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Sobre la exposición dedicada a María Moliner en el Puerto de Sagunto

Durante el acto de inauguración.

Durante el acto de inauguración. / Levante-EMV

Buenaventura Navarro Herráiz

Sagunt

Hace ya bastantes años, un pensamiento del profesor Emilio Lledó me golpeó la mente y no me quiso abandonar.

Decía este querido profesor: “Durante siglos, fueron los libros, los vencedores del carácter efímero de la vida. Por eso, también, fueron tachados, prohibidos, quemados, por los profesionales de la ignorancia y la mentira. Pero siguen vivos, tienen que seguir vivos, conservando la memoria y liberando y fomentando la inteligencia”.

Esas palabras las llevo unidas y vuelven a surgir al pensar en Doña María Moliner, una mujer excepcional que se desvivió por cultivarse y por extender la cultura, que crecieran las bibliotecas, que se poblaran de libros, que las palabras de cultura surcaran los pueblos y las ciudades, que se leyera cada vez más. Ese impulso vital nunca la abandonó de un modo u otro. Era la bondad de su corazón la que nos ofrecía esa pasión.

Y ello a pesar de los tiempos tan difíciles que le tocó vivir en su infancia y adolescencia, en palabras de su hijo Fernando: “La familia de mi madre pasaron tiempos muy difíciles, como de novela de Dickens”.

Cartel de la charla sobre María Moliner.

Cartel de la charla sobre María Moliner. / Aida Navarro

Por todo ello, por su trayectoria, las bibliotecas que creó, los libros que ayudó a difundir, el cariño con el que cobijó esos libros en época de guerra y tiempos muy convulsos, por ello debemos de recordarla también en este 125 aniversario…y en todos los que vengan luego.

Esta exposición dedicada a ella en el Puerto de Sagunto, a su familia, a las mujeres de su época que se comprometieron con la vida, y que nos entregaron tanto trabajo y afecto, será solamente un pequeño canto de amor y de reconocimiento a su memoria.

Una pequeña muestra de nuestra gratitud, por tanto, como nos ofrecieron.

Sea, pues, esta exposición un homenaje que les brindamos en el recuerdo a ellas, a María Moliner (por toda su obra, por su extraordinario diccionario) y a todas aquellas mujeres que tomaron las riendas de sus vidas entre sus manos y la quisieron dirigir hacia una sociedad mejor, más justa, más solidaria, más digna humanamente y muchísimo más culta.

Por ellas.

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