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'Rebascalls', más vivos y abiertos que nunca

Los antecesores medievales de los ‘huertos urbanos’ renacen en la Vall de Segó con la covid-19 Las nuevas generaciones, también de origen extranjero, se suman a los cultivos junto a las acequias

Algunos de los vecinos que cultivan sus cosechas en los «rebascalls» de Quartell. | DANIEL TORTAJADA

Los huertos urbanos tienen un antecedente en La Vall de Segó: Los denominados «rebascalls» que siempre han pasado de generación en generación desde tiempos inmemoriales y ahora viven una nueva edad oro tras años de olvido.

Uno de los agricultores, en su ‘rebascall’. | DANIEL TORTAJADA

Estas pequeñas e irregulares parcelas, ubicadas junto a las acequias de la Font de Quart, albergan las mejores hortalizas de la subcomarca. El sustrato de los huertos es especialmente fértil y su cultivo, antaño, era vital para familias sin recursos económicos. Ahora, como entonces, no hay que pagar por explotarlos. Solo llegar a un acuerdo verbal. Sin embargo, el perfil de quienes los explotan es más variado, como explica Sari Gil, la sequiera major de la Font de Quart. «Están los labradores tradicionales que trabajan las parcelas desde hace más de 15 años, pero otros de diversas nacionalidades afincados en les Valls que optan por cultivarse, en su mayoría, sus hortalizas», afirma Sari Gil.

Con la crisis sanitaria generada por la Covid -19, los ‘rebascalls’ viven su particular auge. La producción ecológica, el valor de lo propio y el placer de consumir producto de calidad han hecho resurgir estos cultivos.

Claudia Todorut y Ciprian Petre, junto a su hija Denisa Maria Ghita, son algunos de los que viven con entusiasmo su ‘rebascall’. «Como somos de Rumanía nos gusta trabajar la tierra; nos han dejado esta parcela y estamos encantados. Necesitar una cebolla y poder venir a cogerla o hacer una tarta de fresas con nuestra propia cosecha, es un lujo. Además ,nuestra hija participa también del huerto, aprende y vive la tierra con nosotros» comentaba Claudia.

Otros vecinos como Melchor García y Vicent Camarelles se tildan de ‘recién llegados’ a este mundo. «Yo lo heredé de mi suegro e intento sacar mi propia cosecha; hago mis pruebas y nutro con ello a mi familia». «El contacto con la naturaleza, la producción de aquello que comes, la posibilidad de comer aquello que coges al instante y sobretodo la calidad de lo que cultivamos convierte el ‘rebascall’ en un pequeño paraíso», apuntaba Melchor García.

«Es un verdadero tesoro, solo necesita sol y agua; el ‘rebascall’ lo tiene todo», añade Agustino Folguerá, uno de los más experimentados ‘rebascalleros’ de Quartell.

A pesar que, históricamente, estos cultivos eran visibles en las entradas de los cinco municipios de les Valls, actualmente perduran especialmente desde el sistar de Quartell hasta el Molí Nou y tras el primer sistar a la salida de la Font en Quart.

Esta forma tan particular de aprovechar las tierras que separan los huertos de naranjos de las acequias es, en realidad, uno más de los múltiples tesoros que singulariza el patrimonio inmaterial de la Font de Quart, si bien éste incluso dibuja su perfil en una singular ruta por la Vall de Segó en la que solo es necesario seguir el camino del agua.

Autorización verbal

Tradicionalmente, el ‘rebascall’ quedaba bajo la jurisdicción del Guarda Sequier de la Font de Quart, que era quien autorizaba verbalmente a quienes lo necesitaran a plantarse sus hortalizas sin pedir nada a cambio. «Antes había gente muy pobre y estos campos les permitían cultivar para casa» destacaba hace tiempo Crescencio Recatalà, quien fuera Guarda Sequier de la Font durante más de cuarenta años. Luego, esto cambió. «Muchas de estas parcelas se van pasando entre los propietarios; una especie de pacto oral permite pasar entre los ‘rebascalleros ‘el derecho de cultivo de estos minihuertos», apuntaba.

La esencia cultural, económica, social y ecológica de la Font de Quart, convertida en corazón de la Vall de Segó, se escribe también así de forma singular en su huerta; todo de forma gratuita aunque también con otra tradición no escrita: La de compartir en lo posible los frutos con vecinos y familiares para que, sin duda, así todo sepa mejor.

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