esta misma semana se anunciaba que el Ministerio tramita cuatro megaplantas fotovoltaicas con casi 700 MW en Alicante; siete en total, en la Comunitat Valenciana que sumarían 1.500 MW de potencia instalada y un parque eólico de 500 MW en Cofrentes. A ello habría que sumar un bueno número de proyectos de menor tamaño en distintas fases de tramitación por parte de las Consellerias implicadas.

Ambos tipos de tecnología presentan el problema de la intermitencia en su generación; problema que se resolvería con la utilización de baterías, solución que dista de ser económicamente viable con las baterías actuales.

Otra de las claves a tener en cuenta es que no existen soluciones universales, ni la transición pasa por adoptar una única fuente de generación. Es necesario el estudio caso por caso, aprovechando todas las fuentes limpias de generación autóctonas existentes, explorando alternativas complementarias a la electrificación, como el gas renovable o el hidrógeno. También habría que apostar por el fomento de la generación de energía a partir de residuos agrícolas, urbanos o aguas residuales.

La fiscalidad medioambiental bajo el principio de «quien contamina, paga» es un buen instrumento para financiar el fomento de las energías renovables, favoreciendo el proceso de transición. El desarrollo de la red de puntos de carga de vehículos eléctricos y otros que utilicen biocombustibles o hidrógeno es condición necesaria para el despegue definitivo de este tipo de vehículos, así como facilitar al máximo la tramitación a todos los niveles administrativos en las solicitudes de nuevos puntos de red, agilizando los plazos de respuesta y fomentando la transparencia de la información relativa a la capacidad de conexión disponible.

En esta transición es crítico el papel ejemplarizante de la Administración, en áreas como la construcción de edificios o la movilidad. Así, son necesarias campañas informativas dirigidas a los ciudadanos para que tomen conciencia del impacto medioambiental de los actuales usos de la energía y del efecto que tendría un cambio de hábitos de consumo. Otra línea de actuación muy importante es la adecuación y fomento de la formación (módulos profesionales) para desarrollar habilidades y competencias aplicables al mercado de trabajo de los nuevos servicios energéticos.

Por último, el fomento de la investigación, desarrollo e innovación en baterías, nuevas fuentes de generación renovable (hidrógeno, eólica marina, bioenergía…), sistemas de captura, almacenamiento y utilización de CO2, redes inteligentes o gestión de datos, entre otros.

Oportunidades de la transición

La crisis provocada por la Covid-19 ha alterado todas las agendas y podría acabar retrasando algunas iniciativas conducentes a la mejora de nuestro modelo energético. Sin embargo, la transición debe verse como una gran oportunidad para cambiar el modelo energético y al mismo tiempo el modelo económico de la Comunitat Valenciana, máxime en los tiempos que corren. La transición es una gran oportunidad para reducir nuestra dependencia energética, incrementar la competitividad empresarial, crear valor en sectores tradicionalmente deprimidos como el agrícola o el ganadero y contribuir a reactivar zonas en peligro de despoblación, para generar empleo de calidad, para mejorar nuestra calidad medioambiental y en definitiva, nuestra salud. Ninguno de estos objetivos deben postergarse, más bien, debería acelerarse su consecución.

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