TRIBUNA
La patada a la sanidad pública

Ramón García. / Levante-EMV
Ramón García | Exconcejal de EUPV en Sagunt
Decir que el deterioro de la sanidad pública es un hecho incontestable, no creo que sorprenda a nadie, pero creo necesario recordarlo porque algún día tendremos que empezar a enderezar la situación.
Si comenzamos por la atención primaria, lograr una cita con la médica (en mi caso) es recorrer un itinerario Kafkiano, intento hacerlo por internet, imposible, la página de la Generalitat no responde, un día y otro y al siguiente sin estar operativa, llamo por teléfono como me recomiendan desde la misma página, nadie coge el teléfono, termino por ir en persona a solicitar cita al Centro de Salud, voy por la tarde porque por la mañana el servicio está “petado”, me atiende amablemente la muchacha que está en ventanilla, le explico la situación y le ruego que me dé cita para mi médica, y como la cosa más natural del mundo me pregunta: ¿telefónica?, me quedo perplejo, resulta que la cita previa la tengo que hacer presencial y la atención médica me ofrecen que la haga por teléfono. Le digo que la quiero presencial, y con la misma amabilidad me la da a 40 días vista, le digo que eso no puede ser y la muchacha rebusca en el ordenador y recorta el plazo a la mitad, para dentro de 20 días.
Esto es el pan nuestro de cada día, en 2018 en un artículo de Ferdinando Regalia, en El País, decía: ningún instrumento es capaz de sustituir el contacto humano y la comunicación entre médico y paciente. Y esta es una realidad especialmente cierta en lo que se refiere a la atención primaria. Por eso algunos especialistas dicen que: La silla, que nos permite sentarnos al lado del paciente, es el avance más importante de la medicina.
Esta filosofía ha saltado por los aires, y ha saltado, no por humanismo o eficiencia, sino por mercantilismo. Y en la atención especializada peor, las esperas se dilatan hasta extremos inaceptables.
Volar por los aires
¿Cuándo comenzó este deterioro?, hace pocas décadas desde algunas instancias del poder nos decían que debíamos ir pensando no ya en el estado del bienestar sino en el del bienpasar, y se hicieron cambios estructurales en la economía traumáticos, pero en sanidad el asunto se presentaba difícil, las privatizaciones de otros sectores en sanidad iban a paso muy lento. El empujón definitivo se dio con el mito de la pandemia del Covid. Se aprovechó la coyuntura para darle una patada a todo el sistema sanitario público y hacerlo volar por los aires sin que pudiera la población reaccionar ante los atropellos cometidos debido al estado de terror creado.
Y desde entonces todos los agentes sociales, desde partidos políticos, sindicatos, hasta asociaciones de vecinos, parece que seguimos en estado catatónico, viendo como se desmantela lo que considerábamos la joya de nuestras conquistas sociales y buscando la solución en un seguro médico privado que es a donde nos quieren conducir.
Lo que no sabemos es ¿hasta cuándo? Esto pinta mal y desde el gobierno, esté quien esté, está visto que no se va a corregir, el derribo controlado de la sanidad pública es una política de estado, a pesar de la verborrea que emplean algunas o algunos miembros del gobierno actual. Les interesa más que estemos pendientes de si Mazón estaba en tal o cual esquina a tal o cual hora, que en solucionar los retrasos en los diagnósticos e intervenciones quirúrgicas que salvarían muchísimas vidas.
Pero esta situación no es inexorable, siempre en estos casos hay un reacción por parte de la población que invierte esta dinámica, habrá que ponerse pronto manos a la obra porque se nos van acumulando los problemas: sanidad, vivienda, enseñanza, salarios …y los tambores de guerra.
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