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Un palacio que ha sido casi de todo

Hogar noble, convento, academia o vivienda en alquiler conforman los usos del Palau de Benifairó

Un palacio que ha sido casi de todo

Un palacio que ha sido casi de todo

Convertir el único vestigio de la arquitectura civil del barroco genovés en València, en nau cultural de Benifairó exige una intervención integral en la que fuera la Casa Señorial de Joan Lluís Vives de Canyamàs. El equipo de gobierno de Benifairó de les Valls lucha por lograr que el edificio sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y para ello ha rehabilitado las cubiertas, además de reforzar y recuperar espacios con subvenciones.

En este momento el consistorio espera poder ejecutar la limpieza de la fachada, así como la consolidación de una nueva área a la vez que mantiene la lucha por lograr la catalogación BIC. «Tanto los técnicos de Cultura como los de la Universitat de València que han visitado recientemente el Palau han apostado por dicha opción, queremos convertir el Palau en la Nau Cultural de Benifairó, ya que por ella han pasado generación tras generación», apunta Vicent Chordá, edil de Cultura.

Este legado del manierismo genovés llegó a Benifairó tras el periodo que Joan Lluís Vives disfrutó como embajador en Génova con la Corte de Felipe III. Remodeló el palacio bajo la dirección del arquitecto italiano Andrea Lurago. El edificio proyectado en cuatro torres, con espacios nobles combinados con zonas ajardinadas, contó en su día con materiales importados desde Italia como mármoles de Carrara que combinaron con piedra que conforma todavía hoy arcos de medio punto, falsas ventanas y una fachada sumamente sólida que muestra el poderío de lo que fue.

No obstante, la vida del edifico ha albergado un sinfín de momentos que hoy dejan en su piel el impacto de cada una de las épocas. Tanto es así que el Palau Vives de Canyamàs con su recién estrenada Escuderia, espacio cultural de exposiciones, alberga todavía testimonios de aprendizaje, huellas de quienes lo habitaron confiriéndole el aspecto actual.

El primer momento de reciclaje inmobiliario registrado por el Palau llegó a finales del siglo XIX convertido en convento para las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, orden impulsada por el Padre Luis Amigó en 1885 desde Benaguasil. Las monjas crearon en Benifairó un jardín de infancia junto a una escuela de alfabetización y costura para chicas. En la memoria se escribe cómo Luz Vives de Canyamàs y Fernández Villamil ofreció el uso del edificio a las monjas, con lo que se consolidó el primer convento en Benifairó del siglo XIX.

Si bien, en aquella época los chicos podían acudir al convento de los frailes servitas tan reconocido en Quart de les Valls, las monjas acogían en Benifairó a algunas de las chicas cuyas familias podían ofrecer a sus hijas la formación. Entre las múltiples anécdotas que quedan en el recuerdo de quienes participaron a principios del siglo XX de aquella escuela se dice que dos vecinas de Faura subían hasta el convento y obsequiaban con rosquilletas del Forn Nou a sus compañeras. Esta cita de la memoria colectiva alude al actual Forn de Juan Pérez, que inició su andadura alrededor de 1884.

La impronta de las capuchinas queda en los muros del ala norte del Palau que mantiene en pie los encerados en los que escribían las maestras. «Alfabetización y costura, una posibilidad para las mujeres que preparaban su ajuar y podían llegar a convertirse en lectoras de la mano de esta primera escuela para ellas», comentan herederos de quienes pudieron gozar de la iniciativa.

Con el advenimiento de la República y el posterior conflicto bélico, el convento cerró sus puertas, no sin que el Palau Vives de Canyamàs albergara las huellas de quienes durante años convivieron en sus muros. Entre los numerosos inquilinos que habitaron el Palau queda la impronta documentada de Arturo de Cevallos Bertrán, que junto a su familia vivió en las estancias de la fortaleza.

Pero la voluntad de convertirse en ágora del conocimiento persistió en este espacio, ya que en las décadas de los 60 y los 70, el Palau volvió a albergar una academia de preparación para estudios superiores. Se trataba de una iniciativa privada a la que pudieron acudir algunos jóvenes de Les Valls.

No obstante, la vida no desaparecía de los muros de esta estancia noble, ya que Benifairó logró la adquisición del Palau para el municipio. El actual gobierno de la localidad, comprometido con el proyecto, ha consolidado la Escuderia del Palau como sala de exposiciones y primer espacio cultural del que será un edificio clave para la proyección de Benifairó.

«La apertura de la Escuderia muestra nuestro interés por revalorizar e impulsar el que consideramos uno de los edificios clave que nos lega la arquitectura valenciana», apunta Chordá.

Paralelismos con Rovinj

Las raíces de este edificio entroncan con otros múltiples diseminados por Europa. Tanto es así que se ha constatado la similitud de la puerta principal de acceso al Palau Vives de Canyamàs con el Portone Balbi de la ciudad croata de Rovinj. «La documentación recogida en un estudio denominado I Balbi: Una familia fra Spagna e Imperio de E. Grendi, muestra la fuerza de esta familia genovesa en Europa; de ahí la importancia que Joan Vives de Canyamàs tuvo para Benifairó», apuntan.

Las huellas del Palau esbozan la vida que ha albergado la que fuera en su día casa noble convertida ahora en bandera cultural.

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