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"Gracias a este club, mi hijo no está preso o muerto"

La madre de un joven revela el trabajo de reinserción socio-laboral que realiza de forma discreta el CD Lucha Ares de Sagunt desde hace 20 años

El presidente del club da  consejos a dos luchadores.

El presidente del club da consejos a dos luchadores.

El deporte y el esfuerzo son unos auténticos salvavidas para muchos niños y jóvenes del Camp de Morvedre e incluso poblaciones de otras comarcas. Eso lo saben bien las familias que han encontrado en el club de lucha Ares todo un pilar sobre el que sostenerse cuando el futuro de sus pequeños parecía lleno de nubarrones en forma de abandono escolar, droga, delincuencia, baja autoestima y desencanto.

Este trabajo de inclusión socio-laboral lo hace la entidad desde que nació hace ya 20 años; una tarea que realiza siempre de forma discreta, a la vez que despliega talentos deportivos al más alto nivel pues algunos de sus integrantes han llegado a conquistar campeonatos de Europa y del Mundo e incluso a rozar las Olimpiadas.

Ese sueño internacional se ha llegado a hacer realidad en muchas casas donde costaba llenar la nevera o el mundo de la delincuencia había empezado a llamar a la puerta.

Una vecina del Port de Sagunt incluso contactó con Levante-EMV para contar su experiencia: «Gracias al Ares, mi hijo salió de la calle. Si no llega a ser por ellos, hubiese sido un bandolero y un ladrón porque, tras la muerte de un familiar, cambió mucho. Se hizo muy rebelde, se juntó con lo peorcito, no iba a la escuela... Llegó a robar para que tuviéramos comida y tuvo problemas», cuenta con decisión la mujer, aunque sin querer dar su nombre.

Rafa Valero, dando instrucciones en un entrenamiento.

Tal y como explica, tras entrar en el Ares con menos de 13 años, su adolescente poco a poco empezó a cambiar, volvió a estudiar y se labró un futuro. «Allí le dieron una disciplina total y un respeto hacia las personas muy grande. Severos, pero bien. Gracias al presidente Rafa Valero y a los demás, mi hijo está a salvo y no preso o muerto. Si no, igual estaría en una tumba y yo velándolo», afirma tras haber visto cómo han acabado otros. «Él ya no está en el club, pero para nosotros han sido como si fuese una familia. Nos han ayudado en todo», añadía.

Algunos chavales han pasado de bordear la delincuancia a ganar trofeos, estudiar y llegar a crear una empresa

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Ésta, precisamente, es la filosofía del Ares desde que nació en mayo de 2001: Dar a la sociedad, siendo cantera de valores y de personas responsables. «Somos conscientes de que el deporte nos ha ayudado a encarar nuestras vidas y permite educar en valores. Queremos devolver lo que nos ha dado. La parte deportiva está ahí, pero nosotros queremos ayudar a menores en situaciones anómalas, familias con problemas sociales o desestructuradas», afirma el presidente, Rafa Valero, destacando la labor de equipo de la directiva y entrenadores.

La clave de sus éxitos en este plano es fácil de resumir. «Aquí son valorados, reconocidos y queridos lo que les permita aceptarse y evolucionar. Además, gracias a un acuerdo con varias empresas, el club les facilita formación bien como socorristas para poder trabajar en verano y ganar algo dinero o en tareas de vigilancia o defensa personal», añade Valero resaltando la colaboración que han obtenido de profesionales de todo tipo, desde expertos en reinserción a psicólogos o profesores de educación física.

De toda esta experiencia, hay muchos ejemplos pero recuerda un caso de un chaval «que iba camino de lo peor y ya se ha montado una pequeña empresa familiar. Ver esas cosas te llena más que una medalla olímpica», dice convencido.

770 jóvenes que «han salido del mal camino» en 20 años

La inclusión social es uno de los objetivos del club de lucha Ares desde que se fundó hace 20 años. En este tiempo, ha llegado a tener jóvenes tutelados por Servicios Sociales o enviados desde el juzgados sobre los que hacían informes semanales de cómo evolucionaban, lo que ha impedido que entraran en un centro de internamiento de menores o les ha permitido salir de allí. «770 chavales de 6 a 16 años con problemas sociales o sin recursos han pasado por el Ares; serán el 40% del total», dice el presidente, además de destacar que «con todos hacemos programas y cursos y seminarios sobre prevención de violencia de género, xenofobia, homofobia y siempre impulsando su formación e inserción laboral en colaboración con varias empresas»; un trabajo que ya les ha llevado a tener alumnos hasta de València o Godella.

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