Así son las pinturas medievales que Sagunt pide a la diputación
Los murales hallados de forma casual tras un bombardeo pudieron ser salvados en 1946 pero llevan años en un almacén

Montaje del estado actual de las pinturas murales. / Lucía Bosch Roig
Unas pinturas murales medievales encontradas tras un bombardeo llevan casi 80 años fuera de Sagunt, salvo un leve paréntesis, aunque el ayuntamiento intenta ahora recuperarlas, como piden el Centre d’Estudis Camp de Morvedre y otras entidades culturales.
El conjunto pictórico fue descubierto en el antiguo Hostal de la Castellona, un edificio situado cerca de la actual estación de tren que antes había sido casa señorial de los Vives de Canyamàs. La metralla arrancó parte de la capa de cal que ocultaba las escenas, dejando ver fragmentos de una representación de la Última Cena datada entre los siglos XIII y XV. Sin embargo, el hallazgo fue tan fortuito como acuciante: las obras estaban ya muy dañadas y con riesgo de desaparecer.
En 1946, el restaurador Luis Roig decidió extraerlas mediante la técnica del strappo, separándolas del muro original y dividiéndolas en cinco fragmentos de más de tres metros y medio de largo. En concreto las colocó en un nuevo soporte compuesto por unas telas, un tablero de madera y un bastidor, como explica a Levante-EMV la restauradora y profesora de esta disciplina de la Universitat Politècnica de València (UPV), Lucía Bosch Roig.
Estas obras fueron depositadas en el Museo de Bellas Artes San Pío V y, desde allí, llegaron a viajar a Sagunt en 1979 para una exposición temporal, como se recoge en el número 16 de la revista Arse del Centro Arqueológico saguntino. Ya el 26 de enero de 2022 se trasladaron a los almacenes de Patrimonio Artístico de la Diputación de València, donde continúan hoy sin haber recibido más tratamiento.
Relevancia
A la hora de explicar la relevancia de esta obra, la profesora Lucía Bosch es clara. «Estamos hablando de una pintura que pertenecía a un edificio emblemático, en uno de los caminos principales de la ciudad. Forma parte de la historia local y devolverla a Sagunt supondría poner en valor el patrimonio de la ciudad, darlo a conocer a sus vecinos y garantizar que no continúe deteriorándose en un almacén. Su exposición, con las condiciones de conservación adecuadas, permitiría tanto proteger la obra como reforzar la identidad cultural de la comarca».
Tras analizar todo el trabajo que realizó el restaurador Luis Roig y plasmarlo en el número 71 de la revista Braçal, que edita el Centre d’Estudis del Camp de Morvedre, la especialista afirma que los bombardeos de 1938 dejaron grandes lagunas y pérdidas, al mismo tiempo que revelaron el mural oculto. «La metralla hizo que parte de esa capa de cal se desprendiera, dejando ver fragmentos decorativos, pero a la vez provocando enormes daños. El arranque fue la mejor solución para salvar lo que quedaba, aunque la propia técnica de extracción supuso un estrés añadido que también generó pérdidas. Los traslados posteriores y el almacenamiento en diferentes lugares pudieron influir en su estado, aunque no tenemos datos precisos para valorar su impacto», recuerda la también nieta del restaurador original.
Petición sin respuesta
Ante el valor de las piezas, el alcalde, Darío Moreno, pidió su cesión al presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, en la reunión que mantuvieron a finales del pasado mes de junio. Aquella demanda sigue a la espera de respuesta, como han confirmado fuentes municipales, a pesar de que el ayuntamiento se ofreció a asumir el coste de la restauración y encontrar un lugar de exposición.
El presidente del Centre d’Estudis del Camp de Morvedre, Lluís Alcaide, también reivindica tanto una intervención urgente como esa cesión que cerraría un círculo histórico y simbólico: El regreso de un patrimonio oculto que aún espera recuperar su lugar en la memoria colectiva de Morvedre.
El reto de restaurarlas de nuevo
La posible intervención en estas pinturas murales arrancadas con strappo en Sagunt hace casi 80 años, la restauradora y profesora Lucía Bosch Roig cree que esto supondría un reto añadido. “La técnica empleada fue muy adecuada en su momento, con materiales que hoy permiten trabajar sin demasiadas complicaciones. No obstante, antes de actuar sería imprescindible realizar estudios previos sobre la composición de esos materiales y el estado actual de la pintura. Además, el hecho de que ya no se conserve en su soporte original añade dificultad, porque para una correcta intervención debería separarse del soporte actual, lo que conlleva riesgos para la pintura”, afirma.
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