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Mesa: «El patrimonio es para vivirlo»

El historiador y cronista oficial de Estivella aboga por redescubrir el legado comarcal «para escucharlo y sentirlo»

Lluís Mesa, historiador y cronista de Estivella, en la conferencia. Daniel Tortajada

 «El patrimonio ayuda a pensar, es para vivirlo y para encontrar el futuro». Éste es el planteamiento que hizo el historiador y cronista oficial de Estivella, Lluís Mesa, durante la charla que ofreció recientemente en Sagunt y que organizó el Col.leciu Pel Patrimoni Saguntí.

Más que describir el rico patrimonio comarcal, planteó la necesidad de tener en cuenta para qué sirve este legado. «No solo son piedras históricas, pinturas bellas o esculturas perfectas. Sobre todo son un medio para enriquecernos como personas. Nos hemos de quitar de la cabeza la idea de consumir patrimonio y quitarle su valor mercantilista», defendió.

Mesa propuso así un paseo por el patrimonio comarcal «para escucharlo y sentirlo», sugiriendo olvidarse de la grandeza, la belleza y el consumismo patrimonial. «La clave está en la idea que el patrimonio nos ha de hacer pensar», recalcó.

Así, hizo un recorrido fotográfico por distintos enclaves, pero sin hacer una descripción exacta del patrimonio, sino incidiendo en aquellos elementos que el autor destaca «porque nos hace pensar más intensamente como sociedad».

Entre otros puntos, citó Algar del Palancia, con "su cisterna escondida, su torre olvidada y su puente de comunicación que hace historia", además de reivindicar la fiesta de «els turquets» desde una lectura integradora.

En Alfara de la Baronia destacó el paisaje urbano como patrimonio, las iniciativas etnográficas y el museo impulsado hace años con un esfuerzo que, a juicio de Mesa, hay que valorar, además de preguntarse si sabemos todo lo que tenemos, en relación a las pinturas de Oliet, que hay en la iglesia.

Su recorrido por Algímia d'Alfara apostó por valorar el pasado de otras culturas, la singularidades de un pueblo con unas arcadas en el lateral de la iglesia que le dan a un carácter muy peculiar, así como una nueva perspectiva de los campanarios.

También abogó por valorar los baños árabes de Torres Torres, el interior del castillo, el espacio alrededor de los monumentos y la recuperación privada del patrimonio.

Desde Estivella recalcó el valor de los puentes, pero fue crítico con el «patrimonio apartado y desconsiderado», el nuevo Punto Verde «que olvida el patrimonio» o el vandalismo que se produce en Beselga .

 De Albalat dels Tarongers resaltó la presencia de un castillo privado, así como la oportunidad que brinda, además de la nueva concepción del espacio urbano.

No faltó una mirada al patrimonio natural de Segart, su castillo «perdido» y sus calvarios desconocidos, así como su antiguo lavadero.

Gilet lo remarcó como centro espiritual de la comarca con un patrimonio desconocido, una torre que ha pasado de pública a privada y unas ermitas por descubrir.

De Petrés destacó las cisternas y "el tiempo perdido en el patrimonio con el caso del castillo, dijo además de invitar a mirar y proteger la cerámica así como las cúpulas.

No faltaron referencias a La Vall de Segó. Sobre Quart, remarcó la recuperación de los refugios de la guerra civil; de Faura, la cultura que llega a patrimonio, iniciativas como el festival FaurArt o la importancia del palacio de titularidad privada. Respecto a Benifairó se preguntó si finalmente se podrá recuperar el palacio, destacó los museos etnológicos privados como el de Perentoni y las casas-museos de Lluís Guarner y Sánchez-Coello, así como la cultura ya asentada de los belenes.

De Quartell, remarcó las devociones, las rutas del agua, «la condena del palacio» y la puesta en valor del molino.

En cuanto a Benavites, recordó los «quinque libri» como signos de identidad, la pintura en las iglesias, la identidad comarcal perdida en Benicalaf y la impresionante torre.

De Sagunt destacó la dansà como Patrimonio Cultural e identidad, así como "la fiesta más allá de las fallas, pero sin olvidarlas", la asignatura pendiente de recuperar y contextualizar el patrimonio, así como el valor patrimonial de la religión. También se preguntó si el patrimonio industrial se protege de verdad y puso el acento en lo ocurrido con el pantalán, como ejemplo de dejar morir el patrimonio porque no se valora.

Finalizó su recorrido en Canet de Berenguer para reivindicar la memoria histórica y el patrimonio, la indumentaria a proteger y buscar, así como destacar el nexo entre el patrimonio y los faros; toda una invitación a mirar de otro modo todo ese legado.

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