TRIBUNA
Tradiciones

José María López Barquero. / Levante-EMV
José Mª López Barquero
Es de sobra conocido que la mayoría de los miembros de la Cofradía de la Sang de Sagunto han decidido, mayoritariamente y por tercera vez, que las mujeres no puedan ingresar en la institución. Resulta llamativo que los cofrades ausentes de la junta general fueran seis veces más numerosos que los que votaron a favor. El argumento de la ‘tradición’ se cae por su propio peso, a tenor de los paulatinos cambios que se han venido produciendo en nuestra sociedad, respecto a las tradiciones más arraigadas de nuestro país. Relatarlas rebasaría con creces la pretensión del artículo, pero acuérdense del zamorano Manganeses de la Polvorosa, pueblo que lanzaba la cabra desde el campanario, el «Salto de la cabra» lo llamaban ellos, eufemísticamente. Más recientemente, el toro de la Vega, en Tordesillas. Todo muy medieval.
Lo de la tradición es solo una excusa, claro que sí, para esconder el verdadero motivo, me refiero a las actitudes machistas. No es la primera vez que escucho, ni será la última, que: “la Cofradía de la Sang ha sobrevivido durante más de cinco siglos porque en ella no se admiten a las mujeres”. Es inconcebible que en un municipio como Sagunto, declarado laico y acogido a la red de municipios laicos, como aprobó el pleno municipal hace años, las autoridades municipales participen o presidan, en representación de la institución, actos religiosos confesionales, pero con más motivo, todavía, los celebrados por una entidad que discrimina a las mujeres. Queda claro que, a título personal, como ciudadanos, son libres de participar.
Que el consistorio se implique, como lo hace, es, en mi opinión, un guiño electoral a los sectores más conservadores de nuestro municipio, sobre todo del núcleo de Sagunto, como lo fue con los rezos del Ave María y el Padrenuestro en el acto institucional y secular del 9 de Octubre de 2024. Inaudito. Que lo hagan las derechas no debe escandalizar a nadie, está en su ADN, pero que se haga desde posiciones, digamos, progresistas, es otro cantar. Por eso me parecieron acertadas y coherentes las declaraciones realizadas por Roberto Rovira, concejal de Esquerra Unida, en relación con estas cuestiones y que fueron publicadas en estas mismas páginas, aunque silenciadas en una mayoría de medios, así como de forma consciente, en otros ámbitos de nuestro municipio. Los cofrades no están por encima de la ley, no representan a las autoridades municipales ni a la ciudadanía, pero el alcalde y demás autoridades del consistorio sí, a creyentes y no creyentes, por tanto, deberían, al menos, cuidar las formas.

Así ha sido en Sagunt la procesión del Encuentro tras la polémica sobre el veto a las mujeres / Daniel Tortajada
Las tradiciones y la cultura son fundamentales, pues ofrecen un sentido de pertenencia en un mundo cada vez más globalizado y uniforme. No obstante, la realidad social, al avanzar, está en constante cambio y, por tanto, cuando las costumbres o tradiciones generan exclusión, discriminación y provocan división y conflicto entre diferentes sectores o colectivos de la sociedad, como es el caso que nos ocupa, deben evolucionar acorde a la realidad social y la legalidad vigente, como ha ocurrido en otros ámbitos de nuestra sociedad.
La Constitución Española, pese a sus numerosas carencias, sí contempla, en cambio, una serie de aspectos positivos innegables, con un régimen de libertades y derechos individuales y colectivos. De ellos destacaría la igualdad entre hombre y mujeres, que, por cierto, nadie otorgó ni regaló, sino que fue conquistada por una fuerte movilización social y, singularmente, de la clase obrera. Es decir, los derechos se conquistan y se defienden con coherencia y contundencia.

Daniel Tortajada
Justificar el voto, como han hecho la mayoría de los cofrades de Sagunt, apelando a costumbres o tradiciones, queda muy de otra época, significa seguir en el siglo XIX, anclados en un inmovilismo rancio y casposo, en un tiempo, felizmente superado, donde se trataba a las mujeres como seres dependientes del varón y les negaba el derecho a obrar como personas libres en todos los aspectos de su vida, pero no hace falta irse tan atrás, en tiempos de Franco también ocurría.
La participación inclusiva de las mujeres en estos ámbitos sigue siendo baja, pero, actualmente, hay mujeres que, ejerciendo su derecho individual y superando todo tipo de resistencias e incomprensiones, se han abierto paso en las últimas décadas para participar junto a los hombres en numerosas cofradías de nuestro país. Sin ir muy lejos, en el núcleo del Puerto no existe el veto a la participación de las mujeres que lo deseen. ¿Alguien piensa que si el argumento fuera la tradición, se habría elegido la primera mujer obispo de Canterbury en la Iglesia Anglicana después de 1400 años, donde eran solo hombres? Háganselo mirar.
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