Pertenezco a una de las tantas generaciones que han nacido y crecido a la sombra del Castillo de Sagunto, ésa inmensa acrópolis situada en las últimas estribaciones de la Sierra Calderona. Para cualquier saguntino la silueta del Castillo es algo natural, se diría que forma parte de nuestro ADN, incluso se suele decir «No pergues de vista l’ombra del Castell», es decir, nunca lo olvides.

Esta inmensa mole, situada a nuestras espaldas, ha sido testigo de importantes acontecimientos históricos: desde el asedio de Aníbal y la resistencia de los saguntinos, hecho que marcó un punto de inflexión en la Historia de Europa, a las guerras napoleónicas, siendo residencia y morada de distintas civilizaciones: iberos, romanos, musulmanes, judíos, visigodos.... Todos dejaron su huella inscrita en él.

En los siglos XVI,XVII, XVIII y XIX, Sagunto fue visitada por numerosos viajeros atraidos por su magnetismo: Wijngaerde, Conyngham, Laborde... Eruditos como Palos, Chabret, Brú i Vidal, o arqueólogos como Fletcher, Almagro y Aranegui han estudiado intensamente nuestro pasado, conscientes de la importancia histórica de la ciudad y de su Castillo.

Todo este inmenso legado patrimonial no ha servido para remover ni la conciencia ni la inquietud de los gobernantes municipales, autonómicos o estatales. Se ha funcionado «a salto de mata», improvisando. Se ignoraba el patrimonio, pasaban de largo las ayudas europeas, no existía una hoja de ruta que planificara y racionalizara ese inmenso recurso. Eso sí, Sagunto era un trampolín magnífico para la promoción política, aún así, ha habido alguna excepción honrosa que rápidamente era neutralizada, evitando «granos» molestos en una inmensidad plagada de ambición.

Por tanto, no nos vale esa frase tan manida: «es que no nos hacen caso». Los políticos están para batallar, presionar y luchar por el municipio y si no que dimitan. Y así seguimos, embarcados en una inercia perpetuamente lenta, donde la desidia, el desinterés y las continuas obstrucciones, algunas de ellas burocráticas, son la pauta habitual.

Aún así, el Castillo, ese emblema de la ciudad, recibe muchas visitas y el viajero se encuentra sin hojas explicativas, sin señalizar, sin guías. Perdido en la inmensidad, sin saber ni dónde ni cómo, ni qué ni cuándo, además de la peligrosidad que ofrecen algunos tramos. Ante las protestas de las diversas asociaciones por esta cuestión, los munícipes contestan: «es que no es nuestro»...El ayuntamiento debe pilotar la coordinación entre las tres administraciones, ofreciendo alternativas en aras de la planificación y eficacia en la gestión. ¡ Ya está bien!

Ciudades como Morella, Xàtiva, Peñíscola, Cartagena, Jaén, Almería, Mérida o Burgos, han crecido, incluso en plena crisis económica, porque han potenciado sus recursos patrimoniales impulsados por gobernantes y técnicos municipales con arrojo, auspiciando hojas de ruta patrimoniales, creando alternativas y sinergias que han aumentado los beneficios y los puestos de trabajo en todos los sectores. En Sagunto no existe hoja de ruta. Sin comentarios.

Por todo esto, nació nuestra asociación: «Col.lectiu pel Patrimoni Saguntí» con dos objetivos: concienciar a la ciudadanía y poner en valor el patrimonio, teniendo como monumento referencial el Castillo, nuestro monumento más abandonado y más carismático. Un domingo al mes organizamos visitas guiadas gratuitas, por la ciudad y cada vez acude más gente. Todas las primaveras organizamos la «Trobada del Castell». Toda una pléyade ciudadana, entusiasta, sube ilusionada al Castillo esperando cambios. Ya van dieciséis años clamando en el desierto. Sin resultados.

En conclusión: con estos mimbres, Sagunto no está ni estará en el mapa. Desde el «Col.lectiu pel Patrimoni» pedimos a los gobernantes municipales, autonómicos y estatales que reflexionen y sean valientes, que luchen. Creemos humildemente que Sagunto no merece ese trato.