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Entrevista

Antoni Gómez: "Mi nuevo libro está dedicado a las víctimas de la dana"

El periodista presentará en breve en Sagunt y València su particular bitácora por Japón

Un viaje por Japón tras la tragedia de la dana le llevó a escribir su último libro que en breve presenta en Sagunt

Antoni Gómez, escritor y periodista.

Antoni Gómez, escritor y periodista. / Daniel Tortajada

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Patricia Granell

Sagunt

El periodista y escritor Antoni Gómez invita a recorrer Japón en su último libro, "Pregaré per vosaltres sota el cel de Tòquio". Lo hace con una mirada que huye de lo estrictamente turístico para reflejar el impacto emocional de la tragedia de la dana y hacer una reflexión sobre la condición humana a partir de una inmersión en la dualidad de un país que oscila entre la modernidad y la espiritualidad ancestral. El escritor saguntino presentará esa particular 'bitácora' este próximo martes 19 de mayo, a las 19 horas, en el Aula 2 del Centro Cultural Mario Monreal de Sagunt. Lo hará junto a dos referentes de Compromís, el síndic en les Corts, Joan Baldoví, y el filólogo pero también exalcalde de Sagunt Quico Fernández. Solo un día después y a la misma hora, hará la puesta de largo en Octubre Centre de Cultura Contemporània de València junto a los escritores Alfons Cervera y Toni Mollà.

¿Qué le llevo a escribir sobre Tokio?

—No es un libro que tenía pensado, en absoluto. Surgió de imprevisto, sin esperarlo. El motivo fue un viaje turístico a Japón. En Kioto, durante la visita a uno de los templos sintoístas más antiguos de la ciudad, el de Shimogamo-jinja, vi a un grupo de niños en una excursión escolar que, de repente, me recordaron a los niños que murieron por la dana, arrastrados por el tsunami de agua y fango. El viaje lo hice un mes después del fatídico 29 de octubre del 2024. Entonces, sin poder controlarlo, me deprimí mucho, el mundo se vino abajo. Y un dolor indescriptible, que padecí discretamente, me corroía por dentro. A partir de este momento, las víctimas de la dana no se fueron de mi pensamiento a lo largo de todo el recorrido. Hay que tener en cuenta que la dana ha sido y será una de las tragedias más sangrantes del siglo XXI que ha sufrido Valencia. Sobre todo porque nadie, absolutamente nadie, estaba libre de convertirse en víctima: niños, hombres, mujeres, ancianos, mascotas…Y para colmo de males, la negligencia criminal, francamente repugnante, que tanto asco me produce, de los responsables políticos de coordinar las emergencias, que no avisaron cuando debían, con el presidente de la Generalitat al frente de toda la responsabilidad, ética, humana, y consecuente con su cargo. Por todo esto el libro está dedicado a las víctimas de la dana.

—¿Qué es lo que más le impactó de Japón y como lo ha plasmado en su libro?

—No diré nada nuevo si digo que Japón es un país extraordinario, sin lugar a dudas, con sus cosas positivas y sus contradicciones, como cualquier otro. A grandes rasgos, muy occidentalizado, sobre todo a partir de la colonización cultural americana después de la Segunda Guerra Mundial, y el fenómeno espectacular del turismo y la globalización, que lo han convertido en un país de moda. Ahora bien, a pesar de todo, conservan evidentemente su idiosincrasia peculiar, su manera de ver el mundo y la vida en sociedad.

Más allá de los tópicos culturales, las geishas y los samuráis, y el sushi, etcétera, es un país con un problema muy grave por la incapacidad de asistir a las personas mayores, es el país más envejecido del mundo, lo que conlleva la soledad y en ocasiones la incomunicación y el aislamiento.

Antoni Gómez.

Antoni Gómez. / Tortajada

—¿Qué es lo que más le llamó la atención?

—En mi libro hay anotaciones de viaje, desde luego, sus templos sintoístas y budistas, las dos religiones oficiales, son bellísimos, vale la pena visitar. Y sus ciudades, y sus parques, y su cuidado ambiente urbano y natural. Y en general, el respeto y la amabilidad, pero cuidado, este es un terreno subjetivo y resbaladizo. No me gustan los tópicos. Pero no pretendo sentar cátedra, no soy un experto ni mucho menos, lo único que he pretendido es ser honesto con mis reflexiones y mis impresiones culturales y literarias como escritor.

En este sentido, el libro también puede interpretarse como una reflexión sobre la condición humana en la actualidad y valores tan importantes como la memoria, la verdad, la belleza, o incluso la mezquindad, en un mundo donde el valor mercantil, el poder, cualquier tipo de poder, y el dinero, domina todas las esferas sociales.

—¿Hasta qué punto todo lo que cuenta es real? ¿Hay reconstrucción literaria?

—El libro también cuenta muchas cosas de mi biografía íntima, de mi educación personal y sentimental. Lo que sucede es que en este caso he optado en algún caso por un tono un poco más irónico, un poco más paródico, me divertía hacerlo así. Aunque todo lo que cuento es esencialmente cierto, y en todo caso muy honesto, recurro en ocasiones a la reconstrucción literaria, por supuesto, incluso a la imaginación; no he pretendido escribir un libro testimonial, en absoluto, incluso este tipo de libros tienen también partes reconstruidas por la memoria, que es subjetiva.

Ahora bien, todas las referencias relativas a Japón, o los retazos literarios, o los paisajes culturales, son episodios basados directamente en mi propia experiencia o en determinadas fuentes contrastadas, claro. En cierto sentido, la obra es el reflejo de la experiencia crítica del periodista comprometido y el tono lírico y profundo del poeta.

—¿Cree que el lector va a trasladarse a Japón a través de la lectura?

—No lo sé, me gustaría. El libro está bien documentado, desde luego. Lo que a mi me gustaría es que el lector/a empatizara con todo el cúmulo de experiencias y emociones que describo a lo largo de los diferentes capítulos. Desde la deconstrucción de los mitos de cartón/piedra en que ha convertido Hollywood y la industria cultural del dinero determinados emblemas culturales japoneses, como los samuráis, los ninjas o las geishas, hasta los capítulos con más carga emocional, como las víctimas de Hiroshima y, en general, todas las víctimas inocentes del poder de la fuerza, como decía Simone Weil, o de la negligencia criminal, como en el caso de la dana.


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