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María Moliner y la huella oculta que la unió al Port de Sagunt

El investigador Buenaventura Navarro rescata una etapa casi olvidada de la creadora del diccionario más ambicioso del siglo XX

Asistentes al acto de María Moliner.

Asistentes al acto de María Moliner. / Daniel Tortajada

María Badal

Port de Sagunt

El investigador Buenaventura Navarro ha reconstruido el itinerario vital de María Moliner, la intelectual aragonesa que "revolucionó la lexicografía española", con el Port de Sagunt. Lo ha hecho dentro de una conferencia enmarcada en el año de María Moliner celebrado por el ayuntamiento tras una propuesta de Inicativa Porteña que aprobó el pleno.

Navarro inició su intervención con un recuerdo personal: un niño en clase, la tiza, la pizarra, el maestro Don José. Ese gesto aparentemente normal ayudó a la fascinación por las palabras y las historias que le sirvió como puente emocional para introducir el tema central del acto: la pasión de María Moliner por la lectura, por la cultura y por el poder democratizador de los libros. Y lo hizo recuperando una cita de la propia Moliner, pronunciada en 1937 ante bibliotecarios: "Pensad tan solo en lo que sería nuestra España si (…) hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros.”

Del Aragón rural al Mediterráneo industrial

El repaso biográfico fue minucioso, desde su nacimiento en 1900 en Paniza (Zaragoza), su paso por Madrid, el abandono del padre embarcado en travesías transoceánicas, la unión férrea de la familia Moliner Ruiz, la influencia de la Institución Libre de Enseñanza y la precocidad de María, que con 12 años ya daba clases particulares para ayudar a su madre a sostener el hogar. Sin embargo, el momento más esperado de la charla llegó cuando Buenaventura llegó al capítulo de Port de Sagunt, territorio donde la familia Moliner dejó una huella mucho más intensa de lo que el imaginario colectivo recuerda.

Buenaventura Navarro, poco antes del inicio de la charla.

Buenaventura Navarro, poco antes del inicio de la charla. / Daniel Tortajada

El hermano mayor, Enrique Moliner, fue el primero en llegar. Licenciado en Ciencias y apasionado de la docencia, aterrizó, según las investigaciones, alrededor de 1920, "atraído por el gran proyecto industrial del Grupo Vasco Sota y por la efervescente vida formativa generada en torno a la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo", según aseguró Navarro. Pronto se integró en el Colegio Sota y Aznar y en la Escuela de Artes y Oficios, llegando a dirigir el centro situado en la Alameda, ya desaparecido. Según la investigación del ponente, los padrones de 1924 confirman su residencia en las casas de la compañía, rodeado de ingenieros y mandos de la siderúrgica, y el nacimiento de su hija en 1923 lo sitúa en Emilio Castelar nº4, en el edificio conocido como el antiguo hospital.

La familia se unió

Matilde, la hermana menor, vivió también en el Port para estudiar como alumna libre del Instituto General y Técnico de Valencia, examinándose entre 1921 y 1923. La propia María Moliner pasó temporadas en el municipio ayudando en las clases, formando parte de aquel temprano núcleo educativo portuario donde convivían alumnos obreros, hijos de técnicos y docentes entregados. Una entrevista del veterano Jesús Ocelin Uzaga, rescatada por Buenaventura, lo deja nítidamente dicho: “Enseñaban don Enrique, doña María y doña Matilde Moliner…”

El broche sentimental lo aporta un dato que sorprendió al público ya que era algo desconocido: "María Moliner contrajo matrimonio en Sagunt. La boda con Fernando Ramón Ferrando, catedrático de Física, se celebró el 5 de agosto de 1925 en la parroquia de Santa María", afirmó el estudioso. "Entonces el templo de Begoña aún no existía, y las misas se realizaban en el edificio de la Escuela de la Alameda, adaptado como capilla los domingos y festivos. Una postal muy distinta de la ciudad actual, pero clave para entender el vínculo de la lexicógrafa con este territorio", añadió.

Buenaventura Navarro, poco antes del inicio de la charla.

Buenaventura Navarro, poco antes del inicio de la charla. / Daniel Tortajada

Un legado que vuelve a casa

La conferencia culminó con un mensaje claro: "Es momento de recuperar la memoria portuaria y saguntina de María Moliner, reconocer la influencia que este enclave industrial tuvo en su trayectoria y poner en valor el papel que ella y sus hermanos jugaron en los primeros años formativos del Port", añadió el ponente.

Buenaventura lo resumió con una mezcla de admiración y justicia histórica: “Seguir los pasos de María es recoger la herencia de una mujer que dedicó su vida a la cultura, al diálogo y a la dignidad de las palabras. Y parte de ese camino pasa, queramos o no, por nuestro Port de Sagunt”, concluyó.

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