Tribuna

El abandono del pedestal de Germánico

La escritora saguntina Pilar Madrid denuncia la situación de una particular pieza arqueológica en el Castillo de Sagunt

Pilar Madrid.

Pilar Madrid. / Levante-EMV

Pilar Madrid

Con paso firme, me adentré en los entresijos del castillo de Sagunto. Algunos turistas desorientados examinaban las vallas oxidadas que delimitan una parte del trazado de las construcciones medievales. Los observé de reojo, mientras descansaba apoyada, en la piedra que antiguamente formaba parte de la inscripción dedicada a Cneo Baebio Gemino y que en aquella época yacía en el suelo, pero ahora, se erguía majestuosa señalando la importancia del lugar donde me hallaba.

FORY, leí para mis adentros, e invadida por la tristeza, senté mi cuerpo, sobre las escaleras de la Curia romana, cerré los ojos y respiré hondo, queriendo impregnarme de la magia del lugar, pero los gritos de un grupo de turistas, hizo que los abriera, rompiendo el encanto. Y entonces los vi acercarse, iban encabezados por una mujer rubia de mediana edad, que portaba en la mano derecha un paraguas que de vez en cuando levantaba para que ninguno de sus polluelos, se equivocara de grupo o se perdiera en el lugar. Se acercaron a las piedras de las inscripciones, donde los hizo pararse para decirles que el señor que allí se nombraba fue una persona importante en Sagunto, para después, marcharse como habían venido. 

Yo no salía de mi asombro, preguntándome si era verdad, lo que terminaba de ver. Así que resignada, me puse la mochila a la espalda y seguí dando vueltas por el Foro. Me paré al observar una escalera de peldaños de piedra, que parecía muy resbaladiza. No pude contener mi curiosidad y descendí por ellas, adentrándome en las entrañas de la antigua basílica romana. Acaricié con mi mano los muros construidos con piedras sin argamasa, quería más de aquello, quería verlo todo, ser absorbida por tiempos pasados, si pudiera viajar en el tiempo, aunque fuera solo una hora, mi lugar elegido, sería este. Así que como los viajes en el tiempo aún no se han inventado, me dispuse a explorar más la zona, divisé una especie de puerta al fondo y me encaminé hacia ella. Asomé la cabeza, estaba alto, pero no lo pensé y salté.

Miré a un lado y a otro, para determinar hacia dónde dirigirme, a la derecha no, hay mucha altura, la única opción era la izquierda, sorteé unas piedras, hasta llegar a un bloque enorme, que llamó mi atención. ¿Cuánto pesaría aquello? Le di la vuelta al gigante abandonado y para mi sorpresa en una de sus caras tenía una inscripción. Me senté delante conteniendo la emoción, ¡GERMANIC!, pronuncié en voz alta.

Me eché para atrás con gesto de sorpresa, abriendo la boca. ¡No me jorobes!, si esto dice GERMANICO, ¿qué haces aquí tirado, encima de un palé podrido y debajo de una higuera?

Extraje de mi bolsillo el móvil y me dispuse a traducir la inscripción. GERMANIC/CAESARI.TI/AVG.F.DEIVI/AVG.NEPOTI./DEIVI.IVLI./PONEPOTI./COS. II.IMP.II.

«A Germánico Cesar, hijo de Tiberio Augusto, nieto del divino Augusto, biznieto del divino Julio, Cónsul por 2ª vez, Imperator (general) por 2ª vez».

Parte del pedestal del Germánico.

Parte del pedestal del Germánico. / Levante-EMV

Ahora, no solo me invadía la tristeza, sino la rabia y la irá se apoderaban de mí por momentos. ¿Cómo teníamos ahí semejante joya tirada en el suelo? En otra ciudad, habrían construido un museo solo para alojar aquella piedra, pero nosotros no, la tenemos aquí tirada, a disposición de los elementos que día a día la deterioran. No escuchamos sus lamentos, cuando siente frío por las noches, calor en los días de verano y llora en silencio cuando llueve, pidiendo desesperado, ser sacado de allí.

Mi voz es pequeña, pero espero que este grito, llegue a muchas personas y que nuestro patrimonio sea cuidado como se merece, con el respeto que debemos a la historia y más aún, si es nuestra, pues es el legado que vamos a dejar a las generaciones venideras.