Hace unos días leí en un medio local que el tripartito que gobernaba Sagunto había aprobado «en solitario» la nueva ordenanza del impuesto de plusvalía. No podía entender como tres partidos que suman 14 ediles podía estar «en solitario». Es evidente que más en solitario está la oposición con 11 ediles.

Pensé, apenas unos segundos, si sería verdad que los tres partidos eran uno solo y que todos ellos decían lo mismo. No es así y lo han demostrado en varias ocasiones votando por separado algunas propuestas, pese a que podían provocar frialdad, que no ruptura, en las relaciones entre ellos.

Sin embargo, nunca hemos visto a nadie en el pleno pedir explicaciones a aquellos ediles que ostentando su representación municipal han acudido en lugar preferente a cualquier acto religioso. Nadie. No sé si en la comisión de gobierno o en el despacho de la alcaldía habrá ocurrido. Es posible, pero, lamentablemente, no lo creo.

Y podían pedirse explicaciones, porque el ayuntamiento aprobó en sesión plenaria en 2016 la laicidad en el ámbito municipal a propuesta del PSPV (PSOE) y su portavoz Sr. Crispín. Tres veces se aprobó por unanimidad. Era alcalde el Sr. Fernández, de Compromís; portavoz del PP el Sr. Muniesa; el de IU Sr. Sampedro, el de IP Sr. González. Todos ellos siguen de portavoces.

Primero se aprobó por unanimidad su inclusión en el pleno sin dictamen de la correspondiente comisión informativa. Por segunda vez se volvió a votar por unanimidad incluir dos enmiendas de Compromís que mejoraban el texto inicial, y por tercera vez se volvió a votar por unanimidad la moción junto con las dos enmiendas introducidas. Todos están obligados a cumplir los acuerdos plenarios y a hacerlos cumplir y no parece que sea así y por eso parece que puede tener razón el periodista que titulaba «el tripartito en solitario» o sea con una sola voz.

La edición comarcal de Levante-EMV es nuestro único medio de información. Sus crónicas y fotografías, especialmente de actos religiosos con la presencia de ediles siempre en lugar preferente, ponen ante los ojos de la ciudadanía el flagrante incumplimiento de la laicidad aprobada.

Por una buena amiga fui tildado, con cariño, de francotirador. Consulto la Real Academia Española y veo que sí que está bien aplicada la palabra, ya que una de sus acepciones es la de quien actúa «sin pertenecer al ejército regular». Eso es verdad, pues no pertenezco a ningún ejercito ni partido, pero ya no es válido atribuirme la acepción que se aplica a la persona que actúa aisladamente y por su cuenta.

Somos muchos/as los que nos preocupa el cumplimiento de los acuerdos y las leyes. Desde Morvedre Laic y dentro de Europa Laica intentamos que la nula relación con el acto religioso que la sociedad secularizada, mayoritariamente, ya considera normal, se traslade también a nuestras autoridades que representan a la mayoría de la población.

No está uno solo cuando se siente amparado por la Constitución, el acuerdo plenario, el Concilio Vaticano II, el Papa Francisco, las comunidades cristianas de base, muchos amigos y soñadores de otras realidades y, como me decía una ferviente creyente, por el sentido común. También me decía esta amiga que le daba vergüenza, como creyente, ver la permanente utilización política de los actos religiosos.

En definitiva vemos que las palabras, con sus variadas acepciones, pueden estar bien aplicadas o no, pero siempre encontramos en ellas una ayuda imprescindible para poder expresarnos. Otro día hablaremos de palabras. Me fascinan.