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Así fue la subasta de la Semana Santa Saguntina tras el nuevo veto a las mujeres

El tradicional acto acabó con menos recaudación que el año anterior

Un momento de la subasta.

Un momento de la subasta. / Levante-EMV

Mónica Arribas

Mónica Arribas

Sagunt

La Semana Santa Saguntina desveló este domingo, tras el nuevo veto a la entrada de mujeres, qué grupo de cofrades jugará un papel destacado en el Via Crucis que se hace de madrugada el Viernes Santo; un último acto que siempre congrega a miles de personas, por mucho que empiece a las 6 de la mañana.

Lo hizo con la tradicional subasta a las puertas de la ermita de la Sang protagonizada por la mayoralía encargada de organizar los actos de este año. Fue un momento marcado por la enorme expectación que había rodeado a la votación celebrada momentos antes en la junta general extraordinaria de la cofradía y que acabó prolongando el veto a la participación de las mujeres en la fiesta. Pero también por el hecho de que varias andas estaban fuera de la Ermita de la Sang, cubiertas con plásticos, en una medida impulsada por la junta de la cofradía para así ganar espacio en su interior y facilitar la asistencia a la asamblea.

Personas ante la ermita, a la espera de la votación.

Imagen donde se ven las andas tapadas. / Montesinos.

La Mayoralía de este año recaudó en total 960 euros durante la subasta que determinará quién se viste con los trajes de sayones que abren el paso al anda del Nazareno hasta el calvario, emulando a los antiguos soldados romanos; una comitiva encabezada siempre por el 'capità dels saions' y que sigue el ritmo que marca quien lleva el tambor, pues ese sonido es uno de los pocos que rompe el silencio de la noche y del alba para marcar todo el ascenso.

Un momento de la subasta

Un momento de la subasta / Levante-EMV

Varias pujas

Esa cantidad global es ligeramente inferior a la del año pasado, cuando alcanzó los 1.000 euros. Aún así, los responsables de la organización de la Semana Santa de este año restan importancia a esa reducción y apelan a que, como cada año, ha habido mayoralías que han pujado para llevar tanto los trajes de los sayones, o 'de romanos' como se les conoce en la ciudad, el del Capitán, y por último, el más codiciado, el tambor que debe acabar rompiéndose una vez concluya la ascensión del Nazareno.

El clavario del año, Gonzalo Escrig, fue el encargado de cerrar las diferentes pujas, después de no faltar a la tradición obligatoria de cantar "cavallers s’animen o què?", con la que los mayorales instan a los cofrades a participar en las pujas abiertas. Las subastas se cerraron cantando a la de tres con 550 euros para "portar, tocar i trencar el tambor", 250 por el traje de los sayones y 160 por el de Capitán.

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