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El fallecimiento de Antonio Duato deja huella en el Port de Sagunt

Muchos aún recuerdan la etapa en la iglesia de Begoña de este defensor de "una Iglesia más compasiva y una sociedad más humana"

Antonio Duato

Antonio Duato / Archivo de Marita Macías

Mónica Arribas

Mónica Arribas

Sagunt

El reciente fallecimiento de Antonio Duato y Gomez-Novella ha dejado huella en el Port de Sagunt, donde muchos aún recuerdan su etapa de sacerdote desde que llegó a la parroquia de Begoña a finales de 1971 para convertirse en uno de esos curas que tanto respeto se ganaron en la población en aquellos años.

Su ascendencia de clase alta no le impidió tener un fuerte compromiso a nivel social y unas claras convicciones que le acercaron a "curas obreros" del Port de Sagunt como Juan Camarena y Pepe Fornés. Su apuesta por la libertad incluso le llevó a ser acusado, en los estertores del Franquismo, de "pronunciar frases y verter ideas que han sido consideradas como punibles" en sus misas; una situación que compartió con los párrocos de San José y San Pedro de aquel entonces -Sebastián Teresí y Francisco Albuixech- en ese duro 1975 en el que se produjeron los últimos fusilamientos franquistas.

También respaldó la cultura local y se granjeó buenas amistades entre los enamorados de cultivar el intelecto. Además, aunque la reconversión industrial le pilló ya lejos del Port, apoyó esa lucha sindical y vecinal.

Antonio Duato.

Antonio Duato. / Archivo Marita Macías

Formado en Sociología en Roma, además de tener estudios de Teología, Duato dejó una impronta clara. "Sacerdote primero y laico después, trabajó con firmeza por una Iglesia más evangélica, democrática y compasiva, y por una sociedad más decente, más justa y más humana. Nunca se doblegó ante las jerarquías cuando hubo de denunciar la resistencia al cambio de un cuerpo eclesiástico envejecido; apostó por una fe personal aprisionada por un sistema de creencias heredado. Tampoco cedió ante la corrección política ni ante los mecanismos inquisitoriales de la censura franquista. No se dejó seducir por el carrerismo eclesiástico, aunque fuera propuesto como obispo en la única consulta al clero realizada en la diócesis de Valencia tras el Concilio. Y tampoco buscó medallas ni honores, aunque la historia española tendría motivos para recordarle por su compromiso con la democratización, la laicidad y el deshielo del nacionalcatolicismo; la Comunidad Valenciana por su impulso a liderazgos éticos; y la Iglesia española por mantener encendido durante medio siglo el faro del pensamiento crítico y el diálogo cultural", dice de él el también sociólogo y teólogo Joaquín García Roca.

En esa trayectoria que le llevó a ser laico, ocupó todo tipo de responsabilidades, entre ellas, la dirección del Colegio de El Salvador de la Universidad de Salamanca (1969-1970). También de 1971 a 2020 fue director, secretario y editor de Iglesia Viva, "fundada para divulgar, encarnar y prolongar el Concilio en la realidad española", recuerda García Roca. Además, entre otras cosas, "creó la plataforma Atrio, impulsó el movimiento de Justicia y Paz y participó en la gestación de tres instituciones de honda raigambre valenciana: la Fundación ETNOR (1991), la Fundación Hugo Zárate (1994) y el Centro de Investigación Príncipe Felipe (2005)", añade.

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